Dic 01

Modelo de Respuesta Polar

Estaba “preparándome” la semana santa de 2015. Iba a ir al MBC Fest, en Sagunto. Empecé a configurar playlist escuchando a los artistas que no conocía de aquel festival, cuando de repente me topé con Modelo de Respuesta Polar. Ya habían aparecido por alguna playlist, e incluso me suena de verlos en el cartel de algún festival anterior, es decir, les había oído pero nunca me había parado a escucharles.
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Y súbitamente ¡bum! algo explotó en mi cabeza. Explorando los dos discos que tenían en aquel momento, llegó “Miedo” y algo hizo click en mi cabeza. Una sensación que pocas veces me ha pasado. Una sensación para la que me es difícil encontrar palabras. Lo más cerca que puedo estar de explicarlo es comparar con el “click” que hicieron en mi cabeza otras dos canciones en el pasado. En el pasado lejano puedo encontrar un leve recuerdo de una sensación parecida con “Inevitable” de Los Piratas, mucho, mucho tiempo atrás, cuando mi vida aún no estaba plagada de conciertos y de música. Y por otro lado, atentos a esto porque los que me conocéis sabéis que esto son palabras mayores. Ese es el “click”, el escalofrío, el quedarse con la cabeza borrosa durante un rato… que tuve al escuchar “Poema nº3” de Standstill.

Después de que mi cabeza me diera esas referencias, no pude más que escucharles compulsivamente y descubrir que de nuevo, por fin un grupo volvía a hablarme sobre mi mismo, más allá de la música.
Les vi por primera vez en aquel MBC y me confirmaron que lo que pasaba en los discos no era algo marginal. Ha habido más grupos, a lo largo del tiempo, que me han dejado un poquito sin aire pero que al verlos en directo, no me han dado ningún problema para recuperar la respiración y con el tiempo, olvidarme de ellos. Si en directo no me emocionan, sus discos terminan por aburrirme. Con Modelo me pasó lo contrario, me fliparon tanto que se convirtieron en unos regulares de mis viajes en metro, de mis noches de insomnio, de mis ratos de escribir (porque también me inspiran).

Por eso no dudé en participar cuando sacaron el crowdfunding de su nuevo trabajo, Dos Amigos. Tengo que confesar que con algo de miedo. Al fin y al cabo sólo tenían dos discos y muchos artistas, al llegar al tercero empiezan a secar lo que antes fue un mar de buenas ideas. Pero no fue así, al contrario. No sabría decir en que han mejorado pero lo han hecho.
El concierto de presentación fue abismal (quitando la gentuza que se pasó el concierto hablando a gritos). Y luego llegó algo que llevaba mucho esperando. La Plaza Del Trigo del Sonorama. Si alguien te emociona en directo, en la Plaza Del Trigo lo multiplicas por diez. Tanto, tanto, tanto, que mi tripa que no me dejó en paz en todo el día, me dio un respiro de una hora para poder disfrutarlos. Porque de nuevo aquello fue maravilloso, como cuando hace mucho mucho tiempo se presentaron allí Vetusta Morla o Izal. Con una diferencia, por aquel entonces aún no estaba extendido el mito de La Plaza Del Trigo como un escenario casi, podríamos decir, catapulta. Ahora en un Sonorama casi se espera más de la gente que toca en El Trigo que de quien toca en el escenario principal a las doce de la noche (va, venga, estoy exagerando pero justificadamente, para que me entendáis). Y aquello estaba abarrotado, para bien y para mal (mal porque no pude acercarme y estuve donde el sonido empieza a ser chungo). Varias personas me preguntaron sobre ellos, que no les conocían y querían saber su nombre, y al verme tan emocionado, debieron pensar, esa era una información que yo debía tener.
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Hace poco, publicaron en sus redes sociales que iban a grabar un concierto de Radio 3, por si alguien estaba interesado para ir como público. Estas grabaciones suelen ser por la mañana y entre semana por lo que desde que empecé a trabajar, no había podido asistir a ninguna (creo que la última fue Iván Ferreiro presentando Canciones para el tiempo y la distancia), pero me fijé que ellos grababan un viernes por la tarde. Me animé a ir y empezó una hora más tarde de la prevista. ¿Por qué os cuento este dato? Porque esto también dice mucho de ellos. Unos días después, tenía un email invitándome a su siguiente concierto en la Joy Eslava, como compensación por esa hora de retraso. Voy a recalcar que lo único que había que hacer para asistir a aquella grabación era mandar un email con tu nombre, no nos debían nada, pero aún así nos invitaron. Me parece un gesto muy revelador. El caso es que yo ya tenía entrada así que lo que pude hacer fue invitar a otra persona (y así por fin, ir acompañado a un concierto).

Y del concierto de la Joy, pues poco os puedo contar. Fue muy emocionante y muy bonito, hay muchas crónicas que seguro lo expresan mejor que yo, pero daba la sensación de estar presenciando algo grande, un hito en su carrera. Yo salí muy feliz y creo que no fui el único. Al igual que La Plaza Del Trigo, la Joy Eslava influye mucho, para mi sobretodo en su sitio muy especial por toda la gente que ha pasado por allí, y creo que es igual para mucha gente.

Por supuesto, aún habiendo hecho esa comparación de sensaciones con Los Piratas y Standstill, no puedo asegurar que se vayan a convertir en algo tan importante para mi como lo han sido esos dos grupos, porque eso es algo que dirán los años y los discos que tengan que venir, pero desde luego, si tuviera que apostar por un grupo, serían ellos. Ahora, nos toca esperar para ver como desarrollan su carrera.

Ahora van a girar de teloneros con Izal en sitios grandes y no me puedo alegrar más por ellos. Espero que sea un despegue para pasar a ser de esos habituales en los escenarios grandes de los festivales, y dejar de serlo en horarios donde el sol cae a plomo, como en el infame Neox, que casi me los pierdo porque era casi imposible llegar a aquel solar tan pronto.

Si sois de los que me hacéis caso en mis recomendaciones, aquí os dejo una lista con mis temas preferidos, y el enlace al concierto de Radio 3.

Concierto de Radio 3

Nov 12

Adiós, Leonard Cohen.

Me he pasado diez minutos buscando título para este post. Algo que resultase ingenioso y transmitiese la pena que empaña este día. Algo de sus canciones, un título, algún verso. Pero me es difícil concentrarme.

Leonard Cohen, Edinburgh Castle

Este año hemos perdido a Bowie y a Prince y no me entendáis mal, no voy a decir que uno u otro sea mejor o peor, más grande o más pequeño. Los tres han marcado la música actual de una manera o de otra. Pero aquí no os voy a hablar del legado musical o literario, esto no va a ser una oda al a vida y obra. Si queréis leer de eso, tenéis muchos artículos sesudos y obituarios de esos que tienen los periódicos preparados y van actualizando cada mes para estar preparado en caso de muerte prematura de un personaje famoso.

