Mar 07

Por fin

Suena la sirena. Tienes que entrar un día más en clase. Ves a tus compañeros pasar por la puerta del edificio, pero tú esperas un poco, no pasas con ellos. Sólo caminas hacia la puerta del colegio cuando ya han entrado todos. Más de una vez te has llevado una bronca de algún profesor por llegar tarde, pero hoy es difícil que pase. Es, por fin, el último día de clase. En tres meses empezarás el instituto. Llevas años esperando este día, y este último año se estaba empezando a convertir en interminable, en un agujero negro del tiempo. Pero por fin, sólo unas horas más y ya habrá terminado. Llevas ya tiempo repitiendo el mantra. Sólo un mes más, sólo una semana más, sólo un par de días más. La cuenta atrás llega hoy a su fin.

Es probable que la mañana de clases no sea más que recoger las notas y poco tiempo después acabe. Es más que seguro que podrás volver a casa pronto. Por la tarde los profesores han preparado una especie de fiesta para todas las clases de tu curso, a modo de despedida. Pero ya has decidido que no vas a ir. Lo decidiste en el mismo instante en el que dijeron que no iba a ser obligatoria. “Sólo un día más” te vuelves a repetir cuando cruzas la puerta de clase.
Te sientas en tu sitio. El tutor aún no ha llegado y todo el mundo está fuera de sus pupitres, hablando, contándose que van a hacer en verano, quedando para ir algún día al centro comercial o preguntándose si coincidirán en el instituto.
fighting
“Eh, empollón”, escuchas un grito desde el otro lado de la clase. Es Ricky, por supuesto. Te reprochas no haber llegado lo suficientemente tarde. Ves como se acerca a ti con una sonrisa. “Tú, gordo, gordo, ¿a que instituto vas a ir al final?”. Agachas la cabeza y notas como se te acelera la respiración. Cuando Ricky llega a tu lado, sientes su mano con fuerza en tu cuello. Notas la mirada de todos tus compañeros. “Respóndeme cuando te hablo, gordo gilipollas”. Consigues, no sin esfuerzo, arrancar tu voz.

– Al Lope de Vega… – dices, aunque no estás seguro de que tu voz se haya escuchado fuera de tu cabeza, como a veces te pasa cuando estás tan nervioso.
– Joder, que hijoputa, voy a tener que buscarme otro pardillo para copiarme de sus deberes.
Ricky termina su frase dándote otra colleja. Sigues con la mirada dirigida al suelo, pero escuchas a tus compañeros reírse y sabes que alguno de ellos estará señalándote. Ricky se da la vuelta y vuelve al otro lado de la clase riéndose, y tu respiras aliviado. Un rato más y podrás irte de ahí para no volver nunca.

No ha sido fácil conseguir poder escapar de las garras de semejantes despojos humanos. Sobretodo de Ricky. Siempre has sido muy observador y siempre escuchas cosas interesantes mientras la gente no sabe que estás ahí. Pero te costó poder captar una conversación en la que Ricky dijera claramente que institutos había solicitado en su preinscripción. Pero al final lo conseguiste y así hiciste la tuya, eligiendo un orden de preferencia totalmente opuesto al de Ricky, para maximizar la posibilidades de no acabar a su lado durante mínimo, otros cuatro años más. Cuando te buscaste en las listas de admitidos en cada instituto, tu corazón se aceleró mucho más de lo normal desde el momento en el que te encontraste en la lista y hasta el momento que conseguiste deducir que Ricky no estaba en la misma. Entonces respiraste aliviado. Tal fue el alivio que te mareaste y tuviste que sentarte allí, en la puerta del instituto. Y tanta fue la suerte, que parecía que no ibas a coincidir en el instituto con casi ninguno de tus actuales compañeros. Aquel día fue el más feliz de tu vida.

Pero aún te queda superar este último día. Un rato más. Tranquilo, ahora llegará el profesor, os contará cuatro cosas y dentro de poco podrás echar a correr sin mirar atrás.
Cuando llega Javier, tu tutor, todo se silencia y tus compañeros se colocan en sus pupitres. Ya estás a salvo.

Se suceden un desfile de profesores hablándoos de como será el instituto y de lo importante que será en vuestras vidas y deseándoos mucha suerte y blablabla. Apenas logras escuchar a ninguno de la emoción. Tus notas como siempre han sido excelentes, pero es lo que menos te importa. Quieres salir de allí lo antes posible.
Finalmente llega la hora del recreo, o lo que sería la hora del recreo de un día normal. Pero hoy os dejan marchar a casa. Metes el papel con las notas en la mochila lo más rápido que puedes. Por fin, ya llegó, el momento en el que jamás volverás a ver las caras a los bastardos de tu clase.

Te levantas y te diriges hacia la puerta de la clase, pero una mano agarra tu hombro. Es Ricky. Sabiás que algo así podía pasar. Intentas forcejear para librarte del agarre, pero delante tuya se ha colocado el séquito de Ricky. Sus tres colegones en los que siempre se ha apoyado para creerse superior. Ves como el resto de la clase sale por la puerta sin siquiera reparar en ti o, lo más probable, haciendo como que no repara en ti. Uno de los bastardos que te impide la salida, cierra la puerta cuando el resto de compañeros ha salido.
“¡Dejadme en paz!” te escuchas gritar, aunque de nuevo no sabes si aquella voz se ha quedado sólo en tu cabeza. Intentas gritar no ya para que te dejen, si no para lograr que algún profesor que vaya andando por el pasillo logre escucharte. Pero no parece dar resultado. Nunca lo ha dado.

– Mira, mejor te callas, si solo queremos despedirnos de ti. Te metemos en el armario y cuando nos vayamos, pues ya podrás salir. ¿Ves? Si es solo eso, una despedida.

