Abr 02

La terraza

Iñaki abrió la puerta y salió a la terraza. Allí estaba Emma, apoyada en la barandilla, mirando el cielo de Madrid desde un décimo piso.

— Guau, vaya vistas que tiene Nico. Si lo sé salgo a fumar antes.

— Sí ¿eh? — respondió Emma sin desviar la mirada.
Tejados de Madrid

Iñaki se acercó a la barandilla mientras se liaba un cigarro. Cuando terminó y se lo acercó a los labios, Emma le miró ofreciéndole un mechero. Iñaki acercó la cara mientras ella lo encendía. Por un momento la luz del mechero iluminó sus miradas. Iñaki sonrió un momento y Emma volvió su mirada al infinito del cielo sin estrellas de Madrid.

— No has avisado a nadie cuando has salido a fumar. — El tono de Iñaki era claramente interrogatorio, como si quisiera saber algo pero sin atreverse a preguntar mientras miraba, igual que Emma, a un punto indeterminado de los tejados de la ciudad.

— Ya…

A Emma sólo le quedaban un par de caladas. Cogió una lata de cerveza que había posada en la mesa en la terraza y echó el resto del cigarro dentro.

— ¿Te importa que me haga uno de los tuyos?

Iñaki giró la cabeza hacía Emma, que ahora le estaba mirando. “Claro que no”, le dijo, y mientras con una mano sujetaba su cigarrillo, con la otra buscaba en sus bolsillos el tabaco de liar, el papel y las boquillas.

— La verdad es que me gusta más ese que los cigarros hechos — Emma le observaba mientras él sacaba el material.

— ¿Y cómo es que tienes de los normales? — Iñaki preguntaba mientras le acercaba con la mano a Emma el tabaco.

— No suelo fumar, pero hoy me apetecía y sólo he podido encontrar en una puta máquina de bar.

— Vaya…

Iñaki se volvió a apoyar en la barandilla mientras Emma se hacía el cigarro.

— Puedo… ¿puedo preguntarte una cosa?

— Claro — La voz de Emma se distorsionaba con la boquilla que tenía sujeta entre los labios mientras liaba el cigarro.

— Cuando hablamos y te dije que si querías que nos viéramos algún día a solas… ¿Por qué no me dijiste que no directamente?

— Toma — Emma le devolvió el tabaco y mientras se encendía el cigarrillo, volvió a mirar al infinito, suspirando.

Emma exhaló esa primera calada muy despacio. El silencio duró dos caladas más.

— Mira, es que no se que quieres que te diga… — por fin arrancó Emma.

— No sé…

Volvió el silencio. Iñaki parecía que iba a decir algo pero en su lugar volvía a llevarse el cigarrillo a los labios. Durante un par de caladas ambos parecían sincronizados.

— Es que… a ver — comenzó de nuevo a hablar Iñaki — pensé que igual podía surgir algo, no es que quisiera quedar solo por eso, me caes muy bien y tal… pero si no querías me lo podías haber dicho… — Emma cerró los ojos y suspiró — que si hubiéramos quedado solo como amigos, pues guay también, no es que quisiera quedar exclusivamente si fuese a pasar algo, no soy de esos, solo que me pareció…

— Te pareció — le interrumpió — como siempre a todos, te pareció. Joder, tío…

— ¿Qu… qué?

— Ese es tu problema, tu puto problema y el de todos joder. Te pareció, te pareció, creías que, pensaste que.

— No… no te entiendo.

— Que me caías bien joder, pero siempre lo puto mismo, una tía es maja con vosotros y ya os creéis que está flipando con vuestra mierda de cara.

Iñaki fumó un par de veces. Su mano temblaba ligeramente. Su pié empezó a repiquetear en el suelo. Su mirada seguía dirigida al infinito de los tejados de Madrid.

— Pero… pero… — de nuevo Iñaki empezó a hablar, con la voz entrecortada — no es eso, yo… no… ya te digo… no era solo… no era eso… ya te digo que como amigos…

— Como amigos pollas, Iñaki. Como amigos hoy me hubieses saludado al entrar en la fiesta y habríamos estado de risas. Como amigos no hubieras esperado a que estuviera sola para asaltarme con esta mierda, como amigos — la voz de Emma comenzó a quebrarse — te darías cuenta que si no te dije nada es porque me resulta violento e incómodo rechazarte y esperaba que, como amigos, resultando evidente esto, no vinieras a joderme con el tema. Como amigos pollas en vinagre, Iñaki. Quieres lo que quieres y ahora vienes a intentar hacerme sentir culpable a ver si así cae algo. Sois todos puto igual. Amigos y una mierda.

Emma tiró el cigarro al suelo, consumido solo a la mitad, y lo pisó mientras entraba de nuevo en el piso de Nico.