Yo sólo puedo hablar de sentimientos. Y si bien Prince y en mayor medida Bowie, me dio pena la noticia de sus muertes, no puedo comparar, pero ni por asomo, lo que he vivido hoy. De Bowie me gustaba mucho su música, de echo muchos recuerdos asaltaron mi mente con su muerte (el salón de casa de mis padres escuchando “Lets Dance” a toa poya, o el salón de los padres de una de mis mejores amigas viendo un dvd de videoclips de Bowie, por ejemplo), pero nunca conectó conmigo a un nivel como el de la música de Cohen.

No sé exactamente cuando fue, y no os voy a engañar con historias de “recuerdo perfectamente la primera vez que lo escuche blablabla”, pero el primer tema que escuche de Leonard Cohen fue entre los dieciséis y los diecinueve años. Y fue “Suzanne”. No recuerdo como fue, ni como o quién me lo descubrió (puedo imaginarlo, porque en aquella época la gente que me descubría música era muy poca) pero si recuerdo que sentí algo especial. Y que aquella canción me acompañó en muchos momentos de mi vida. Joder, que en aquella época yo era un jevi de las cavernas y lo de las emociones en la música que no fueran violencia, ira y rabia, me pillaba de sorpresa.

No es ningún secreto que siempre me ha costado expresar todo tipo de emociones y que siempre he utilizado la música para intentar explicarlas (aunque casi siempre sea como gritar en una montaña y recibir tu eco) y de repente Cohen entró fuerte en ese repertorio que me permitía expresarme al viento aunque sólo fue para intentar entenderme un poquito más a mi mismo. Hay gente que para conocerse a si mismo se va a la India, otros a Londres y otros nos conformamos con escuchar toda la música que podemos.

Lamento haber podido sólo verle una vez en directo. Fue en el año dos mil doce, cuando contaba con setenta y ocho años y en fin, los que me conocéis seguro que me habéis oído hablar de aquel concierto en más de una ocasión como uno de los mejores conciertos que he visto jamás en mi vida. En aquel momento, cuando compre las entradas, estaba en paro. Las entradas me costaron casi la mitad de lo que estaba cobrando de prestación. No fueron unos meses fáciles económicamente. No me voy a hacer la víctima, estaba viviendo con mis padres en aquel momento, tampoco me quede sin comer por comprar las entradas, pero tampoco pude darme ningún otro capricho en bastante tiempo. Pero si tuviera que decidir ahora… si hiciera falta comer arroz blanco seis meses con tal de vivir aquel concierto, lo haría.

No puedo expresar la felicidad de aquel concierto. No puedo contar con palabras lo que sentí aquella noche. Leonard Cohen nos regaló una parte de su vida, esa era la sensación al salir.

Y bueno, no puedo decir nada más porque ya me está costando recordar aquello.

Gracias, Leonard, por todo lo que nos has dejado. Ve a casa, con tu traje negro y tu sombrero, y olvida el dolor.

Sep 21

Filofobia

Typing
Abre un ojo, si bien todavía no entra luz por la ventana. No puede dormir más, aunque la realidad sea que no ha dormido nada. Empieza a escribir, aunque sabe que así no se puede empezar un relato. Que se acabe de levantar sólo sería pertinente si fuese relevante para la historia. Pero no lo es porque ya nada lo es, porque no hay historia. Sigue escribiendo un flujo de conciencia sin ningún fin, sin pretender que sea un relato.
Porque ya no hay relatos, ya no sabe que contar. Se pone un café y con la única luz de la pantalla del portátil sigue tecleando. Dos líneas para luego borrarlas para siempre. Una y otra vez. Al menos, se dice, el tiempo ha empeorado y puede echarse una mantita por encima, por fin. O mejor, poner el calefactor, sentir el aire caliente por las piernas, ese ronroneo de ventilador que le relaja hasta que incluso se siente capaz de volver a la cama.
Sin embargo eso sería muy tópico, quiere transmitir sensaciones pero el calefactor queda muy manido, o al menos eso le parece. Es algo que tiene la sensación de haber leído decenas de veces.
Alguien llama a su teléfono, pero no suena. Es la vibración contra la madera de la mesa de escritorio lo que distrae su atención, no hay sonido. De nuevo lo dejará vibrar hasta que se apaguen los deseos de la persona que está al otro lado. Para siempre. Esto tampoco es creíble, porque ha creado un ambiente de madrugada y quien le va a llamar a esas horas. Es más, ¿quién llama hoy en día? Pero confía en que el lector lo pase por alto o lo achaque al pacto de ficción. El lector no tiene porque saber que ya nadie le llama. ¿Y cómo va a mostrar que hay algo raro con sus relaciones si no es de esta manera? No se le ocurre otra forma.
Igual, como tantas otras veces, debería de haber cogido el teléfono. Podía ser la felicidad del otro lado, o al menos algo que llene un poco el vacío que le hace estar escribiendo de madrugada en lugar de dormir, pero para qué. Ya ha probado otras veces y sólo consigue hacer daño o hacerse daño. Es mejor dejarlo sonar.
Sigue sin convencerle lo del teléfono y lo borra, quizá sea mejor contar lo que siente, o lo que cree que siente en lugar de mostrarlo. Saltarse las reglas otra vez. Un flujo de conciencia en perfecta soledad, sin ningún tipo de interrupción, sin banda sonora siquiera. No será un buen texto pero al menos plasmará cosas que no sabe muy bien que son.
Si entrase un rayo de luna por una rendija, sería perfecto. Eso es, perfecto. Un rayo de luna se cuela por una rendija imposible de cerrar en la persiana destartalada de piso alquilado. Persiana vintange sería la descripción que le darían en una web de anuncios de pisos.
Ya deben ser las siete de la mañana casi, los vecinos se despiertan mutuamente con un polvo mañanero, como siempre. Y como siempre, le pillan despierto. Sabe que arruinará el clima cálido de soledad que está intentando crear, aunque tampoco es que lo haya conseguido. Quizá esa pareja insaciable al otro lado de la pared pueda venirle bien para explicar, entre gemido y gemido, porque ya ni siquiera busca sexo, para explicar como la filofobia le hace salir huyendo de cualquier mínima expresión de cariño. O quizá sea mejor obviar todo eso en el texto, al fin y al cabo, a nadie le va a importar.
Toma un sorbo de café, amargo, que se ha quedado frío. Pero le da igual. Bebe otro trago, frío. Ese líquido que debería subir la temperatura de su cuerpo produce el efecto contrario. Da igual, el café le gusta templado pero si tiene que elegir entre extremos, prefiere el café helado a que le hierva la lengua. Esa reflexión sobre el café si le ha quedado bien. Piensa que quizá debiera de borrar todo y empezar por ahí. Y a partir de ahí, seguir las reglas y no empezar a fliparse.
Pero no puede.
No puede porque está en la cama, mirando al techo, o quizá delante del ordenador con los dedos congelados sin saber que escribir, completamente en blanco, o puede que sea un sueño. ¿Acaso va a en el metro y está imaginando como se lo cuenta al señor que tiene al lado? Puede que lo esté escribiendo en una libreta en el banco de un parque. O está grabando sus idea en un audio en el baño de un avión. Pudiera ser que no exista y sólo sea producto de una imaginación demasiado pobre ¿Acaso es él el personaje o el escritor? ¿O ninguno?