Escuchas como Ricky te habla como un viejo amigo. No es la primera vez, siempre ha tratado de manipularte. Hasta hace no más de un par de años atrás, lo conseguía. Te insultaba y te pegaba para luego invitarte a los recreativos o a jugar al balón, y tu creías entonces que aquello era normal. Pero hace ya tiempo que aprendiste a no hacer caso, que era mejor estar solo y sin amigos a que te maltrataran para sentirte parte de algo. Fue entonces cuando la violencia repuntó. Pero nunca te echaste atrás. Tampoco se lo dijiste a tus padres ni a tus profesores, porque pensabas que entonces sería peor. La única salida era este día, el último de colegio. Pero parece que no te lo van a poner fácil.
Ahora te sujetan entre los tres bastardos, y notas como en el forcejeo tu cara se pone roja. Intentas zafarte de ellos, pero son tres y te pueden. Ricky se ríe y dice que es más fácil si te metes tu solito en el armario, que entonces te dejarán en paz.

Te sorprendes gritando que más les vale dejarte. Esta vez si tienes claro que tu voz se ha escuchado porque la respuesta de Ricky es inmediata, “¿Eso es una amenaza?”. Uno de sus adláteres se ríe señalándote, “Mira el puto gordo, se ha puesto rojo, parece un cerdo”.
Ricky te coge de la camiseta y empieza a tirar de ti hacia el armario, mientras los otros tres te empujan agarrándote de los brazos. El gran armario verde para dejar los abrigos en clase, ahora vacío, es donde quieren meterte. Pero no les vas a dejar, esto se ha terminado.
“Vale ya”, un grito agudo, gutural, sale de tu pecho a la vez que te zafas de los brazos de los amiguitos de Ricky. Ya sólo te agarra Ricky por la camiseta, y notas como si tus venas llevasen fuego por dentro, como si tu cabeza estuviera a punto de estallar. Te quedas parado un par de segundos. Tu cara y el último grito que has dado han debido de dar miedo, porque Ricky ha dejado de reírse y ahora su cara tiene una expresión que parece de miedo. Sigue agarrando tu camiseta por el pecho, pero se ha quedado congelado.

De repente, después de un par de segundos, Ricky levanta un puño amenazante, pero esta vez no te estás quieto. Sólo quieres irte a tu casa, y no quieres recibir ni un solo golpe más. Eres más rápido que Ricky y consigues empujarlo dándole con tus dos puños a la vez en su pecho. Ricky da dos pasos rápidos hacia atrás a causa del empujón-puñetazo y empieza a caer de espaldas. Su cabeza golpea contra la esquina de un pupitre y acto seguido Ricky cae al suelo.
Aprovechas para salir corriendo. Sales de clase, del colegio, y corres hasta tu casa. Pasas rápido hasta tu habitación, con lágrimas en los ojos. Tu madre te pregunta que es lo que pasa, pero tu no dices nada. Cree que es por las notas y le gritas que no y le enseñas el papel con todo sobresalientes. Ella te pregunta una y otra vez, pero no sabes que decir. Pasado un rato, alguien llama a la puerta y tu madre va a ver quien es.

“Pero… pero… ¿Qué has hecho?” escuchas balbucear a tu madre. “La policía… ha venido y dicen que…” escuchas como su voz se rompe, y tu empiezas a llorar, sonriendo.
Por fin ha acabado todo, para siempre.

Ene 18

El movimiento infinito (pongamos que ando por Madrid)

Hace frío, mucho frío, pero aún así las luces anaranjadas de las farolas se reflejan en el brillo de mi frente. Hace una hora que he salido de trabajar, y me queda casi otra hora y media para llegar a casa. Y me da igual. Cuando sientes que has perdido todo (enfatizo el “sientes”, que no quiere decir que lo haya perdido de verdad) y que el tiempo no es más que otra variable que hay que dejar pasar hasta que en algún momento llegue a una vía cerrada, ocuparlo en moverse de un lado a otro, de la forma más lenta posible, no es tan mala idea.

No tengo nada mejor que hacer, ninguna prisa en llegar a casa para encontrarme otra noche más con mi devota soledad. Llegar a un lugar que por alguna razón ya no puedo llamar hogar.
Andar desde el punto X hasta el punto Y durante casi tres horas, escuchando un programa de radio o algún disco, tampoco es que vaya a llenar ese vacío, pero desde luego que hace que olvide que me espera acechante en las sábanas heladas. Andar se está convirtiendo, poco a poco, en mi única casa.

Madrid

Es bonito andar por el Madrid en el que no pasean los curiosos con cámaras de fotos, en el que aún no ha llegado la burbuja de los apartamentos turísticos. El Madrid que aparece en las plazas con viejos sentados apoyados sobre su bastón, al lado de las bolsas de la compra hecha en el mercado del barrio, el Madrid de niños volando en columpios, ese Madrid en el que la gente se conoce y se saluda cuando se encuentra por la calle, ese en el que las cafeterías no son gastrobares y las barbas se ven sólo en la gente que le da pereza afeitarse. Ese Madrid que parece que ya no existe cuando te mueves por el centro, el Madrid agazapado intentando que no le veamos los que no somos autóctonos, para que no le pervirtamos la esencia.

Aún hay gente que ríe, que va de la mano, niños que juegan despreocupados, padres que van a un mercado donde no hay ningún puesto de cerveza artesanal ni de sushi.
La gente parece feliz en ese Madrid guardado de los ritmos infernales del centro. Y mientras, yo sigo andando para regresar a mi estudio de soltero en el centro, a mi nevera con media lechuga y una lata abierta de maíz, a los libros que ya no caben en la estantería repartidos por todos lados, al termo de agua caliente que no permite más de cinco minutos de ducha, al congelador atestado de sobras, al desorden que no soy capaz de adecentar.

Sólo unos pasos más y podré regresar a mi vida de cómodas raciones individuales, donde podré cenar solo una vez más, viendo la última serie de moda, donde recordaré que no necesito a nadie, que ya no necesito nada. Y me olvidaré de Madrid, mas nunca me olvidaré de andar, para poder descubrirlo cada día.

