Oct 08

El Bizkocho Flácido de Proust

Un largo paseo de nuevo te hace recorrer la biblioteca músical. Llevas ya mucho rato escuchando moderneces y canciones cortavenas. Te decides a cambiar de estilo y vas a esa lista que hiciste una vez con canciones de tu época adolescente. Le das a reproducir y…


Sometimes I cannot take this place
Sometimes it’s my life I can’t taste
Sometimes I cannot feel my face
You’ll never see me fall from grace

Hay un canal nuevo en la televisión. Lo encuentras zapeando mientras meriendas antes de ponerte a estudiar. Debe de ser de la parabólica porque parece un canal alemán, se llama VIVA y están poniendo videoclips. Te alegras porque es una buena forma de conocer nueva música. Ves un vídeo de unos tal Korn. Por alguna razón aquello te atrapa y no lo sabes, pero durante unos años, no te dejará escapar.


Everything you say to me
Takes me one step closer to the edge
And I’m about to break
I need a little room to breathe
‘Cause I’m one step closer to the edge
And I’m about to break

Tus padres han salido de casa. Es sábado por la tarde y no tienes nada que hacer. cuando no están tus padres es tu oportunidad de usar el equipo de música gordo del salón. Pones el CD de Linkin Park. Subes el volumen y empiezas a gritar. Saltas por toda la casa. Mueves el cuello, arriba y abajo. Sigues gritando. Descargas rabia. Los días se hacen cuesta arriba pero estos momentos, con la música a todo trapo hace que todo se esfume. La soledad, las ganas de llorar, el desamor. Todos tus sueños parecen posibles mientras gritas a las paredes.


I heard your voice through a photograph
I thought it up and brought up the past
Once you know you can never go back
I gotta take it on the other side

Un mini de cerveza en tu mano, en el Oasis, cuando empieza a sonar los Red Hot. Tú y tus amigos os emocionais. La verdad es que cuando salís, en el resto de sitios la música te parece una puta mierda, pero aquí te sientes como en casa. Os sabéis la canción de memoria. Os quedáis sin voz gritándola.
Estás en casa con los cascos puestos. Miras fotos de campamentos. Con algunas te pones triste. Te sientes dentro de la canción, intentando llegar al otro lado.

Es solo a unos kilómetros de casa, pero es tu primer festival. Estás muy emocionado. ¡Vas a ver a Rammstein! Pero más que eso, es la primera vez que sales de casa y duermes fuera a tu bola, sin padres, y sin ser nada de campamentos o convivencias. Te emborrachas. Flipas con todo. Todo es nuevo para ti. Tienes muchas ganas de ver Ill Niño y es la primera vez en tu vida que un concierto te decepciona. En el concierto de Rammstein te dejas el cuello moviendo tu melena arriba y abajo. Y no sólo aquellos grupos que vas a ver te dejan fascinado. Descubres Faithless y el mundo de la música electrónica.


No eres consciente de tu cuerpo hasta que te duele
el amor es igual, tanto se va como se viene

Estás encerrado en casa. Llevas días sin salir. Tienes que hacer un gran esfuerzo para aparentar normalidad y no llorar cuando sales de la habitación para comer con tus padres. Siempre es la misma historia. Estas cansado de que se repita. Te pones los cascos y te abstraes en la música. Ahí está de nuevo, la rabia. Sabes que algún día todo cambiará, que todo irá mejor.


Its just one of those days
Where you don’t want to wake up
Everything is fucked
Everybody sucks
You don’t really know why
But you want to justify
Rippin’ someone’s head off

VIVA se ha convertido en tu canal de referencia. Todos los días lo pones en cuanto tienes un rato a solas, descubriendo nuevos grupos que jamás habías escuchado de no ser por este canal. Aparece un videoclip que te atrapa desde el principio. Te tienes que levantar. Reconoces en el vídeo al cantante de Korn. Empiezas a saltar con la última parte de la canción.
La pones a descargar en el Audiogalaxy. Dentro de tres o cuatro días la podrás escuchar cuando quieras.

Estás nervioso. Es el primer concierto al que vas solo. Todo el mundo a tu alrededor va en grupos pero no te importa. Estás de vacaciones en Asturias con tus padres y no puedes dejar la oportunidad de ver a Slipknot teniéndolos tan cerca. Llegas pronto y acabas en la primera fila. Estás emocionado. El verano está siendo duro porque tu cabeza no te deja en paz pensando en las calabazas que te dieron al principio del verano. No ves salida. Pero esta noche se hace un paréntesis. Entre gritos, pogos, y mover el cuello, por un momento todo se olvida, por un momento, toda la rabia y el dolor se descarga en sus canciones.