Sep 06

Colaboremos con el Absurdo

No es ningún secreto mi opinión sobre como estamos devaluando la cultura, consciente o inconscientemente. Lo deje bastante claro en el post sobre el cierre de Editorial Argonautas.

Pero en el apoyo en la cultura, como en el amor o la amistad, las palabras si no van acompañadas de acciones, están completamente vacías de significado. Cualquier persona que me conozca un poco sabe que mi inversión en cultura es muy grande, para algunos, hasta disparatada. No creo que sea más gasto del que otros tienen en (perdonad que repita de nuevo lo mismo que en el post de Argonautas) copas, televisiones grandes de la muerte con HD 3D y megapixeles de la ostia o cualquier otra cosa. Pero ahí esta el tema, gastarse mil euros al año en cultura es disparatado, pero gastarse cinco mil en un TV es normal.

No me lío más, últimamente a parte de libros, discos, conciertos y cine que ya sé que me van a gustar, he apoyado varios proyectos de crowdfunding, porque la cultura hay que apoyarla desde abajo. Y hoy os voy a hablar de un proyecto muy especial. De echo, de los que he participado en los últimos meses, el que más ilusión me hace que salga adelante.

Absurdamente teatral, presentación from Elena A.G on Vimeo.

El proyecto es Absurdamente Teatral, llevado a cabo por Elena A.G. y Pedro Fabelo. A Elena, si me seguís de hace tiempo, ya la conoceréis, ha sido durante dos años una de mis socias en la aventura de Argonautas. A Pedro no tengo el placer de conocerle (aún), ni he podido leer su obra en la que se basa esta adaptación al teatro, pero conociendo a Elena no me cabe duda de que me va a encantar (tanto obra, como autor, como adaptación).

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Sin más, os dejo el proyecto en Verkami para que podáis aportar, que ellos lo explican todo mucho mejor que yo. Además podréis conocer al resto de integrantes del equipo que hará posible que en unos meses se levante el telón y podamos disfrutar. Por mi parte, he aportado lo que he podido (entrada doble para el estreno, no vamos a andarnos con secretos), aunque espero que antes que termine el plazo tenga la posibilidad de aportar algo más.

Si alguna vez habéis confiado en mis consejos literarios y/o musicales, aportad y nos vemos en el estreno 🙂

Ago 01

De buses y canciones

Escuchar canciones mirando por la ventanilla de un autobús, un placer melancólico del que no se privarme. Y es que hay algo de ver pasar la vida en las ventanillas de un autobús, algo que no sólo te lleva de un sitio a otro físicamente. Es posible que no te des cuenta, es posible que hasta pasado un tiempo, incluso años, no sepas que ese trayecto hizo un click en tu vida que lo cambió todo.

Renault Citybus (Heuliez Bus GX317) - Altiservice / Saint-Lary-Soulan, ex RATP (Paris) n°1032

Los Planetas – La Copa De Europa

“Ahora pienso que no merece la pena,
arriesgarme traerá más problemas.
Así que elijo
lo que tengo más cerca.
Por lo menos tendré la certeza
de que existo,
de que puedo decidir,
de que elijo por mí,
sólo por mí.”

Deben de ser las cuatro o cinco de la mañana, estás llegando a la ciudad en la que viven tus padres. En el aleatorio de tu reproductor suena La Copa De Europa y de repente sufres una regresión. No sabes exactamente cuando pero tienes el recuerdo grabado a fuego, casi dos años antes, en ese mismo autobús, sonaba por tus auriculares esa misma canción. Y fue posiblemente la última vez que cogiste ese búho de vuelta a casa de tus padres. Hasta hoy. Has andado tanto camino en todos los aspectos de tu vida para acabar… en el mismo sitio, en la misma situación, sin notar siquiera el haber avanzado un poco siquiera. No lo sabes aún pero durante los próximos meses vas a ser presa de la inacción, del hastío, de la desgana y de una indiferencia que se va a expandir en tu vida como un virus del que no hay cura. Durante casi diez meses vivirás por inercia haciendo lo que se supone que tienes que hacer. Y es muy posible que esta sea la noche en que abandones, escuchando Los Planetas, y dándote cuenta de que todos tus esfuerzos y cambios de vida te han llevado al mismo punto en el que estabas, sin haber progresado, sin haber cambiado nada. Por supuesto, eso no es cierto, pero de eso no te darás cuenta hoy. Quizá si hubiera sido otra canción la que el algoritmo del reproductor hubiera elegido, sólo quizá, podrías aprovechar los meses que van a venir.

Love Of Lesbian – Allí Donde Solíamos Gritar

“Y aún hoy,
se escapa a mi control,
problema y solución,
y es que el grito siempre acecha,
es la respuesta.”

Estás haciendo un trayecto desde Zaragoza a Teruel en un bus de línea muy cutre, rodeado de personas muy mayores. Hace poco que estrenaste un teléfono nuevo con internet. Con una tarifa de datos sin límite. Pronto eso de poder usar internet desde un teléfono sin límite se acabará, pero mientras tú aprovechas para saltar de un vídeo a otro en youtube, para hacerte el viaje más ameno. En videos relacionados de algo que estabas escuchando aparece Love Of Lesbian. Conoces al grupo pero apenas les has escuchado. Le das una oportunidad. Y te encuentras repitiendo la reproducción una y otra vez. Por alguna razón, te sientes dentro de la canción, quizá porque te estás dirigiendo a uno de los lugares donde solías gritar, pero esta vez sólo de visita. Te puede la melancolía. No la tristeza, porque todo parece haber cambiado para bien (y ni te imaginas en poco más o menos de dos meses, todo irá mejor aún) pero aún así parece que te falta algo. No sabes muy bien si es lo que has perdido o lo que aún estás por encontrar. Pero siempre recordarás esta canción con un cariño nostálgico.

Carmen Boza – No Me Parezco

“Fumo tanto que no sé
si siento algo o si padezco,
ni tampoco sé si soy quién fui contigo o me parezco,
me parece que no.”