Dic 30

Recapitulando

Otro fin de año incierto, una fecha completamente arbitraria, (más aún cuando toda nuestra vida tiende a reiniciarse en verano) y en la que a pesar de acabar siendo un tiempo totalmente continuista, todos acabamos haciendo repaso y propósitos.
Este ha sido posiblemente el año más intenso de mi vida. Más intenso y probablemente el más raro.
New Years Eve 013
He vivido, sin duda, muchas cosas. Quizá hasta demasiadas y, sin embargo, tengo la sensación de haber desperdiciado un poco el tiempo.
A mi alrededor muchos nacimientos, lo que es bastante normal a mi edad. Pero también una muerte inesperada que ha dejado un regusto demasiado amargo, una sensación de injusticia en la vida. Tanto que en mi cabeza aún me cuesta pensar que no le voy a ver nunca más. Es como si mi cabeza me dijese que eso no es posible.
Este año se ha caracterizado, más que por cualquier otra cosa, por ser el año en el que me he hecho viejo de golpe. En los múltiples festivales a los que he asistido ha quedado patente que ya no soy el que era y va siendo hora de aceptarlo de una vez. Mi cuerpo ya no aguanta lo que sea como aguantaba antes, y ahora necesita descanso mucho más a menudo. Emocionalmente también, mi cerebro necesita descansar cuando se satura, pero esto es más difícil de explicar cuando pasa, así que es mejor achacarlo todo a lo físico.
He tenido demasiadas citas fallidas, demasiado ridículo público y me han hecho ghosting, y aunque antes lo negaba, estoy preparado para admitir que es mi culpa. Y ya ha empezado a darme igual, aún con momentos de pensar que estaría muy bien sentirse querido, luego leo sobre teorías del amor romántico y se me pasa. Poco a poco pero se me pasa.
He asistido a más conciertos de los que podía imaginar, y aunque la mayoría han sido sin compañía, esto es posiblemente lo que más feliz me haya hecho a lo largo del año.
He conocido muy poca gente comparado con toda la gente que conocí en 2015.
He pasado más tiempo solo del que podía pensar que quería pasar, he tenido demasiado tiempo para pensar y he pensado demasiado poco. Me he emborrachado demasiadas veces. Y he llegado a la conclusión de que es mejor que no lo haga más porque no me gustan las conexiones que hace mi cerebro estando alcoholizado.
He cambiado de puesto de trabajo, que se suponía iba a ir a mejor, y me ha dejado en la incertidumbre más absoluta para terminar el año.
Hemos tenido que cerrar la editorial en la que tanta ilusión teníamos puesta, y hemos dado la razón a todos esos que nos llamaban locos hace más de un año. He evitado las preguntas sobre el tema porque he visto lo que quería ser y se me ha escapado entre los dedos como arena de playa, y no soy capaz de explicarlo sin sentirme muy vacío. He comprendido que lo de “haz lo que amas” y “trabaja en lo que te gusta” es una auténtica patraña. Trabaja el menor tiempo posible por el mayor dinero posible, mientras más dinero mejor, que es lo que hace falta para vivir. Y luego ya haz lo que te apetezca el resto del tiempo, y si algo de eso que tanto amas te acaba solucionando la vida, pues guay. Perseguir lo sueños esta bonito para ponerlo en una taza, pero ten cuidado porque puedes acabar hecho mierda cuando no lo consigas. Y las consecuencias no son bonitas.
Post nochevieja
He perdido el contacto con mucha gente, como pasa todos los años, y no por estar normalizado es menos triste cuando pienso en ello.
He aprendido mucho. He leído sobre temas que antes me la sudaban, feminismo, clasismo, capacitismo, racismo… y he de decir que mis formas de pensar han cambiado radicalmente. Sobretodo con temas de feminismo, hasta tal punto de tener discusiones muy, muy acaloradas y bastante incómodas para alguien que, como a mi, no le gusta discutir ni un poquito.
Sumando las cosas buenas y restando las malas, al final queda un resultado completamente indiferente. Hace años decía que eso era lo peor que me podía pasar, que prefería estar triste a estar indiferente. Que o alegre o triste, pero que la indiferencia era una mierda. En eso también he cambiado. La indiferencia ya no suena tan mal. Desde luego, es mejor que verse en una montaña rusa continua. Trabajar, tener dinero para tus cosas, echarse unas cervezas e imaginar amores imposibles perdiéndose entre los dedos. Al final, se ve, que no necesito nada más.

Fitter, Happier, More Productive – Radiohead from Kapow on Vimeo.

Dic 10

En la soledad de un hotel cualquiera

Son muchos años ya viviendo solo (en el sentido de no compartir piso) y más o menos desde que empecé a ser completamente independiente, decidí que nunca dejaría de hacer nada que quisiera hacer por no tener compañía para ello. Me había perdido muchas cosas por tener miedo de hacer cosas solo, con ese pensamiento del “que dirán” (que al final nadie dice nada). Empecé por algún concierto, por ir al cine solo, algún paseo solitario acompañado por unos cascos y buena música… y después de unos años he ido a tantos conciertos y películas sin compañía que se han convertido en la mayoría.
Loneliness
Hasta he llegado a irme a festivales solo, con sus tres días y su acampada. He de decir, que hay quien piensa que bueno, que no es para tanto. Suele ser gente sociable que no le cuesta relacionarse con desconocidos y que no ve tanto drama porque bueno “a alguien acabas conociendo”. No es mi caso, si voy solo normalmente acabo solo, y si no es así, desde luego que no ha sido por mi iniciativa.

Un día me di cuenta de que todo esto estaba muy bien pero me faltaba la última frontera, viajar solo. Y así empecé, poco a poco, yendo a sitios que ya conocía y luego un poquito más lejos y otro poco más lejos, hasta acabar en la otra punta del mundo.

Todo esto ha sido tan poco a poco, pasito a pasito, que hasta que no lo he pensado fríamente no me he dado cuenta de uno de los efectos secundarios. Ahora, cada vez que estoy rodeado de gente durante tiempo prolongado, necesito más espacio para estar solo, necesito mis ratos de soledad y desconexión. Y así, casi sin avisar, aparece un miedo en el pecho en una forma que nunca se había presentado.

Tengo miedo de apartarme tanto de todo el mundo que no pueda volver a disfrutar de nada en compañía, de no poder volver a tener una relación, de repudiar una conversación larga. Cada vez en más situaciones, si puedo elegir, elijo estar solo.