Dic 20

Innecesario TOP discos de 2017

Otro año más, mi “top” de discos del año. Otro año más, algo totalmente innecesario y con nulo interés, pero que al fin y al cabo, a mi me gusta escribirlo. Como siempre, aviso por si aparece algún despistado, no soy crítico músical, no presumo de buen gusto, y me niego a llamar a esto “mejores discos del año” porque no va de eso. Para mi la musica es sentimiento, y aquí van los discos que más me han hecho sentir cosas en un año que, a parte, he sentido bastante poco.

Quizá os sorprenda que no mencione discos internacionales, por unas razones u otras este 2017 he escuchado bastante poco en internacional, y aunque hay discos que les atisbo un gran futuro en mis playlist (Slowdive, The Magnetic Fields, The National, Vince Staples, Wolf Alice…) no los he escuchado tanto como para ponerlos aquí.

TOP 4 Punsetes – ¡Viva!
En realidad no sé si este disco estaría como para entrar en mi top, aunque al final, debido al contraste con su anterior disco, le tenía que reservar un hueco. Lo escuché por primera vez totalmente escéptico esperando muy poco y me sorprendió gratamente. Desde luego no llega al nivel de “Una Montaña es una Montaña” que es mi preferido, pero tiene unos cuantos temazos que me han dicho mucho y que me han acompañado en muchos momentos este año, así que se merece este puesto.

Esa luz que estas perdiendo
es tu estrella y esta inerte
puedes fingir que es la primera
pero nadie va a creerte.

TOP 3 Xoel López – Sueños y Pan
De todos es sabido mi debilidad por Xoel, tanto en su anterior etapa como Deluxe como ahora con nombre propio. Y es que de alguna manera u otra siempre consigue emocionarme. Con su adelanto “Madrid”, ya me ganó. Pero al fin y al cabo eso es fácil, la mirada de Xoel en sus canciones es muy bella, más aún cuando habla de sitios en los que te puedes reconocer.

Y aunque tengo miedo a perderme en mundos raros
Siempre dejo piedras para poder regresar
A tu lado

TOP 2 Pablo Und Destruktion – Predación
Este disco me daba miedo escucharlo. “Vigorexia Emocional” me flipa tanto que veía difícil que estuviera a la altura, después de casi dos años que no pasara ni una semana sin escucharlo. Pero Pablo ha vuelto a hacer un discazo, redondo, en el que ni un sólo tema baja el nivel. Me es complicado quedarme solo con una canción. Suelo ponermelo en casa para gritar y mover el cuerpo de manera violenta (que no bailar) y poder así liberar un poco de lo que llevo dentro.

No todo en la vida es
comer viajar y follar
y no parar de hablar
y no parar de hablar…
que reviente occidente.

TOP 1 The Secret Society – Hacemos Ruidos Raros al Rompernos
Creo que desde el primer día que salió en septiembre, ya sabía que era mi disco del año. La primera vez que les escuché fue hace mucho, mucho tiempo en Fuenlabrada, mi ciudad natal, cuando tocaron en Las Noches Árticas, unos conciertos acústicos que organizaba un amigo. Pero no voy a negar que en aquel momento no les hice mucho caso. De vez en cuando escuchaba algún tema suyo, pero sin prestarle mucha atención. Y en algún momento de este año se cruzó conmigo su anterior trabajo “Peores Cosas Pasan en el Mar” de 2011 y me embelesó. Llegué hasta casi la obsesión. Pensé que al ser su último disco tan lejano en el tiempo, debían de haberlo dejado. Cual fue mi sorpresa cuando vi que anunciaban un disco nuevo este año.
Y así, emocionado lo pillé y hasta ahora no me ha dejado de emocionar a cada escucha. En estos tiempo de playlist, randoms y música rápida, es casi imposible no escucharlo de principio a fin, en orden, una y otra vez. No sé muy bien porqué, como os decía no soy ni un crítico ni un entendido, así que no lo puedo explicar, pero me parece perfecto no solo las canciones, si no el orden, la continuidad que tiene, las sensaciones que produce. Me ha acompañado en muchos paseos diurnos por Madrid, en muchas vueltas a casa de madrugada, y más de una vez he dado un par de vueltas de más para terminar de escucharlo al completo.
Si no lo habéis escuchado, reservad cincuenta minutos, apagad el teléfono, poneos el disco y volad.