Por los cristales del autobús puedes ver tu antiguo barrio. Recuerdas como llegabas en el sentido contrario de ese mismo bus y subías andando desde Legazpi. Noches locas las que te hacían coger ese bus, cuando salir era lo único que te hacía olvidar el vacío que te atrapaba. Subiendo esa calle la sensación volvía poco a poco a ti, justo como hoy. No sabes si ahora esa sensación es de vacío, o es que estás dolido. Hace mucho que no exploras tus emociones y ya casi no puedes reconocerlas. Ese bus que hacía que lucharas por mantenerte despierto y que hoy va a hacer que no puedas conciliar el sueño en por lo menos dos o tres días. Preguntándote por esa sensación. Por un momento te vuelves resolutivo, harto de estar siempre por debajo de otros. Piensas que esta vez no, que la gente tiene que saber cuando te hacen daño. Pero no te preocupes, en menos de una semana tu inseguridad y tu miedo volverán a tomar parte, el vacío o lo que sea eso se irá, y podrás volver a olvidarte de todo delante de un papel. De todo y de todos.

Felpeyu – Los Fayeos De Mayo

“Pente ñubes de robín,
siento l’alma mineral,
trabayada en desengaños,
apagada como’l faro
d’una mar d’escoria gris.

Fatigáu del camín,
engurriáu pol bramar
d’innumerables hibiernos,
suaño los díes eternos,
espierto en nueches sin fin.”

No puedes pasar un par de años sin visitar Asturias. Es el único lugar donde duermes en temporadas de insomnio, donde descansas en épocas de intranquilidad, donde respiras cuando falta el aire. Pero siempre la vuelta es dura. Sabes que al atravesar esas montañas te espera una realidad a la que no quieres volver. Y ves el verde pasar por la ventanilla del autobús, preguntándote cuando podrás volver una vez más. Este es tu paréntesis de la vida, pero el de este año ya acaba. Suspiras con melancolía empañando la ventanilla, pero sabes que Asturias va a estar ahí siempre, esperándote para que te vuelvas a perder en rincones donde esperas no ver a nadie, esperando que quizá la próxima vez a nadie le extrañe tanto estos viajes que haces solo.

Jul 27

Cómo sobrevivir al Sonorama (Parte 2)

Puedes ver la primera parte aquí

¿Por qué ir al Sonorama? Las razones de la gente que no va ya me las sé. Que si siempre los mismos grupos, que si es otro festival más de lo cientos que hay ahora, que blablabla. Pues no es uno más porque fue de los primeros, de los primeros que apostaban por grupos de aquí y luego ya lo que se podía internacional que cuadrase en fechas. Decir que siempre los mismos grupos, con un cartel de unos ¿ciento cincuenta? más o menos cada edición me parece muy atrevido. Otra cosa es que mucha gente vayamos a ver siempre a los mismos. Pero en fin, no es la razón los grupos (que también, claro, es un festival joder), si no porque en ningún festival (y llevo muchísimos) he encontrado un ambiente que invite a volver una y otra vez como el Sonorama. Aranda se vuelca con el Sonorama y eso se nota, al final no es sólo los conciertos, si no el día por Aranda, las plazas, los bares, los vinos… y algo muy importante también, la fiesta de disfraces del miércoles. Con esto inauguro los consejos de esta segunda parte.

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¿De qué me disfrazo?
Pues a ver, cabe la posibilidad de que busques un disfraz super currado, que te gastes una pasta o que te lo curres tú durante un par de días… pero sinceramente ¿para qué? Vamos a pasárnoslo bien y conseguirás más risas si buscas algo gracioso aunque sea cutre, o incluso mientras más cutre mejor. Y si encima es absolutamente ambiguo, pues ya tienes tema de conversación con las decenas de personas que te van a preguntar de qué vas.

¿Y después de la fiesta de disfraces, que hago?
Desde hace años, la noche antes del primer día de conciertos se forma una buena fiesta en el Café Central de Aranda. Es muy divertida, suelen pinchar gente de Radio 3 y puedes estar allí hasta que casi amanezca. Pero claro, es que antes teníamos dos días de conciertos y esta fiesta era el jueves. Si crees que puedes ir cuatro días a tope sin pinchar, pues ve al Café Central porque lo pasarás de lujo. Algunos ya nos hemos hecho mayores y la idea de tomarnos algo en la acampada e ir a dormir “pronto” nos parece más atractiva. Si te quedas en la acampada tampoco te va a faltar compañía aunque te quedes solo. Porque la gente en el Sonorama es muy sociable.

La gente
Increíble. El Sonorama parece Canadá. Nunca he tenido ningún problema y dudo mucho que lo vayas a tener. Más bien todo lo contrario, y hablo de asistentes, organización y habitantes de Aranda. Es difícil que en los cuatro días no acabes hablando con un montón de gente, pidiendo ayuda por algo o que te la pidan o disfrutando de alguna ración individual de amistad con el camarero de algún bar de Aranda.

Piscina si o piscina no
La eterna pregunta. Cuando vayas a Aranda a comer, a ver los conciertos de las plazas y a disfrutar el ambiente, llévate una mochilita con toalla y bañador. Ahora bien ¿lo utilizarás? Pues depende principalmente de dos factores (dando por hecho que te mole la piscina, si no, está muy claro).
El clima. Durante el día no suele hacer “frío”, pero muchos años no ha hecho suficiente calor como para mojarse el culo. Puede estar nublado, ventoso… y si se llega solo a veinte o veinticinco grados igual no es buena idea meterse al agua.
El tiempo. Si te lo estás pasando tan bien en las plazas como para no mirar el reloj, seguramente se te hará tarde para ir a la piscina. Sobretodo si eres un freak de grupos raros y quieres ver a alguno de los que toquen a primera hora por la tarde.

Ligar en el Sonorama
Llegamos a lo que estabas esperando. “Me han dicho que en los festivales se liga mucho”. Pues no, es mentira. A ver, esto es como todo, si sueles ligar, pues en el Sonorama con tanta gente puedes hacerlo igual. Pero si llevas mi ritmo, que es a tope, sin parar más de lo que dure un concierto en el mismo sitio, y corriendo a otro sitio, y vamos al pueblo, y me tomo cuatro copas y voy corriendo a otro concierto… pues no se liga. Nunca vas a mantener un contacto con nadie que no conozcas ya durante más tiempo de lo que dure el concierto más largo que veas, y si encima eres como yo, que en los conciertos se concentra en la música y pasa de todo si le hablan, pues ni eso. Mi consejo es que vayas a pasarlo bien y si surge algo pues bienvenido sea. Tampoco te voy a decir que he sido durante diez años de piedra, algún teléfono me he llevado (como el de la famosa chica de Teruel que siempre me encuentro pero nunca me atrevo a decirle nada), pero es que me gusta mucho pasármelo bien con mis amigos, aquí que es uno de los pocos sitios donde nos juntamos casi todos a lo largo del año.

Bueno vale, ¿y qué grupos me recomiendas?
No voy a decir los típicos ¿ok? Esos ya te los conoces y sabes si te gustan. Gente como León Benavente o The Hives ya se sabe que van a dar conciertos increíbles así que voy a hacer lista de gente que quizá te perderías por estar perdidos en horarios interminables.

Niño de Elche: de los que recomiendo es el único que no he visto aún pero tengo muchísima curiosidad, espero no equivocarme en la recomendación.