He salido huyendo de cualquier persona que quisiera entrar en mi vida y que no estuviera ya de antes. Antes de hacer cualquier cosa, calculo cuando creo que voy a poder quedarme solo con mis pensamientos. Si estoy con gente mucho tiempo, busco desesperadamente ratos en los que evadirme para estar conmigo mismo, o quizá para todo lo contrario, porque la verdad ya no tengo muy claro si soy más el personaje que está con la gente o el personaje solitario.

Tengo miedo porque la vida así, transcurre con total indiferencia (y siempre dije que la indiferencia es mucho peor que la tristeza). Y tengo miedo porque las mejores cosas que me han pasado a lo largo de mi vida, han sido siempre acompañado. Pero lo cierto es que tampoco me perdería ni una de las cosas que he hecho solo a lo largo de mi vida. Ni una.

Dic 01

Modelo de Respuesta Polar

Estaba “preparándome” la semana santa de 2015. Iba a ir al MBC Fest, en Sagunto. Empecé a configurar playlist escuchando a los artistas que no conocía de aquel festival, cuando de repente me topé con Modelo de Respuesta Polar. Ya habían aparecido por alguna playlist, e incluso me suena de verlos en el cartel de algún festival anterior, es decir, les había oído pero nunca me había parado a escucharles.
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Y súbitamente ¡bum! algo explotó en mi cabeza. Explorando los dos discos que tenían en aquel momento, llegó “Miedo” y algo hizo click en mi cabeza. Una sensación que pocas veces me ha pasado. Una sensación para la que me es difícil encontrar palabras. Lo más cerca que puedo estar de explicarlo es comparar con el “click” que hicieron en mi cabeza otras dos canciones en el pasado. En el pasado lejano puedo encontrar un leve recuerdo de una sensación parecida con “Inevitable” de Los Piratas, mucho, mucho tiempo atrás, cuando mi vida aún no estaba plagada de conciertos y de música. Y por otro lado, atentos a esto porque los que me conocéis sabéis que esto son palabras mayores. Ese es el “click”, el escalofrío, el quedarse con la cabeza borrosa durante un rato… que tuve al escuchar “Poema nº3” de Standstill.

Después de que mi cabeza me diera esas referencias, no pude más que escucharles compulsivamente y descubrir que de nuevo, por fin un grupo volvía a hablarme sobre mi mismo, más allá de la música.
Les vi por primera vez en aquel MBC y me confirmaron que lo que pasaba en los discos no era algo marginal. Ha habido más grupos, a lo largo del tiempo, que me han dejado un poquito sin aire pero que al verlos en directo, no me han dado ningún problema para recuperar la respiración y con el tiempo, olvidarme de ellos. Si en directo no me emocionan, sus discos terminan por aburrirme. Con Modelo me pasó lo contrario, me fliparon tanto que se convirtieron en unos regulares de mis viajes en metro, de mis noches de insomnio, de mis ratos de escribir (porque también me inspiran).

Por eso no dudé en participar cuando sacaron el crowdfunding de su nuevo trabajo, Dos Amigos. Tengo que confesar que con algo de miedo. Al fin y al cabo sólo tenían dos discos y muchos artistas, al llegar al tercero empiezan a secar lo que antes fue un mar de buenas ideas. Pero no fue así, al contrario. No sabría decir en que han mejorado pero lo han hecho.
El concierto de presentación fue abismal (quitando la gentuza que se pasó el concierto hablando a gritos). Y luego llegó algo que llevaba mucho esperando. La Plaza Del Trigo del Sonorama. Si alguien te emociona en directo, en la Plaza Del Trigo lo multiplicas por diez. Tanto, tanto, tanto, que mi tripa que no me dejó en paz en todo el día, me dio un respiro de una hora para poder disfrutarlos. Porque de nuevo aquello fue maravilloso, como cuando hace mucho mucho tiempo se presentaron allí Vetusta Morla o Izal. Con una diferencia, por aquel entonces aún no estaba extendido el mito de La Plaza Del Trigo como un escenario casi, podríamos decir, catapulta. Ahora en un Sonorama casi se espera más de la gente que toca en El Trigo que de quien toca en el escenario principal a las doce de la noche (va, venga, estoy exagerando pero justificadamente, para que me entendáis). Y aquello estaba abarrotado, para bien y para mal (mal porque no pude acercarme y estuve donde el sonido empieza a ser chungo). Varias personas me preguntaron sobre ellos, que no les conocían y querían saber su nombre, y al verme tan emocionado, debieron pensar, esa era una información que yo debía tener.
dosamics

Hace poco, publicaron en sus redes sociales que iban a grabar un concierto de Radio 3, por si alguien estaba interesado para ir como público. Estas grabaciones suelen ser por la mañana y entre semana por lo que desde que empecé a trabajar, no había podido asistir a ninguna (creo que la última fue Iván Ferreiro presentando Canciones para el tiempo y la distancia), pero me fijé que ellos grababan un viernes por la tarde. Me animé a ir y empezó una hora más tarde de la prevista. ¿Por qué os cuento este dato? Porque esto también dice mucho de ellos. Unos días después, tenía un email invitándome a su siguiente concierto en la Joy Eslava, como compensación por esa hora de retraso. Voy a recalcar que lo único que había que hacer para asistir a aquella grabación era mandar un email con tu nombre, no nos debían nada, pero aún así nos invitaron. Me parece un gesto muy revelador. El caso es que yo ya tenía entrada así que lo que pude hacer fue invitar a otra persona (y así por fin, ir acompañado a un concierto).

Y del concierto de la Joy, pues poco os puedo contar. Fue muy emocionante y muy bonito, hay muchas crónicas que seguro lo expresan mejor que yo, pero daba la sensación de estar presenciando algo grande, un hito en su carrera. Yo salí muy feliz y creo que no fui el único. Al igual que La Plaza Del Trigo, la Joy Eslava influye mucho, para mi sobretodo en su sitio muy especial por toda la gente que ha pasado por allí, y creo que es igual para mucha gente.