Y tuve que soportar que se rieran de mí
por todos los accidentes de mi cuerpo.
No te asustes cuando veas sangre al cortarte con mis palabras

Nov 24

Documento sin título

Destellos corintos, desde el primer día, una y otra vez en tu cabeza. La risa, las conversaciones, la música, el vino que no era y esa sensación que ya no es de vacío. No aparece en ningún sueño. No es importante, apenas recuerdas ya ninguno.
Nervios, ilusión, el saber que no estás a la altura. Aún así no dejas de pensar en intentarlo, sin llegar a intentarlo.
Madrid, noche, otoño de calles vacías, luna llena, luces de escaparates, verjas cerradas. Noches de rojo intenso. Te pierdes inconscientemente para alargar el camino un par de minutos más. La vuelta a casa sonriendo, eligiendo tu banda sonora. Mañana tendrás Jet Lag.
No saber qué va a pasar, esa sensación que tanto te gustaba hace años y tanto te tortura ahora. Recuperar partes que creías perdidas o quizá perderlas para siempre.
The city, she loves me.
La espera, interminable, incómoda, con y sin esperanza. El deseo, el miedo, las estrategias, las palabras, las emociones, los lugares y los caminos.
¿Qué viene después? Todo debería ser fácil. Si no lo es, quizá es que nada tiene que pasar.
Destellos corintos, pupilas abiertas, historias que se cuentan, cervezas, copas, noches que deseas no tengan fin. Pero lo tienen y vuelta a la espera, al silencio, a noches sin dormir. Insomnio en el frío. Sigues alargando los caminos aunque sean solitarios. Piensas que piensas demasiado, nada bueno.
Al final la esperanza se quiebra, y no quedará más que el bonito recuerdo de lo que creíste que podía haber sido.
La desazón, el insomnio, el techo de tu casa, las fotos, la almohada mojada, el sabor a cerveza, la nariz roja, la tos, la banda sonora, el supercúmulo de Laniakea, el calefactor, el aire caliente, y el amargo sabor de las palabras en tu cabeza, “no tenías que haberlo intentado”.
Y aún con todo, agradeces volver a sentirte vivo. Volver a sentir.

Ago 15

Los mejores años se acaban

Los mejores años se acaban. O quién sabe, igual ya se han acabado y esto es solo la estribación.
Al menos es todo lo que me indican las señales. He pasado un festival que es ya una tradición y aunque lo he disfrutado muchísimo (sigue siendo como casi siempre, año tras año, el mejor fin de semana de la temporada), hace ya un par de años que siempre noto que falta algo. Y la conclusión a la que llego al final es que realmente, no falta nada. Todo es igual o como poco, similar. Soy yo el que ya no es el mismo. Ya no sé disfrutar tanto de las cosas. Se me ha olvidado. Me he vuelto un viejo huraño que acaba quejándose de todo lo que no salga según lo previsto… O según quiero.
Lonely
O igual es que sé que todo esto es solo un pequeño, minúsculo, paréntesis en una vida monótona y aburrida sin ningún aliciente. Hace un par de años creí haber encontrado ese aliciente, aquello por lo que luchar. Me creí todo eso de luchar por tus sueños y resultó que cuando se cayó en pedazos, me dejó con la mirada de los mil metros y creo que todavía no he superado el golpe, golpe que me dejó en ese ciclo de monotonía del que no creo que sepa muy bien como salir.
Y entonces echo de menos cuando hacía cosas que merecían la pena. Miro fotos antiguas cuando estaba en una asociación juvenil y no puedo más que estar al límite de las lágrimas. Tantos años luchando por algo de lo que ya solo queda un recuerdo intermitente, que se acrecenta cuando voy a ver a la gente que queda allí, en la asociación, al festival que hacen para sacar dinero para el campamento. Es bonito ver que todo lo que pudimos construir aún sigue allí, y a la vez duele porque posiblemente fueron los mejores momentos de mi vida y ya nunca van a volver.
Y me pregunto “y ahora qué”, y a veces no encuentro respuesta y otras encuentro la que no me gusta, porque no depende de mí.
La vida, que movida tú, ¿eh?

…No has cuidado nada
lo que querías
solo te importaba
seguir corriendo
y es mejor que lo hagas
por otros sítios
Los mejores años se acaban…

May 07

Soy machista

Soy machista. Y si estás leyendo esto es casi seguro que tú también. Y cuanto antes lo asumas mejor.
Vivimos en esta sociedad machista, racista y homófoba y cualquiera que hayamos crecido en ella, por muy bien que nos hayan educado, tenemos estas taras. No voy a entrar en análisis que vais a encontrar mil veces mejor razonados a nada que busquéis un poco por internet, pero como con las drogas, el primer paso es asumirlo.