Triángulo de Amor Bizarro: si no les has visto en directo, ya estás tardando. Ponte unas tobilleras, crema para los moratones con los que vas a salir, y prepárate para vivir un FIESTÓN que parece increible sigan montando después de tantos años.

Carmen Boza: me gusta su disco pero tenía miedo de como lo pudiera llevar al directo. Después del Madcool en Madrid, las dudas se despejaron. Por favor os lo pido, tenéis que verla.

Ricardo Vicente: aquí si te digo que lo escuches antes. Pero es que su último disco fue de lo mejor de 2015 y en directo puedes llegar hasta a encontrarte con una lagrimilla recorriendo tu mejilla.

Egon Soda: “Entre un polvo y un concierto de Egon Soda, elijo el concierto”, así describí su concierto hace tres o cuatro años en el Sonorama en twit que luego utilizaron en la revista Rolling Stone para hacer la crítica de dicho concierto. No hay más que decir.

Nudozurdo: Hace mucho tiempo ya que les vi y no le he dado muchas oportunidades al último disco, pero desde luego merece la pena pasarse a verles porque son de lo más original del panorama español.

Maga: siempre son una apuesta segura para disfrutar y para llorar con “Diecinueve”.

Modelo de Respuesta Polar: de nuevo, otra de las apuestas originales del país. Les he podido ver ya un par de veces (una de ella como financiador de su último disco) y merecen mucho la pena.

Y hasta aquí puedo contar. Hay muchos más consejos que os podría dar pero tampoco es plan de centrar mi blog en el Sonorama. Podéis ver lo que he dicho otras veces sobre el festival aquí, aquí y aquí.

Y si tantos consejos te han servido de algo, podrás encontrarme entre concierto y concierto en el escenario furgoneta. Cuando veas en el parking enfrente de los conciertos una furgoneta enorme, con un montón de gente liándola, varias neveras, muchas copas y haciendo el loco… ¡pásate a saludar!

Jul 20

Cómo sobrevivir al Sonorama (Parte 1)

Hace ya once años que fui a mi primer Sonorama casi de casualidad. Recuerdo que allí vi por primera vez a Los Planetas en un concierto malísimo (por suerte el único malo que les he visto) y donde se pudo ver a Mogwai en Aranda de Duero. Parece increible ahora pero sí, los putos Mogwai en Aranda. Ha cambiado muchísimo desde 2005. Ha pasado por dos recintos de conciertos y tres de acampada y puedo decir que donde están ahora asentados es sin duda el mejor sitio. Pero bueno, este post no va sobre el Sonorama si no cómo sobrevivir a él. Aquí van los consejos que os doy, si sois primerizos los encontraréis muy útiles, y si lleváis varias ediciones espero que descubráis algo nuevo.

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Dónde y cuándo cagar (y en caso necesario, expulsar sólidos por otros orificios)
No nos engañemos, en cualquier festival en el que no estés alojado en un hotel/hostal/habitación cerca de la zona de conciertos, siempre te vas a encontrar con este dilema. Que hago con todo esto que rellena mis intestinos y está a punto de hacerme reventar. Bien, lo primero es la PREVISIÓN. Ya sé que no siempre funcionamos como un reloj pero es muy probable que te conozcas lo suficiente como para saber cuando vas a tener que ir. Juega con los tiempos que puedas forzar antes o aguantar después de tu hora all bran, y dependiendo del momento en el que creas que te será más conveniente, te aconsejo tres sitios:
Muy pronto en la mañana: Los Polyklyn de la acampada los limpian dos veces al día. Una por la mañana, sobre las seis o siete de la mañana (o al menos ese es mi recuerdo de escuchar el camión). Si eres rápido podrás entrar a un Polyklyn limpio, sin restos de… bueno, de nada y con olor a líquido azul que si bien no es agradable, no es el olor a… a lo que huele un baño portátil después de doce horas. Si no estás cerca de los baños será difícil que el ruido del camión te despierte. Lleva tu propio papel higiénico, no vayas a tener una sorpresa.
Media mañana, hora de comer o a la hora del café: búscate un bar en Aranda. Durante el día la movida está en el pueblo así que si eres capaz de encontrar un bar callejeando, antes de llegar al centro (porque en el centro estarán todos petados de gente haciendo cola para lo mismo que tú), habrás triunfado. Si no tienes más remedio que ir a alguno por el centro, ¡suerte! Si vas a ir a la piscina, es otra posibilidad, suelen estar decentes (aunque con cola también) pero recuerda: ¡lleva papel!
Primera hora de la tarde: cuando abren la zona de conciertos, los baños de dentro están recién limpios. En el momento que abran las puertas verás dos grupos de gente, los que corren al escenario a ver a su grupo favorito que tocan los primeros, y los que van corriendo a los baños. Tu decides a que grupo perteneces.

Si necesitas ir en cualquier otro momento… ¡suerte! Practica la semana de antes aguantando la respiración y ten a mano por si acaso (sólo por si acaso, eh), una caja de Fortasec.
Y si cuando entras a la tienda de campaña todo te empieza a dar vueltas y tienes que salir a “tomar el aire” y suavizar la garganta, por favor intenta llegar al baño (total, el olor ya te va a dar igual) o busca un árbol alejado de las tiendas del resto de la gente.

Qué llevar
Esto es quizá lo más complicado de un festival que ha pasado por toda la escala de temperaturas entre los 0 y los 40 grados a lo largo de los años. Así que te va a tocar llevar a la vez bañador y chanclas (te vayas a meter o no en la piscina, te tendrás que duchar en algún momento, no seas guarro) como un par de capas de abrigo (capas como una cebolla, no me refiero a que lleves capas como las de Ramonchu en nochevieja). Depende de lo friolero que seas, normalmente es suficiente con llevar una capa fina para temperaturas “normales” y otra algo más “forrada” por si algún día baja más de lo esperado. Hay quien se lleva abrigo directamente, pero en diez años sólo lo hubiese utilizado en uno de ellos (en su lugar utilicé lo de “cuatro copas equivalen a chupa de cuero”).

Lleva, por favor, linterna. Que luego nos pedís a los que la llevamos que os acompañemos a la tienda, que no sabéis donde está, que habéis perdido a vuestros amigos y que estáis borrachos y nos queréis mucho.
Llevad linterna y marcad vuestra tienda como ganado porque las buenas y precavidas personas no vamos a estar siempre disponibles para ti. (En realidad si que lo estaremos porque somos buenas personas y tal, pero si las lleváis mejor).
Rapiñar electricidad en los bares también es un clásico, pero si quieres ser un festivalero PRO y ser completamente independiente levantando la admiración de tus amigos, comprate una batería portátil con cuatro o cinco cargas.
Y no puedo enfatizar más esto: PAPEL HIGIÉNICO.
Por último, esto me parece tan básico que no se aún como hay gente que va a festivales sin ponerse unas putas zapatillas. Que sí, que tienes unos pies preciosos (no) y que hace calor y que unas sandalias o unas chanclas para pasar el día están bien… pues no. Que estamos de festival, va a a haber tierra, piedras, cristales… no lleves sandalias a menos que quieras un buen sida de pies.