Por supuesto, aún habiendo hecho esa comparación de sensaciones con Los Piratas y Standstill, no puedo asegurar que se vayan a convertir en algo tan importante para mi como lo han sido esos dos grupos, porque eso es algo que dirán los años y los discos que tengan que venir, pero desde luego, si tuviera que apostar por un grupo, serían ellos. Ahora, nos toca esperar para ver como desarrollan su carrera.

Ahora van a girar de teloneros con Izal en sitios grandes y no me puedo alegrar más por ellos. Espero que sea un despegue para pasar a ser de esos habituales en los escenarios grandes de los festivales, y dejar de serlo en horarios donde el sol cae a plomo, como en el infame Neox, que casi me los pierdo porque era casi imposible llegar a aquel solar tan pronto.

Si sois de los que me hacéis caso en mis recomendaciones, aquí os dejo una lista con mis temas preferidos, y el enlace al concierto de Radio 3.

Concierto de Radio 3

Nov 12

Adiós, Leonard Cohen.

Me he pasado diez minutos buscando título para este post. Algo que resultase ingenioso y transmitiese la pena que empaña este día. Algo de sus canciones, un título, algún verso. Pero me es difícil concentrarme.

Leonard Cohen, Edinburgh Castle

Este año hemos perdido a Bowie y a Prince y no me entendáis mal, no voy a decir que uno u otro sea mejor o peor, más grande o más pequeño. Los tres han marcado la música actual de una manera o de otra. Pero aquí no os voy a hablar del legado musical o literario, esto no va a ser una oda al a vida y obra. Si queréis leer de eso, tenéis muchos artículos sesudos y obituarios de esos que tienen los periódicos preparados y van actualizando cada mes para estar preparado en caso de muerte prematura de un personaje famoso.

Yo sólo puedo hablar de sentimientos. Y si bien Prince y en mayor medida Bowie, me dio pena la noticia de sus muertes, no puedo comparar, pero ni por asomo, lo que he vivido hoy. De Bowie me gustaba mucho su música, de echo muchos recuerdos asaltaron mi mente con su muerte (el salón de casa de mis padres escuchando “Lets Dance” a toa poya, o el salón de los padres de una de mis mejores amigas viendo un dvd de videoclips de Bowie, por ejemplo), pero nunca conectó conmigo a un nivel como el de la música de Cohen.

No sé exactamente cuando fue, y no os voy a engañar con historias de “recuerdo perfectamente la primera vez que lo escuche blablabla”, pero el primer tema que escuche de Leonard Cohen fue entre los dieciséis y los diecinueve años. Y fue “Suzanne”. No recuerdo como fue, ni como o quién me lo descubrió (puedo imaginarlo, porque en aquella época la gente que me descubría música era muy poca) pero si recuerdo que sentí algo especial. Y que aquella canción me acompañó en muchos momentos de mi vida. Joder, que en aquella época yo era un jevi de las cavernas y lo de las emociones en la música que no fueran violencia, ira y rabia, me pillaba de sorpresa.

No es ningún secreto que siempre me ha costado expresar todo tipo de emociones y que siempre he utilizado la música para intentar explicarlas (aunque casi siempre sea como gritar en una montaña y recibir tu eco) y de repente Cohen entró fuerte en ese repertorio que me permitía expresarme al viento aunque sólo fue para intentar entenderme un poquito más a mi mismo. Hay gente que para conocerse a si mismo se va a la India, otros a Londres y otros nos conformamos con escuchar toda la música que podemos.

Lamento haber podido sólo verle una vez en directo. Fue en el año dos mil doce, cuando contaba con setenta y ocho años y en fin, los que me conocéis seguro que me habéis oído hablar de aquel concierto en más de una ocasión como uno de los mejores conciertos que he visto jamás en mi vida. En aquel momento, cuando compre las entradas, estaba en paro. Las entradas me costaron casi la mitad de lo que estaba cobrando de prestación. No fueron unos meses fáciles económicamente. No me voy a hacer la víctima, estaba viviendo con mis padres en aquel momento, tampoco me quede sin comer por comprar las entradas, pero tampoco pude darme ningún otro capricho en bastante tiempo. Pero si tuviera que decidir ahora… si hiciera falta comer arroz blanco seis meses con tal de vivir aquel concierto, lo haría.

No puedo expresar la felicidad de aquel concierto. No puedo contar con palabras lo que sentí aquella noche. Leonard Cohen nos regaló una parte de su vida, esa era la sensación al salir.

Y bueno, no puedo decir nada más porque ya me está costando recordar aquello.

Gracias, Leonard, por todo lo que nos has dejado. Ve a casa, con tu traje negro y tu sombrero, y olvida el dolor.