Paris 2017

Denis Bocquet @ flickr



Somos machistas, y nunca vamos a dejar de serlo. Pero podemos poco a poco intentar identificar todos esos comportamientos asquerosos que vemos como normales, y poco a poco ser conscientes antes de perpetuarlos y evitarlos. Hace algunos años yo siempre decía que no era machista, para nada, mientras cosificaba mujeres, me reía de cuerpos no normativos e incluso acosaba, porque aquello era el “amor” que nos enseñan en las películas. Me quedaba sentado mientras las mujeres de la familia preparaban/recogían todo en navidad, me parecía normal tocarle el culo a las chicas de la clase e incluso era normal frivolizar sobre violaciones, y no parecía nada malo eso de “si te la quieres llevar a la cama emborráchala”. Incluso creía que existían cosas como la “friendzone” o cualquier nombre que queramos darle, esa pueril expresión que viene a ser que si eres bueno, amable y amigo de una chica que te gusta, esta te debe por lo menos un polvo, porque si no para que, si no es para follar se ve que la tratarías como a una mierda.

No estoy orgulloso de ninguna de esas actitudes y por eso trato de corregirlo, y casi cada día acabo identificando algún comportamiento machista aún enquistado difícil de extirpar. Pero no, aquí no soy, o somos los hombres, los protagonistas. No vayáis a tener pena de un hombre porque “ay como sufro cuando me doy cuenta de lo machista que he sido”. Aquí las víctimas son esas chicas a las que acosan por la calle y llegan llorando a casa, esas chicas que en cualquier situación en la que superen a un hombre “es porque se han debido de poner de rodillas”, esas chicas a las que un tío barbudo y lleno de pelo les llama guarras por no depilarse, esas chicas que no se atreven a volver solas a casa y aún así algún tontopollas silba por la calle cuando las ve asustadas, a todas esas chicas a las que violan ya sea emborrachándolas, no aceptando un no porque “si has llegado hasta aquí es que quieres”, quitándose el condón en mitad de una relación porque “no pasa nada ya verás”, a esas chicas que las culpan por ser la víctima, que les dicen en la comisaría “¿pero estás segura de denunciar? mira que luego si no lo demuestras es peor para ti”, a todas esas chicas maltratadas física y emocionalmente que tienen que escuchar “es tu culpa, tendrías que haberlo visto venir” o “eso te paso porque te gustan los malotes”. Ellas son las que viven en la cultura de la violación donde cualquier cosa que no sea “callejón oscuro y violencia” automáticamente deja de ser violación, llegando incluso a romantizar esas relaciones forzadas (cosa que podemos ver en un montón de productos audiovisuales de nuestro tiempo, por ejemplo).

Y tantas otras situaciones que no caben en estas líneas y que ni si quiera puedo llegar a imaginar porque en mi burbuja machuna jamás he imaginado que puedan existir. Mi siguiente “objetivo” además de seguir identificando comportamientos machistas que estoy seguro que aún tengo, es conseguir de una vez ser capaz de alzar la voz cuando detecto estos comportamientos en mi entorno. Siendo una persona extremadamente tímida y que siempre ha rehuido el conflicto, me cuesta horrores meterme en discusiones que sé que van a acabar mal porque normalmente cuando a alguien se le evidencia un comportamiento machista, su respuesta es el ataque (de nuevo, no me salvo, también lo he hecho yo e incluso ahora a veces me sorprendo en ese mismo comportamiento), y los ataques no los llevo muy bien. Pero seguiremos intentándolo, este texto es una primera aproximación y aunque se que la respuesta de muchos tíos será “yo no, yo no, yo no”, sinceramente, os la podéis ahorrar porque me resbala. Intentad revisaros un poquito y quizá algún día la respuesta sea “yo no, yo no, yo… espera, igual… sí”.

Abr 19

Perfección

¿Alguna vez habéis visto a un niño que intenta colorear un dibujo y se frustra cuando no le sale bien? ¿Habéis visto como se cabrea, como se enfada por no ser capaz de hacerlo perfecto llegando hasta el llanto? Da igual que sea bonito, que esté bien bajo tus parámetros, ese niño será inconsolable hasta que se olvide de aquello que él cree que hizo mal.
Hamster - Kids Drawing
Toda una vida buscando la perfección en las cosas importantes y ahora veo como se me ha ido escapando de los dedos todo lo imperfecto que me podía haber hecho feliz. Las películas, las canciones, los libros que nos han hecho creer que su versión idealizada de las relaciones es lo normal, aquello a lo que debemos aspirar. El realismo y el posmodernismo me pilló demasiado tarde y no consiguió sacar la espina que ya tenía clavada en el corazón.
Y como sangra.
La perfección o la inacción, y así pasaron los días, los meses y los años, y ahora no puedo quejarme de ser juzgado con el mismo estándar por mucho que joda. Busqué la perfección y no me planteé que yo nunca la he ofrecido.
El amor no es El Diario de Noah, el amor es Drive. La amistad no es Friends, la amistad es Clerks.


Hago lo que puedo pero puedo poco
nadie va a sacarme de esta situación,
sin embargo pienso que si nadie me ayuda
mucho menos voy a ayudarme yo.