Transporte
Aquí depende mucho de como hayas llegado a Aranda. Si has ido en transporte público, no te queda mucho más remedio que andar. De la acampada a los conciertos no hay problema, están al lado. Al centro de Aranda para pasar el día y ver los conciertos (y cagar, claro), hay un autobús que pone el Sonorama, pero en el tiempo que pasas esperándolo seguramente te haya dado tiempo a llegar andando (y a hacer un par de paradas estratégicas para cervecearte). Para ir a la piscina, ya si que es casi imprescindible coger el bus, porque está lejos y sobretodo la vuelta a la acampada, puede ser infernal.

Si has ido con tu coche o furgoneta, el consejo que te doy es que lo dejes lo más cerca que puedas de la puerta de acceso a la zona de conciertos ¿Por qué? Pues muy fácil. Esa posición estratégica junto con una nevera y unas bolsas de hielos pueden ahorrarte un par de euros. No os equivoqueis, estoy a favor de consumir dentro, sobretodo en este festival tan magníficamente montado (de hecho suelo gastarme bastante aún teniendo la nevera fuera), pero también está bien ahorrar un poquito. Sobre llevarlo a Aranda por el día, pues si pensas ir a la piscina, es lo suyo, pero prepárate para el infierno del aparcamiento. Eso sí, ten cuidado que el ambiente festivo invita a vinito por aquí, mini de cerveza por allá. A ver si vas a tener que dejar el coche y volverte a pata.

Comer en Aranda por el día

Es difícil aconsejar aquí, porque es muy difícil comer mal en Aranda. Quiero decir, si paras en un bar del que estén escapando ratas pues igual plantéate como eliges los sitios a los que vas, pero en casi cualquier bar que entres y pidas unas tapas, unos pinchos, un bocatilla, es jodido que sea malo. Por eso me encanta tanto este festival. Mi particular ruta, sobretodo por cercanía a la las Plazas del Trigo y del Rollo, empieza en el Lagar de Isilla, cerca de las dos plazas, con un ribera que haría babear a Homer y unos pinchos que… bueno, en fin, si no vais no os lo puedo describir. Si os quedáis con hambre, enfrente hay una galería comercial que se accede bajando unas escaleras, con un bar que tiene minis baratos y bocadillos más que aceptables. Al lado de El Lagar está la Heladería Muska para un postre perfecto si hace calor. No voy a decir que los helados de allí son mejores que en otros sitios, pero desde luego con el calor de sobremesa, saben mejor.

Las Plazas
Ay, las plazas. Que puedo decir de la Plaza del Trigo que no hayáis leído ya en múltiples artículos sobre el Sonorama. El último par de años quizá ya está un poco demasiado abarrotada, pero lo que se vive allí es digno de ver. Me imagino a los grupos pegándose por tocar allí, porque no es casualidad que varios grupos hayan dado sus conciertos allí justo antes de petarlo (por ejemplo Vetusta Morla o Izal). Cuidado que da la solana y a ver si os vais a deshidratar. En el Bar La Esquina preparan un kalimotxo con vino a granel que es excelente para mantenerse allí un ratito.

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Y si no te mola lo que hay en la Plaza del Trigo, pues a la Del Rollo. El primer año que pusieron DJs allí pensé que lo de “Plaza Del Rollo” era algún tipo de coña, pero no, se llama así, y no podría ponerle una mejor nomenclatura. Varias horas de fiesta con muy buen rollo, bares cerca y si te faltan hielos siempre hay gente maja que te prestan un par (a ver como se los devuelves luego). Mi consejo es Plaza Del Trigo, comer, y Plaza Del Rollo después hasta que vuelvas a la acampada o te vayas a la piscina, dependiendo de tus preferencias.

Cenar en el Sonorama
Con que hayas ido a un par de festivales, sabes lo que te puedes encontrar en la zona de conciertos. Gracias a Sinto que ya no se ponen los bocadilleros ilegales en la puerta porque a veces saliendo aquello tentaba mucho y las probabilidades de coger un sida de estómago eran inmensas.
Pero vamos a lo legal, dentro tienes los típicos puestos, bocadillos, hamburguesas, kebabs, arroz chino-tailandés y, mi preferido (que espero que este año esté también) un puesto argentino con carnes a la brasa con chimichurri y pizzas caseras al horno. Tan caseras que ves como la hacen delante tuya y por ello es una de las opciones más lentas y quizá con más cola. Como digo siempre, cena pronto y recena tarde, y ahórrate las colas.

Emborracharse o no
Un clásico dilema de todos los festivales. ¿Voy a saco como si tuviera quince años o me contengo un poco? Pues como contaba hace poco en Neupic, tu verás a lo que vas al Sonorama. Es muy posible que alguno de los días, hayas visto al 90% de los grupos más de dos o tres veces y quizá lo que quieras es un poco más de fiesta. ¡Adelante! pero recuerda que son cuatro jornadas y que aquí por el día no estás echándote la siesta (a no ser que te quieras perder el gran atractivo del Sonorama que es Aranda durante el día). En resumen, ten cuidado pero si quieres tomarte dos copas, estate tranquilo que seguramente ya hayas visto a Love Of Lesbian unas catorce veces. En otros festivales te dirías que te cortases, no sea que te levantes por la mañana y no recuerdes el concierto de no sé, por ejemplo, Depeche Mode (le pasó a un amigo).

Y hasta aquí la primera parte, pronto podréis disfrutar de la segunda parte de este artículo al que no váis a hacer ni puto caso porque, a ver, ya todos somos mayorcitos y nadie te dice que es lo que tienes que hacer en un festival (pero seguro que al Lagar de Isilla vas, eh capullo?)

Jun 27

La mirada de los mil metros

La mirada de los mil metros, originalmente en inglés la mirada de las 1000 yardas (Thousand-yard stare), es una frase acuñada para describir una mirada inerte, perpleja y desenfocada de un soldado o militar. La mirada de los mil metros es característica del trastorno de estrés post-traumático.” (vía wikipedia)
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El pasado viernes hicimos público desde Editorial Argonautas el comunicado que jamás hubiéramos querido publicar. Cerramos. Con rabia, nos hemos quedado sin más opciones. A nivel editorial, no es algo tan malo. Lo hemos intentado y a lo largo de un año (dos, si contamos con la revista) ha sido un bonito viaje, mucha gente increíble que ahora puedo llamar amigos, mucho esfuerzo, muchas risas, letras, imágenes, recuerdos… eso vale mucho. Porque hemos conseguido muchas cosas que no se podrán perder jamás y hemos luchado con uñas y dientes por sacar adelante en lo que creíamos. Y esa experiencia, vale mucho. Lo peor es tener que dejar sin distribución a estos autores tan cojonudos por los que hemos apostado.