Sep 21

Filofobia

Typing
Abre un ojo, si bien todavía no entra luz por la ventana. No puede dormir más, aunque la realidad sea que no ha dormido nada. Empieza a escribir, aunque sabe que así no se puede empezar un relato. Que se acabe de levantar sólo sería pertinente si fuese relevante para la historia. Pero no lo es porque ya nada lo es, porque no hay historia. Sigue escribiendo un flujo de conciencia sin ningún fin, sin pretender que sea un relato.
Porque ya no hay relatos, ya no sabe que contar. Se pone un café y con la única luz de la pantalla del portátil sigue tecleando. Dos líneas para luego borrarlas para siempre. Una y otra vez. Al menos, se dice, el tiempo ha empeorado y puede echarse una mantita por encima, por fin. O mejor, poner el calefactor, sentir el aire caliente por las piernas, ese ronroneo de ventilador que le relaja hasta que incluso se siente capaz de volver a la cama.
Sin embargo eso sería muy tópico, quiere transmitir sensaciones pero el calefactor queda muy manido, o al menos eso le parece. Es algo que tiene la sensación de haber leído decenas de veces.
Alguien llama a su teléfono, pero no suena. Es la vibración contra la madera de la mesa de escritorio lo que distrae su atención, no hay sonido. De nuevo lo dejará vibrar hasta que se apaguen los deseos de la persona que está al otro lado. Para siempre. Esto tampoco es creíble, porque ha creado un ambiente de madrugada y quien le va a llamar a esas horas. Es más, ¿quién llama hoy en día? Pero confía en que el lector lo pase por alto o lo achaque al pacto de ficción. El lector no tiene porque saber que ya nadie le llama. ¿Y cómo va a mostrar que hay algo raro con sus relaciones si no es de esta manera? No se le ocurre otra forma.
Igual, como tantas otras veces, debería de haber cogido el teléfono. Podía ser la felicidad del otro lado, o al menos algo que llene un poco el vacío que le hace estar escribiendo de madrugada en lugar de dormir, pero para qué. Ya ha probado otras veces y sólo consigue hacer daño o hacerse daño. Es mejor dejarlo sonar.
Sigue sin convencerle lo del teléfono y lo borra, quizá sea mejor contar lo que siente, o lo que cree que siente en lugar de mostrarlo. Saltarse las reglas otra vez. Un flujo de conciencia en perfecta soledad, sin ningún tipo de interrupción, sin banda sonora siquiera. No será un buen texto pero al menos plasmará cosas que no sabe muy bien que son.
Si entrase un rayo de luna por una rendija, sería perfecto. Eso es, perfecto. Un rayo de luna se cuela por una rendija imposible de cerrar en la persiana destartalada de piso alquilado. Persiana vintange sería la descripción que le darían en una web de anuncios de pisos.
Ya deben ser las siete de la mañana casi, los vecinos se despiertan mutuamente con un polvo mañanero, como siempre. Y como siempre, le pillan despierto. Sabe que arruinará el clima cálido de soledad que está intentando crear, aunque tampoco es que lo haya conseguido. Quizá esa pareja insaciable al otro lado de la pared pueda venirle bien para explicar, entre gemido y gemido, porque ya ni siquiera busca sexo, para explicar como la filofobia le hace salir huyendo de cualquier mínima expresión de cariño. O quizá sea mejor obviar todo eso en el texto, al fin y al cabo, a nadie le va a importar.
Toma un sorbo de café, amargo, que se ha quedado frío. Pero le da igual. Bebe otro trago, frío. Ese líquido que debería subir la temperatura de su cuerpo produce el efecto contrario. Da igual, el café le gusta templado pero si tiene que elegir entre extremos, prefiere el café helado a que le hierva la lengua. Esa reflexión sobre el café si le ha quedado bien. Piensa que quizá debiera de borrar todo y empezar por ahí. Y a partir de ahí, seguir las reglas y no empezar a fliparse.
Pero no puede.
No puede porque está en la cama, mirando al techo, o quizá delante del ordenador con los dedos congelados sin saber que escribir, completamente en blanco, o puede que sea un sueño. ¿Acaso va a en el metro y está imaginando como se lo cuenta al señor que tiene al lado? Puede que lo esté escribiendo en una libreta en el banco de un parque. O está grabando sus idea en un audio en el baño de un avión. Pudiera ser que no exista y sólo sea producto de una imaginación demasiado pobre ¿Acaso es él el personaje o el escritor? ¿O ninguno?

Sep 06

Colaboremos con el Absurdo

No es ningún secreto mi opinión sobre como estamos devaluando la cultura, consciente o inconscientemente. Lo deje bastante claro en el post sobre el cierre de Editorial Argonautas.

Pero en el apoyo en la cultura, como en el amor o la amistad, las palabras si no van acompañadas de acciones, están completamente vacías de significado. Cualquier persona que me conozca un poco sabe que mi inversión en cultura es muy grande, para algunos, hasta disparatada. No creo que sea más gasto del que otros tienen en (perdonad que repita de nuevo lo mismo que en el post de Argonautas) copas, televisiones grandes de la muerte con HD 3D y megapixeles de la ostia o cualquier otra cosa. Pero ahí esta el tema, gastarse mil euros al año en cultura es disparatado, pero gastarse cinco mil en un TV es normal.

No me lío más, últimamente a parte de libros, discos, conciertos y cine que ya sé que me van a gustar, he apoyado varios proyectos de crowdfunding, porque la cultura hay que apoyarla desde abajo. Y hoy os voy a hablar de un proyecto muy especial. De echo, de los que he participado en los últimos meses, el que más ilusión me hace que salga adelante.

Absurdamente teatral, presentación from Elena A.G on Vimeo.

El proyecto es Absurdamente Teatral, llevado a cabo por Elena A.G. y Pedro Fabelo. A Elena, si me seguís de hace tiempo, ya la conoceréis, ha sido durante dos años una de mis socias en la aventura de Argonautas. A Pedro no tengo el placer de conocerle (aún), ni he podido leer su obra en la que se basa esta adaptación al teatro, pero conociendo a Elena no me cabe duda de que me va a encantar (tanto obra, como autor, como adaptación).

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Sin más, os dejo el proyecto en Verkami para que podáis aportar, que ellos lo explican todo mucho mejor que yo. Además podréis conocer al resto de integrantes del equipo que hará posible que en unos meses se levante el telón y podamos disfrutar. Por mi parte, he aportado lo que he podido (entrada doble para el estreno, no vamos a andarnos con secretos), aunque espero que antes que termine el plazo tenga la posibilidad de aportar algo más.

Si alguna vez habéis confiado en mis consejos literarios y/o musicales, aportad y nos vemos en el estreno 🙂

Ago 01

De buses y canciones

Escuchar canciones mirando por la ventanilla de un autobús, un placer melancólico del que no se privarme. Y es que hay algo de ver pasar la vida en las ventanillas de un autobús, algo que no sólo te lleva de un sitio a otro físicamente. Es posible que no te des cuenta, es posible que hasta pasado un tiempo, incluso años, no sepas que ese trayecto hizo un click en tu vida que lo cambió todo.

Renault Citybus (Heuliez Bus GX317) - Altiservice / Saint-Lary-Soulan, ex RATP (Paris) n°1032

Los Planetas – La Copa De Europa

“Ahora pienso que no merece la pena,
arriesgarme traerá más problemas.
Así que elijo
lo que tengo más cerca.
Por lo menos tendré la certeza
de que existo,
de que puedo decidir,
de que elijo por mí,
sólo por mí.”