Mar 07

Por fin

Suena la sirena. Tienes que entrar un día más en clase. Ves a tus compañeros pasar por la puerta del edificio, pero tú esperas un poco, no pasas con ellos. Sólo caminas hacia la puerta del colegio cuando ya han entrado todos. Más de una vez te has llevado una bronca de algún profesor por llegar tarde, pero hoy es difícil que pase. Es, por fin, el último día de clase. En tres meses empezarás el instituto. Llevas años esperando este día, y este último año se estaba empezando a convertir en interminable, en un agujero negro del tiempo. Pero por fin, sólo unas horas más y ya habrá terminado. Llevas ya tiempo repitiendo el mantra. Sólo un mes más, sólo una semana más, sólo un par de días más. La cuenta atrás llega hoy a su fin.

Es probable que la mañana de clases no sea más que recoger las notas y poco tiempo después acabe. Es más que seguro que podrás volver a casa pronto. Por la tarde los profesores han preparado una especie de fiesta para todas las clases de tu curso, a modo de despedida. Pero ya has decidido que no vas a ir. Lo decidiste en el mismo instante en el que dijeron que no iba a ser obligatoria. “Sólo un día más” te vuelves a repetir cuando cruzas la puerta de clase.
Te sientas en tu sitio. El tutor aún no ha llegado y todo el mundo está fuera de sus pupitres, hablando, contándose que van a hacer en verano, quedando para ir algún día al centro comercial o preguntándose si coincidirán en el instituto.
fighting
“Eh, empollón”, escuchas un grito desde el otro lado de la clase. Es Ricky, por supuesto. Te reprochas no haber llegado lo suficientemente tarde. Ves como se acerca a ti con una sonrisa. “Tú, gordo, gordo, ¿a que instituto vas a ir al final?”. Agachas la cabeza y notas como se te acelera la respiración. Cuando Ricky llega a tu lado, sientes su mano con fuerza en tu cuello. Notas la mirada de todos tus compañeros. “Respóndeme cuando te hablo, gordo gilipollas”. Consigues, no sin esfuerzo, arrancar tu voz.

– Al Lope de Vega… – dices, aunque no estás seguro de que tu voz se haya escuchado fuera de tu cabeza, como a veces te pasa cuando estás tan nervioso.
– Joder, que hijoputa, voy a tener que buscarme otro pardillo para copiarme de sus deberes.
Ricky termina su frase dándote otra colleja. Sigues con la mirada dirigida al suelo, pero escuchas a tus compañeros reírse y sabes que alguno de ellos estará señalándote. Ricky se da la vuelta y vuelve al otro lado de la clase riéndose, y tu respiras aliviado. Un rato más y podrás irte de ahí para no volver nunca.

No ha sido fácil conseguir poder escapar de las garras de semejantes despojos humanos. Sobretodo de Ricky. Siempre has sido muy observador y siempre escuchas cosas interesantes mientras la gente no sabe que estás ahí. Pero te costó poder captar una conversación en la que Ricky dijera claramente que institutos había solicitado en su preinscripción. Pero al final lo conseguiste y así hiciste la tuya, eligiendo un orden de preferencia totalmente opuesto al de Ricky, para maximizar la posibilidades de no acabar a su lado durante mínimo, otros cuatro años más. Cuando te buscaste en las listas de admitidos en cada instituto, tu corazón se aceleró mucho más de lo normal desde el momento en el que te encontraste en la lista y hasta el momento que conseguiste deducir que Ricky no estaba en la misma. Entonces respiraste aliviado. Tal fue el alivio que te mareaste y tuviste que sentarte allí, en la puerta del instituto. Y tanta fue la suerte, que parecía que no ibas a coincidir en el instituto con casi ninguno de tus actuales compañeros. Aquel día fue el más feliz de tu vida.

Pero aún te queda superar este último día. Un rato más. Tranquilo, ahora llegará el profesor, os contará cuatro cosas y dentro de poco podrás echar a correr sin mirar atrás.
Cuando llega Javier, tu tutor, todo se silencia y tus compañeros se colocan en sus pupitres. Ya estás a salvo.

Se suceden un desfile de profesores hablándoos de como será el instituto y de lo importante que será en vuestras vidas y deseándoos mucha suerte y blablabla. Apenas logras escuchar a ninguno de la emoción. Tus notas como siempre han sido excelentes, pero es lo que menos te importa. Quieres salir de allí lo antes posible.
Finalmente llega la hora del recreo, o lo que sería la hora del recreo de un día normal. Pero hoy os dejan marchar a casa. Metes el papel con las notas en la mochila lo más rápido que puedes. Por fin, ya llegó, el momento en el que jamás volverás a ver las caras a los bastardos de tu clase.