Pero como en cualquier punto y a parte en la vida, después de una semana de despedidas, apoyos y abrazos, llega el momento de quedarse a solas con los pensamientos (toma lugar común). A solas con las reflexiones. Mirar atrás e intentar detectar el momento en el que te diste cuenta, a tu ya tardía edad, que esta era la vocación que tanto has buscado y que siempre se escondía bajo nieblas de futilidad profesional. Y ver como se te escapa, como se te escurre como arena entre las manos de un niño buceando en el mar, agarrándola en el fondo e intentado sacarla a la superficie, sin que se disuelva entre las olas y las corrientes. Pero la mano sale al sol vacía, apenas manchada con un poco de barro.

Y de repente, el silencio. Un silencio tan abrumador que no te deja ni dormir. Y no sabes que hacer. Llevas tanto tiempo en continuo movimiento, en una dirección que sabías que era la correcta, que no sabes como afrontar el muro que de repente se ha levantado delante de tus narices y que no puedes si no dar la vuelta y buscar otro camino. Y miras al horizonte con la mirada de los mil metros.

Sólo os puedo pedir una cosa. Podemos quejarnos mucho de la falta de ayudas y las trabas que ponen las administraciones para cualquier tipo de empresa nueva, más si cabe si te vas a dedicar a la cultura. Pero creo que el problema no está ahí. No ahí exclusivamente, entendedme. El problema gordo lo tenemos como sociedad y es que no valoramos una puta mierda la cultura.
Y aquí mi petición: comprad cultura. Quizá penséis (como yo durante mucho tiempo, no me salvo tampoco) que bah, que absurdo, esa gente del arte gana mucho dinero, y que me baje la última película de Stallone no le va a hacer ningún daño, y que me lea 50 sombras de grey bajado de un torrent que compila mil libros tampoco va a influir a E.L. James porque ya ha ganado mucho. Ok, de acuerdo. Pero, ¿y si en vez de bajarte la última de Stallone, utilizas ese tiempo en pagar dos o tres euros por una película en filmin o en otra plataforma? ¿Y si en vez de bajarte 50 sombras, buscas un libro que te interese de alguien poco conocido y se lo compras? ¿En serio es el problema que te vaya a costar quince euros? ¿De verdad? ¿Cuánto te costó la televisión que te compraste con todas esas funciones que no vas a utilizar jamás? ¿Y esa copa que te tomaste el último sábado, la entrada a esa discoteca? ¿Cuánto te costó el teléfono que llevas en el bolsillo y cuanto piensas que te va a durar? ¿Me dices, de verdad, que quince euros por un libro que podrás conservar toda la vida y que lleva el esfuerzo de tanta gente dentro que no te lo puedes ni imaginar, es mucho? ¿En tan baja estima tienes a la cultura? Porque una cosa os digo, estoy seguro de que no sabéis, pero ni de lejos, la enorme cantidad de trabajo, esfuerzo, gente implicada y tiempo que conlleva crear un producto cultural. Porque que no lo sepáis es la única opción coherente de que alguien diga que diez, quince, veinte… euros, es caro, en este caso, para un libro. Que no sepa todo lo que lleva hasta llegar a sus manos. Porque si no, no os creo. No os puedo creer cuando decís que la cultura es cara, ni cuando decís que debería ser gratis, así por arte de mágica (yo lo creo, pero por mis ideas políticas, la cultura debería ser completamente subvencionada por el estado, pero eso es un tema político con el que nos podemos complicar ya mucho)

Comprad cultura, comprad arte, y por favor, no lo devaluemos.

Y para finalizar, gracias a todos los que nos habéis apoyado, y a todos los que hasta el 29 de junio nos podéis seguiréis apoyando con un último esfuerzo aquí.

Os dejo con la canción que me inspiró el título del post, que habla de lo mismo pero en el plano de la música.
“Y un aplauso, ¿salimos o no? ¿seguimos o no?”

May 26

Festivales

Qué os puedo decir, yo en un festival soy feliz. Tanto que este año he invertido todos mis días de vacaciones para asistir a festivales por aquí y por allá, y los pocos días que me queden no podré ir a muchos más sitios porque me habré gastado el sueldo en ellos.
Podría contar historias, decenas, de festivales que demuestran que difícilmente encontraré otra actividad que me provoque tanto placer a lo largo del resto de mi vida.

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Como aquella historia del cantante que se cayó de espaldas flipándose en el escenario y lo que nos pudimos reír al verlo. No me puedo olvidar jamás de como llegué al mayor éxtasis de mi vida en el concierto de un Sonorama. Decir una y otra vez las veces que hemos llorado como bebés mientras sonaba algo especial. Insultar a unos y a otras por ser un coñazo. Hablar mal en primera fila del grupo de moda, única y exclusivamente para enfadar a los fans más acérrimos hasta el punto de estar a punto de recibir violencia fanática.
O anécdotas sobre aquel grupo de gente que conocimos un domingo a las siete de la mañana compartiendo el último mini de cerveza mientras el resto de gente se levantaba para recoger e irse. Hacer una guerra de ciruelas a traición y haciendo daño. Podría hablar sobre aquella chica de Teruel a la que salvamos de hacer de sujetavelas el resto de la noche. Puedo contar como me dio su teléfono después de unas horas riéndonos y de como todos los años pienso en llamarla de camino a ese mismo festival y nunca me atrevo.
También hay buenas historias del año que fuimos VIPs, cuando el ser VIP no se podía comprar, aquella de los gestos indecorosos desde la zona exclusiva a la gente que estaba fuera es muy buena.

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Historias de las veces que nos hemos cruzado con Enric, con Jota, con Ignatius o la vez que casi vomité encima de Cristina Pedroche. Puedo enumerar las veces que nos han pedido un favor porque “es que esa fiesta que lleváis sólo con alcohol no es normal”. El Red Bull, el Monster y cualquier otra bebida energética en cantidades absurdas para aprovisionarse de energía de una manera irracional y desmedida.
Puedo recordar toda la gente que hemos conocido y que luego no nos hemos acordado de sus caras, como aquella pareja del Sansan que nos reconoció meses después en el Sonorama, o esa otra pareja que me crucé por Madrid y me recordaba de un festival en Getafe, o también aquella en la que en un concierto vino una chica corriendo a saludarme porque hablamos un rato en otro festival y se acordaba de mi cara. Y los vecinos de furgoneta que nos encontramos un año tras otro. Esa gente que nos dice “¡Ey, los fiesteros de Fuenlabrada” al cruzarse con nosotros por Aranda de Duero. Salir en los videos resumen de los festivales liándola en la piscina, empezando una guerra de agua que nadie presente ha podido olvidar.
Algo que no suelo hacer fuera de un festival y rememoro de muchos de ellos, bailar. Bailar con Fatboy Slim en Bilbao y en Zaragoza, bailar con Triángulo de Amor Bizarro, bailar con Meneo, bailar con Novedades Carminha hasta que nos pregunten si somos familia suya o algo. Bailar. Cantar gritando a las tres de la mañana “¡ya descansarás en invierno!”. Gritarle a Guille Milkyway.