Deben de ser las cuatro o cinco de la mañana, estás llegando a la ciudad en la que viven tus padres. En el aleatorio de tu reproductor suena La Copa De Europa y de repente sufres una regresión. No sabes exactamente cuando pero tienes el recuerdo grabado a fuego, casi dos años antes, en ese mismo autobús, sonaba por tus auriculares esa misma canción. Y fue posiblemente la última vez que cogiste ese búho de vuelta a casa de tus padres. Hasta hoy. Has andado tanto camino en todos los aspectos de tu vida para acabar… en el mismo sitio, en la misma situación, sin notar siquiera el haber avanzado un poco siquiera. No lo sabes aún pero durante los próximos meses vas a ser presa de la inacción, del hastío, de la desgana y de una indiferencia que se va a expandir en tu vida como un virus del que no hay cura. Durante casi diez meses vivirás por inercia haciendo lo que se supone que tienes que hacer. Y es muy posible que esta sea la noche en que abandones, escuchando Los Planetas, y dándote cuenta de que todos tus esfuerzos y cambios de vida te han llevado al mismo punto en el que estabas, sin haber progresado, sin haber cambiado nada. Por supuesto, eso no es cierto, pero de eso no te darás cuenta hoy. Quizá si hubiera sido otra canción la que el algoritmo del reproductor hubiera elegido, sólo quizá, podrías aprovechar los meses que van a venir.

Love Of Lesbian – Allí Donde Solíamos Gritar

“Y aún hoy,
se escapa a mi control,
problema y solución,
y es que el grito siempre acecha,
es la respuesta.”

Estás haciendo un trayecto desde Zaragoza a Teruel en un bus de línea muy cutre, rodeado de personas muy mayores. Hace poco que estrenaste un teléfono nuevo con internet. Con una tarifa de datos sin límite. Pronto eso de poder usar internet desde un teléfono sin límite se acabará, pero mientras tú aprovechas para saltar de un vídeo a otro en youtube, para hacerte el viaje más ameno. En videos relacionados de algo que estabas escuchando aparece Love Of Lesbian. Conoces al grupo pero apenas les has escuchado. Le das una oportunidad. Y te encuentras repitiendo la reproducción una y otra vez. Por alguna razón, te sientes dentro de la canción, quizá porque te estás dirigiendo a uno de los lugares donde solías gritar, pero esta vez sólo de visita. Te puede la melancolía. No la tristeza, porque todo parece haber cambiado para bien (y ni te imaginas en poco más o menos de dos meses, todo irá mejor aún) pero aún así parece que te falta algo. No sabes muy bien si es lo que has perdido o lo que aún estás por encontrar. Pero siempre recordarás esta canción con un cariño nostálgico.

Carmen Boza – No Me Parezco

“Fumo tanto que no sé
si siento algo o si padezco,
ni tampoco sé si soy quién fui contigo o me parezco,
me parece que no.”

Por los cristales del autobús puedes ver tu antiguo barrio. Recuerdas como llegabas en el sentido contrario de ese mismo bus y subías andando desde Legazpi. Noches locas las que te hacían coger ese bus, cuando salir era lo único que te hacía olvidar el vacío que te atrapaba. Subiendo esa calle la sensación volvía poco a poco a ti, justo como hoy. No sabes si ahora esa sensación es de vacío, o es que estás dolido. Hace mucho que no exploras tus emociones y ya casi no puedes reconocerlas. Ese bus que hacía que lucharas por mantenerte despierto y que hoy va a hacer que no puedas conciliar el sueño en por lo menos dos o tres días. Preguntándote por esa sensación. Por un momento te vuelves resolutivo, harto de estar siempre por debajo de otros. Piensas que esta vez no, que la gente tiene que saber cuando te hacen daño. Pero no te preocupes, en menos de una semana tu inseguridad y tu miedo volverán a tomar parte, el vacío o lo que sea eso se irá, y podrás volver a olvidarte de todo delante de un papel. De todo y de todos.

Felpeyu – Los Fayeos De Mayo

“Pente ñubes de robín,
siento l’alma mineral,
trabayada en desengaños,
apagada como’l faro
d’una mar d’escoria gris.

Fatigáu del camín,
engurriáu pol bramar
d’innumerables hibiernos,
suaño los díes eternos,
espierto en nueches sin fin.”

No puedes pasar un par de años sin visitar Asturias. Es el único lugar donde duermes en temporadas de insomnio, donde descansas en épocas de intranquilidad, donde respiras cuando falta el aire. Pero siempre la vuelta es dura. Sabes que al atravesar esas montañas te espera una realidad a la que no quieres volver. Y ves el verde pasar por la ventanilla del autobús, preguntándote cuando podrás volver una vez más. Este es tu paréntesis de la vida, pero el de este año ya acaba. Suspiras con melancolía empañando la ventanilla, pero sabes que Asturias va a estar ahí siempre, esperándote para que te vuelvas a perder en rincones donde esperas no ver a nadie, esperando que quizá la próxima vez a nadie le extrañe tanto estos viajes que haces solo.

Jul 27

Cómo sobrevivir al Sonorama (Parte 2)

Puedes ver la primera parte aquí

¿Por qué ir al Sonorama? Las razones de la gente que no va ya me las sé. Que si siempre los mismos grupos, que si es otro festival más de lo cientos que hay ahora, que blablabla. Pues no es uno más porque fue de los primeros, de los primeros que apostaban por grupos de aquí y luego ya lo que se podía internacional que cuadrase en fechas. Decir que siempre los mismos grupos, con un cartel de unos ¿ciento cincuenta? más o menos cada edición me parece muy atrevido. Otra cosa es que mucha gente vayamos a ver siempre a los mismos. Pero en fin, no es la razón los grupos (que también, claro, es un festival joder), si no porque en ningún festival (y llevo muchísimos) he encontrado un ambiente que invite a volver una y otra vez como el Sonorama. Aranda se vuelca con el Sonorama y eso se nota, al final no es sólo los conciertos, si no el día por Aranda, las plazas, los bares, los vinos… y algo muy importante también, la fiesta de disfraces del miércoles. Con esto inauguro los consejos de esta segunda parte.