Te levantas y te diriges hacia la puerta de la clase, pero una mano agarra tu hombro. Es Ricky. Sabiás que algo así podía pasar. Intentas forcejear para librarte del agarre, pero delante tuya se ha colocado el séquito de Ricky. Sus tres colegones en los que siempre se ha apoyado para creerse superior. Ves como el resto de la clase sale por la puerta sin siquiera reparar en ti o, lo más probable, haciendo como que no repara en ti. Uno de los bastardos que te impide la salida, cierra la puerta cuando el resto de compañeros ha salido.
“¡Dejadme en paz!” te escuchas gritar, aunque de nuevo no sabes si aquella voz se ha quedado sólo en tu cabeza. Intentas gritar no ya para que te dejen, si no para lograr que algún profesor que vaya andando por el pasillo logre escucharte. Pero no parece dar resultado. Nunca lo ha dado.

– Mira, mejor te callas, si solo queremos despedirnos de ti. Te metemos en el armario y cuando nos vayamos, pues ya podrás salir. ¿Ves? Si es solo eso, una despedida.

Escuchas como Ricky te habla como un viejo amigo. No es la primera vez, siempre ha tratado de manipularte. Hasta hace no más de un par de años atrás, lo conseguía. Te insultaba y te pegaba para luego invitarte a los recreativos o a jugar al balón, y tu creías entonces que aquello era normal. Pero hace ya tiempo que aprendiste a no hacer caso, que era mejor estar solo y sin amigos a que te maltrataran para sentirte parte de algo. Fue entonces cuando la violencia repuntó. Pero nunca te echaste atrás. Tampoco se lo dijiste a tus padres ni a tus profesores, porque pensabas que entonces sería peor. La única salida era este día, el último de colegio. Pero parece que no te lo van a poner fácil.
Ahora te sujetan entre los tres bastardos, y notas como en el forcejeo tu cara se pone roja. Intentas zafarte de ellos, pero son tres y te pueden. Ricky se ríe y dice que es más fácil si te metes tu solito en el armario, que entonces te dejarán en paz.

Te sorprendes gritando que más les vale dejarte. Esta vez si tienes claro que tu voz se ha escuchado porque la respuesta de Ricky es inmediata, “¿Eso es una amenaza?”. Uno de sus adláteres se ríe señalándote, “Mira el puto gordo, se ha puesto rojo, parece un cerdo”.
Ricky te coge de la camiseta y empieza a tirar de ti hacia el armario, mientras los otros tres te empujan agarrándote de los brazos. El gran armario verde para dejar los abrigos en clase, ahora vacío, es donde quieren meterte. Pero no les vas a dejar, esto se ha terminado.
“Vale ya”, un grito agudo, gutural, sale de tu pecho a la vez que te zafas de los brazos de los amiguitos de Ricky. Ya sólo te agarra Ricky por la camiseta, y notas como si tus venas llevasen fuego por dentro, como si tu cabeza estuviera a punto de estallar. Te quedas parado un par de segundos. Tu cara y el último grito que has dado han debido de dar miedo, porque Ricky ha dejado de reírse y ahora su cara tiene una expresión que parece de miedo. Sigue agarrando tu camiseta por el pecho, pero se ha quedado congelado.

De repente, después de un par de segundos, Ricky levanta un puño amenazante, pero esta vez no te estás quieto. Sólo quieres irte a tu casa, y no quieres recibir ni un solo golpe más. Eres más rápido que Ricky y consigues empujarlo dándole con tus dos puños a la vez en su pecho. Ricky da dos pasos rápidos hacia atrás a causa del empujón-puñetazo y empieza a caer de espaldas. Su cabeza golpea contra la esquina de un pupitre y acto seguido Ricky cae al suelo.
Aprovechas para salir corriendo. Sales de clase, del colegio, y corres hasta tu casa. Pasas rápido hasta tu habitación, con lágrimas en los ojos. Tu madre te pregunta que es lo que pasa, pero tu no dices nada. Cree que es por las notas y le gritas que no y le enseñas el papel con todo sobresalientes. Ella te pregunta una y otra vez, pero no sabes que decir. Pasado un rato, alguien llama a la puerta y tu madre va a ver quien es.

“Pero… pero… ¿Qué has hecho?” escuchas balbucear a tu madre. “La policía… ha venido y dicen que…” escuchas como su voz se rompe, y tu empiezas a llorar, sonriendo.
Por fin ha acabado todo, para siempre.

Ene 18

El movimiento infinito (pongamos que ando por Madrid)

Hace frío, mucho frío, pero aún así las luces anaranjadas de las farolas se reflejan en el brillo de mi frente. Hace una hora que he salido de trabajar, y me queda casi otra hora y media para llegar a casa. Y me da igual. Cuando sientes que has perdido todo (enfatizo el “sientes”, que no quiere decir que lo haya perdido de verdad) y que el tiempo no es más que otra variable que hay que dejar pasar hasta que en algún momento llegue a una vía cerrada, ocuparlo en moverse de un lado a otro, de la forma más lenta posible, no es tan mala idea.