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Acampadas, hoteles y hostales. Ser el superhéroe con una linterna y la suficiente lucidez como para ayudar a los etílicos a encontrar el camino a su saco de dormir. Marcar un árbol como el propicio para desembuchar lo sobrante. Beber a escondidas dentro de un armario porque no se puede meter alcohol en el hotel. Que el dueño del hotel me confunda con un pizzero y encontrarle horas después observando interesado porno malo de tele local en la recepción, y que de nuevo, horas más tarde, entre en las habitaciones sin avisar. Dejar un rastro de papel higiénico solidificado y salir corriendo al entregar la llave.
Y las miraditas, las miraditas patéticas de intentos de ligar a lo largo y ancho de la geografía festivalera española, a cualquier hora del día y en cualquier estado mental, etílico o lisérgico. Aquellas chicas que salieron huyendo mientras me giraba para pedir una cerveza, aquellas que dijeron aquella frase de “Somos demasiado heterosexuales para vosotros”, la que me dio un teléfono falso y la que desapareció en cuanto consiguió un poco de hielo.
Siempre hay buenas historias que contar en los viajes, esa furgoneta que nos lleva y nos trae ya sea a las cuatro de la tarde o las cuatro de la mañana, esa furgo que se pasa del límite de cien. Autobuses cochambrosos y apestosos cuyos conductores se pierden y te hacen llegar tarde al primer concierto, trenes en los que se acaba la cerveza antes de las once de la mañana y del que sales corriendo para no perderte un grupo aún con las maletas.
Hablemos de plazas, la plaza del Trigo donde pudimos ver a la Virgen de Lourdes con lágrimas de vino, la del Rollo donde me destrocé el tobillo para dos semanas enteras y donde hemos visto todo lo que se puede hacer dentro de una piscina de plástico, o la plaza Arriaga donde aparece cerveza en tu mano sin saber de donde viene, como en una fiesta de los Simpsons.

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Hay otras que no son para todos los públicos, claro, como aquella de ir corriendo desnudo por un parking y de repente encontrarse con un antiguo compañero de trabajo vestido de mujer, o aquella de ducharse semidesnudos en un lavadero de coches, acabando alguno con moratones por el chorro de agua a presión. O todas esas en las que acabamos semidesnudos en algún concierto (en serio, nos tenemos que mirar lo de la desnudez y la música). Aquel Sonorama donde se pudieron ver la perseidas y no en el cielo. Las duchas heladas perfectas para la resaca, las duchas llenas de mierda, las duchas lamentables de hostales.
Los POLYKLYN y no puedo enfatizar esto lo suficiente, LOS POLYKLYN. Muchos y muy poco gratos recuerdos de esos baños portátiles que habitan en todos los festivales, salidos de los mismísimos lagos de azufre del infierno y donde entrar a partir de cierta hora sin soportar una arcada demuestra un valor y un coraje del que pocos pueden hacer gala.
Piscina. Un lujo que pocos festivales se han podido permitir pero que resucita y da vida. Siestas en el césped, baños medianamente limpios (desde luego, más que cualquier POLYKLYN), cervezas a la sombra de los árboles con brisa fresca, unos bocadillos y cualquier otra cosa que uno quiera tener para un pequeño momento de relax en la vorágine que es un festival. Y carne al aire. Mucha carne y cabezas dando vueltas.
Disfrazarse de “Lonely Boy” de los Black Keys, disfrazarse de Ignatius, convertirse en una manada de gente con camisas hawaianas o con camisetas de Númelo 8. Todo un festival queriendo hacerse fotos con la camiseta preocupantemente elástica de Nicolas Cage o una simple camiseta blanca del decathlon que supera todas las pruebas de resistencia que le ponemos.

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Y siempre, siempre, siempre, el Escenario Furgoneta. Esa furgoneta que cambiando de matrícula, no sólo nos ha llevado a nosotros, si no a quien necesitase un viaje de la gasolinera a la acampada, donde hemos encontrado intrusos, gente despistada que ha perdido a sus amigos e, incluso, garrafas de agua que nadie sabe para que se utilizan en un festival. El Escenario Furgoneta donde nos montamos en caballitos pony o creamos una fábrica de baile, donde tenemos “Too much”. Si alguna vez vais a un festival y veis a gente alrededor de una furgoneta, en el parking, dándolo todo como si fuese un escenario del festival, esos seremos nosotros.

¿Qué por qué me gasto las vacaciones y el dinero en los festivales? Porque en ellos soy feliz.

May 22

El progreso

“Yo creeré en El Progreso,
cuando vuelvas a darme un beso
tan difícil no será eso”
Sr. Chinarro – El Progreso.

Hace mucho tiempo que no escribo. No al menos regularmente. Este “maquillado” de web, página de facebook, etc, es una forma de intentar dar un empujón y obligarme a volver a mis mejores días, en los que el día raro era el día que no escribía nada.

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La falta de tiempo es una excusa, la razón tiene más que ver con una cuestión de agotamiento mental que arrastro desde hace muchos meses y que no ha conseguido remontar más que después de un pequeño periodo de vacaciones. Y creo que va todo directamente relacionado. Como contaba hace poco, me es difícil, muy difícil, expresarme si no es escribiendo. Y creo que eso ha colaborado en esta extenuación intelectual. No escribo porque estoy agotado, y como no escribo, me agoto más, porque no expresarse es a veces extenuante.

Así que aquí estoy decidido a volver a las andadas. Empezando, claro, por lo fácil, que es precisamente hablar de esto y titulándolo con música.

También os voy a explicar un poco el porqué de tanto cansancio y tan poco tiempo, que no es si no trabajar y trabajar y trabajar. Hace ya dos años, comencé una aventura llamada Revista Argonautas junto a mis dos compañeros de viaje, Elena y Bythepain. Con mucho esfuerzo, hemos estado sacando esa pieza de belleza bimensual hasta hoy, pero no pudimos conformarnos con ello y así, un año después nos embarcamos en una nueva aventura (algunos dicen que locura) de la Editorial Argonautas. Y hasta hoy, luchando por sacar adelante todo en lo que creemos. Es bonito promover la lectura de gente que sin duda, es mejor que yo escribiendo. Pero ahora me doy cuenta de que va siendo hora de retomar esta parte de mi, que es la que me dio pie a este viaje. Porque todo esto empezó por cruces de comentarios en estos blogs y bueno, en mi caso, El Progreso es parar un momento y retomar esto desde el principio.

Gracias por leer, y gracias a todos los que me seguís apoyando en mis locuras.

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