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¿De qué me disfrazo?
Pues a ver, cabe la posibilidad de que busques un disfraz super currado, que te gastes una pasta o que te lo curres tú durante un par de días… pero sinceramente ¿para qué? Vamos a pasárnoslo bien y conseguirás más risas si buscas algo gracioso aunque sea cutre, o incluso mientras más cutre mejor. Y si encima es absolutamente ambiguo, pues ya tienes tema de conversación con las decenas de personas que te van a preguntar de qué vas.

¿Y después de la fiesta de disfraces, que hago?
Desde hace años, la noche antes del primer día de conciertos se forma una buena fiesta en el Café Central de Aranda. Es muy divertida, suelen pinchar gente de Radio 3 y puedes estar allí hasta que casi amanezca. Pero claro, es que antes teníamos dos días de conciertos y esta fiesta era el jueves. Si crees que puedes ir cuatro días a tope sin pinchar, pues ve al Café Central porque lo pasarás de lujo. Algunos ya nos hemos hecho mayores y la idea de tomarnos algo en la acampada e ir a dormir “pronto” nos parece más atractiva. Si te quedas en la acampada tampoco te va a faltar compañía aunque te quedes solo. Porque la gente en el Sonorama es muy sociable.

La gente
Increíble. El Sonorama parece Canadá. Nunca he tenido ningún problema y dudo mucho que lo vayas a tener. Más bien todo lo contrario, y hablo de asistentes, organización y habitantes de Aranda. Es difícil que en los cuatro días no acabes hablando con un montón de gente, pidiendo ayuda por algo o que te la pidan o disfrutando de alguna ración individual de amistad con el camarero de algún bar de Aranda.

Piscina si o piscina no
La eterna pregunta. Cuando vayas a Aranda a comer, a ver los conciertos de las plazas y a disfrutar el ambiente, llévate una mochilita con toalla y bañador. Ahora bien ¿lo utilizarás? Pues depende principalmente de dos factores (dando por hecho que te mole la piscina, si no, está muy claro).
El clima. Durante el día no suele hacer “frío”, pero muchos años no ha hecho suficiente calor como para mojarse el culo. Puede estar nublado, ventoso… y si se llega solo a veinte o veinticinco grados igual no es buena idea meterse al agua.
El tiempo. Si te lo estás pasando tan bien en las plazas como para no mirar el reloj, seguramente se te hará tarde para ir a la piscina. Sobretodo si eres un freak de grupos raros y quieres ver a alguno de los que toquen a primera hora por la tarde.

Ligar en el Sonorama
Llegamos a lo que estabas esperando. “Me han dicho que en los festivales se liga mucho”. Pues no, es mentira. A ver, esto es como todo, si sueles ligar, pues en el Sonorama con tanta gente puedes hacerlo igual. Pero si llevas mi ritmo, que es a tope, sin parar más de lo que dure un concierto en el mismo sitio, y corriendo a otro sitio, y vamos al pueblo, y me tomo cuatro copas y voy corriendo a otro concierto… pues no se liga. Nunca vas a mantener un contacto con nadie que no conozcas ya durante más tiempo de lo que dure el concierto más largo que veas, y si encima eres como yo, que en los conciertos se concentra en la música y pasa de todo si le hablan, pues ni eso. Mi consejo es que vayas a pasarlo bien y si surge algo pues bienvenido sea. Tampoco te voy a decir que he sido durante diez años de piedra, algún teléfono me he llevado (como el de la famosa chica de Teruel que siempre me encuentro pero nunca me atrevo a decirle nada), pero es que me gusta mucho pasármelo bien con mis amigos, aquí que es uno de los pocos sitios donde nos juntamos casi todos a lo largo del año.

Bueno vale, ¿y qué grupos me recomiendas?
No voy a decir los típicos ¿ok? Esos ya te los conoces y sabes si te gustan. Gente como León Benavente o The Hives ya se sabe que van a dar conciertos increíbles así que voy a hacer lista de gente que quizá te perderías por estar perdidos en horarios interminables.

Niño de Elche: de los que recomiendo es el único que no he visto aún pero tengo muchísima curiosidad, espero no equivocarme en la recomendación.

Triángulo de Amor Bizarro: si no les has visto en directo, ya estás tardando. Ponte unas tobilleras, crema para los moratones con los que vas a salir, y prepárate para vivir un FIESTÓN que parece increible sigan montando después de tantos años.

Carmen Boza: me gusta su disco pero tenía miedo de como lo pudiera llevar al directo. Después del Madcool en Madrid, las dudas se despejaron. Por favor os lo pido, tenéis que verla.

Ricardo Vicente: aquí si te digo que lo escuches antes. Pero es que su último disco fue de lo mejor de 2015 y en directo puedes llegar hasta a encontrarte con una lagrimilla recorriendo tu mejilla.

Egon Soda: “Entre un polvo y un concierto de Egon Soda, elijo el concierto”, así describí su concierto hace tres o cuatro años en el Sonorama en twit que luego utilizaron en la revista Rolling Stone para hacer la crítica de dicho concierto. No hay más que decir.

Nudozurdo: Hace mucho tiempo ya que les vi y no le he dado muchas oportunidades al último disco, pero desde luego merece la pena pasarse a verles porque son de lo más original del panorama español.

Maga: siempre son una apuesta segura para disfrutar y para llorar con “Diecinueve”.

Modelo de Respuesta Polar: de nuevo, otra de las apuestas originales del país. Les he podido ver ya un par de veces (una de ella como financiador de su último disco) y merecen mucho la pena.

Y hasta aquí puedo contar. Hay muchos más consejos que os podría dar pero tampoco es plan de centrar mi blog en el Sonorama. Podéis ver lo que he dicho otras veces sobre el festival aquí, aquí y aquí.

Y si tantos consejos te han servido de algo, podrás encontrarme entre concierto y concierto en el escenario furgoneta. Cuando veas en el parking enfrente de los conciertos una furgoneta enorme, con un montón de gente liándola, varias neveras, muchas copas y haciendo el loco… ¡pásate a saludar!

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