No tengo nada mejor que hacer, ninguna prisa en llegar a casa para encontrarme otra noche más con mi devota soledad. Llegar a un lugar que por alguna razón ya no puedo llamar hogar.
Andar desde el punto X hasta el punto Y durante casi tres horas, escuchando un programa de radio o algún disco, tampoco es que vaya a llenar ese vacío, pero desde luego que hace que olvide que me espera acechante en las sábanas heladas. Andar se está convirtiendo, poco a poco, en mi única casa.

Madrid

Es bonito andar por el Madrid en el que no pasean los curiosos con cámaras de fotos, en el que aún no ha llegado la burbuja de los apartamentos turísticos. El Madrid que aparece en las plazas con viejos sentados apoyados sobre su bastón, al lado de las bolsas de la compra hecha en el mercado del barrio, el Madrid de niños volando en columpios, ese Madrid en el que la gente se conoce y se saluda cuando se encuentra por la calle, ese en el que las cafeterías no son gastrobares y las barbas se ven sólo en la gente que le da pereza afeitarse. Ese Madrid que parece que ya no existe cuando te mueves por el centro, el Madrid agazapado intentando que no le veamos los que no somos autóctonos, para que no le pervirtamos la esencia.

Aún hay gente que ríe, que va de la mano, niños que juegan despreocupados, padres que van a un mercado donde no hay ningún puesto de cerveza artesanal ni de sushi.
La gente parece feliz en ese Madrid guardado de los ritmos infernales del centro. Y mientras, yo sigo andando para regresar a mi estudio de soltero en el centro, a mi nevera con media lechuga y una lata abierta de maíz, a los libros que ya no caben en la estantería repartidos por todos lados, al termo de agua caliente que no permite más de cinco minutos de ducha, al congelador atestado de sobras, al desorden que no soy capaz de adecentar.

Sólo unos pasos más y podré regresar a mi vida de cómodas raciones individuales, donde podré cenar solo una vez más, viendo la última serie de moda, donde recordaré que no necesito a nadie, que ya no necesito nada. Y me olvidaré de Madrid, mas nunca me olvidaré de andar, para poder descubrirlo cada día.

Dic 30

Recapitulando

Otro fin de año incierto, una fecha completamente arbitraria, (más aún cuando toda nuestra vida tiende a reiniciarse en verano) y en la que a pesar de acabar siendo un tiempo totalmente continuista, todos acabamos haciendo repaso y propósitos.
Este ha sido posiblemente el año más intenso de mi vida. Más intenso y probablemente el más raro.
New Years Eve 013
He vivido, sin duda, muchas cosas. Quizá hasta demasiadas y, sin embargo, tengo la sensación de haber desperdiciado un poco el tiempo.
A mi alrededor muchos nacimientos, lo que es bastante normal a mi edad. Pero también una muerte inesperada que ha dejado un regusto demasiado amargo, una sensación de injusticia en la vida. Tanto que en mi cabeza aún me cuesta pensar que no le voy a ver nunca más. Es como si mi cabeza me dijese que eso no es posible.
Este año se ha caracterizado, más que por cualquier otra cosa, por ser el año en el que me he hecho viejo de golpe. En los múltiples festivales a los que he asistido ha quedado patente que ya no soy el que era y va siendo hora de aceptarlo de una vez. Mi cuerpo ya no aguanta lo que sea como aguantaba antes, y ahora necesita descanso mucho más a menudo. Emocionalmente también, mi cerebro necesita descansar cuando se satura, pero esto es más difícil de explicar cuando pasa, así que es mejor achacarlo todo a lo físico.
He tenido demasiadas citas fallidas, demasiado ridículo público y me han hecho ghosting, y aunque antes lo negaba, estoy preparado para admitir que es mi culpa. Y ya ha empezado a darme igual, aún con momentos de pensar que estaría muy bien sentirse querido, luego leo sobre teorías del amor romántico y se me pasa. Poco a poco pero se me pasa.
He asistido a más conciertos de los que podía imaginar, y aunque la mayoría han sido sin compañía, esto es posiblemente lo que más feliz me haya hecho a lo largo del año.
He conocido muy poca gente comparado con toda la gente que conocí en 2015.
He pasado más tiempo solo del que podía pensar que quería pasar, he tenido demasiado tiempo para pensar y he pensado demasiado poco. Me he emborrachado demasiadas veces. Y he llegado a la conclusión de que es mejor que no lo haga más porque no me gustan las conexiones que hace mi cerebro estando alcoholizado.
He cambiado de puesto de trabajo, que se suponía iba a ir a mejor, y me ha dejado en la incertidumbre más absoluta para terminar el año.
Hemos tenido que cerrar la editorial en la que tanta ilusión teníamos puesta, y hemos dado la razón a todos esos que nos llamaban locos hace más de un año. He evitado las preguntas sobre el tema porque he visto lo que quería ser y se me ha escapado entre los dedos como arena de playa, y no soy capaz de explicarlo sin sentirme muy vacío. He comprendido que lo de “haz lo que amas” y “trabaja en lo que te gusta” es una auténtica patraña. Trabaja el menor tiempo posible por el mayor dinero posible, mientras más dinero mejor, que es lo que hace falta para vivir. Y luego ya haz lo que te apetezca el resto del tiempo, y si algo de eso que tanto amas te acaba solucionando la vida, pues guay. Perseguir lo sueños esta bonito para ponerlo en una taza, pero ten cuidado porque puedes acabar hecho mierda cuando no lo consigas. Y las consecuencias no son bonitas.
Post nochevieja
He perdido el contacto con mucha gente, como pasa todos los años, y no por estar normalizado es menos triste cuando pienso en ello.
He aprendido mucho. He leído sobre temas que antes me la sudaban, feminismo, clasismo, capacitismo, racismo… y he de decir que mis formas de pensar han cambiado radicalmente. Sobretodo con temas de feminismo, hasta tal punto de tener discusiones muy, muy acaloradas y bastante incómodas para alguien que, como a mi, no le gusta discutir ni un poquito.
Sumando las cosas buenas y restando las malas, al final queda un resultado completamente indiferente. Hace años decía que eso era lo peor que me podía pasar, que prefería estar triste a estar indiferente. Que o alegre o triste, pero que la indiferencia era una mierda. En eso también he cambiado. La indiferencia ya no suena tan mal. Desde luego, es mejor que verse en una montaña rusa continua. Trabajar, tener dinero para tus cosas, echarse unas cervezas e imaginar amores imposibles perdiéndose entre los dedos. Al final, se ve, que no necesito nada más.

Fitter, Happier, More Productive – Radiohead from Kapow on Vimeo.

Dic 10

En la soledad de un hotel cualquiera

Son muchos años ya viviendo solo (en el sentido de no compartir piso) y más o menos desde que empecé a ser completamente independiente, decidí que nunca dejaría de hacer nada que quisiera hacer por no tener compañía para ello. Me había perdido muchas cosas por tener miedo de hacer cosas solo, con ese pensamiento del “que dirán” (que al final nadie dice nada). Empecé por algún concierto, por ir al cine solo, algún paseo solitario acompañado por unos cascos y buena música… y después de unos años he ido a tantos conciertos y películas sin compañía que se han convertido en la mayoría.
Loneliness
Hasta he llegado a irme a festivales solo, con sus tres días y su acampada. He de decir, que hay quien piensa que bueno, que no es para tanto. Suele ser gente sociable que no le cuesta relacionarse con desconocidos y que no ve tanto drama porque bueno “a alguien acabas conociendo”. No es mi caso, si voy solo normalmente acabo solo, y si no es así, desde luego que no ha sido por mi iniciativa.

Un día me di cuenta de que todo esto estaba muy bien pero me faltaba la última frontera, viajar solo. Y así empecé, poco a poco, yendo a sitios que ya conocía y luego un poquito más lejos y otro poco más lejos, hasta acabar en la otra punta del mundo.

Todo esto ha sido tan poco a poco, pasito a pasito, que hasta que no lo he pensado fríamente no me he dado cuenta de uno de los efectos secundarios. Ahora, cada vez que estoy rodeado de gente durante tiempo prolongado, necesito más espacio para estar solo, necesito mis ratos de soledad y desconexión. Y así, casi sin avisar, aparece un miedo en el pecho en una forma que nunca se había presentado.

Tengo miedo de apartarme tanto de todo el mundo que no pueda volver a disfrutar de nada en compañía, de no poder volver a tener una relación, de repudiar una conversación larga. Cada vez en más situaciones, si puedo elegir, elijo estar solo.

He salido huyendo de cualquier persona que quisiera entrar en mi vida y que no estuviera ya de antes. Antes de hacer cualquier cosa, calculo cuando creo que voy a poder quedarme solo con mis pensamientos. Si estoy con gente mucho tiempo, busco desesperadamente ratos en los que evadirme para estar conmigo mismo, o quizá para todo lo contrario, porque la verdad ya no tengo muy claro si soy más el personaje que está con la gente o el personaje solitario.

Tengo miedo porque la vida así, transcurre con total indiferencia (y siempre dije que la indiferencia es mucho peor que la tristeza). Y tengo miedo porque las mejores cosas que me han pasado a lo largo de mi vida, han sido siempre acompañado. Pero lo cierto es que tampoco me perdería ni una de las cosas que he hecho solo a lo largo de mi vida. Ni una.