Here I lay
Still and breathless
Just like always
Still, I want some more
Mirrors sideways
Who cares what’s behind?
Just like always
Still your passenger

Es viernes por la noche y nadie hace nada. Es tu momento de soledad. Pones el disco de Deftones en el lector de CDs del ordenador. Tu habitación es pequeña pero da como para poder saltar un poco. De vez en cuando miras por la ventana. “Pronto será mejor” piensas. Podrías bajar al parque, pero no sabes si serás bien recibido. Mientras tanto solo puedes mirar. Echas de menos las tardes dando vueltas por ahí. Te conformas con descargar rabia imaginando futuros mejores.
Estás en el Festimad de 2003. Es un tu segundo festival. ¡Vas a ver a Marilyn Manson! ¡Y a Deftones! Y lo que es mejor, vas a conocer a alguien con quien llevas hablando un montón de tiempo por internet. Pasas una noche increíble con ella, sin saber que a lo largo del resto de tu vida la recordarás de vez en cuando pensando en que ojalá pudieras volver a aquel festival, a aquella noche. Se convertirá en una de las personas más importantes de tu vida. Pero todo eso no lo sabes aún.


‘Cause I’m losing my sight
Losing my mind
Wish somebody would tell me I’m fine

Es semana santa. Tus padres se han ido de vacaciones. Esperabas poder hacer algo en casa, una películas, unos kalimotxos… pero no hay nadie en Fuenlabrada. Todo el mundo se ha ido. Te emborrachas solo por primera vez. Sientes una soledad infinita. Lloras.

No hace mucho que tienes la camiseta de Sugarless pero ya empieza a estar desgastada. Has tenido que tomar muchas decisiones y esta canción te ha servido para evadirte, aunque finalmente no te hayas atrevido a tomar las decisiones difíciles. Pero por un fin de semana todo quedará en paréntesis. Durante este fin de semana, tu camiseta te costará el apodo de “Sugarless”. Y te pasarán cosas que ni te imaginas, conocerás gente increible y tu mundo se trastocará un poco. Para bien, aunque no puedas verlo aún.

Estás sentado en la butaca del cine. Los créditos de Matrix pasan delante de tus ojos. Por primera vez una película te habla de tú a tú, de todo lo que sientes, de todo lo que llevas dentro, de todo lo que piensas que está mal en el mundo. Mañana, piensas, tienes que conseguir esa banda sonora.


I tried so hard
And got so far
But in the end
It doesn’t even matter
I had to fall
To lose it all
But in the end
It doesn’t even matter

Te acuestas con el discman y los cascos. En el techo puedes ver las luces que entran de las farolas del parque, naranjas, que se cuelan entre las rendijas de la persiana. No puedes dormir. Revisitas todo lo que te ha pasado durante la semana, que podías haber dicho o hecho para que todo fuese mejor. Pero ya no hay vuelta atrás. Prefieres imaginarte futuros que sabes imposibles, pero que en tu imaginación te dan esperanza.

Hay conciertos gratuitos en Callao, por alguna movida de la FNAC. Hace no mucho no podías pensar en acudir a estas cosas con tan buena compañía, esa música a tus amigos no les gusta demasiado, pero de repente todo ha cambiado. Ahora sales por Madrid, con gente nueva, y lo mejor de todo es que eres féliz. Te agarras a ello como si fuera a terminar mañana, porque todo esto es nuevo para ti.

Hasta ahora los videoclips te molaban o no, pero era solo una manera de descubrir música en la televisión que en otros lados no podrías encontrar. Tienes puesto el Canal 7, el único refugio que te queda desde que no puedes ver VIVA. Ponen mucha música de mierda pero también bastante grupos molones. Y por primera vez un videoclip te deja embobado. Ese videoclip está hablando de ti. No es un grupo haciendo como que toca o una sucesión de imágenes. Ese videoclip te está hablando.

Festimad 2004. Estás inmerso en el mayor pogo de tu vida. Acabas lleno de moratones y muy féliz. Toda la violencia y rabia que llevas dentro de nuevo salen a la luz de una manera sana y controlada.
No sabes lo importante que va a ser este festival en tu vida. Vas a conocer a Standstill. ¡A Standstill! El grupo que años después será el más importante para ti, el único grupo por el que llorarás cuando decidan separarse. Tienes la suerte que te recomiendan ir allí sin conocerles.

El Enterprise está a tomar por culo del resto de garitos de Fuenlabrada, pero mola mucho. Pasas muchas noches allí. Esta noche estás con la gente de la universidad, jugando al billar. Jugáis contra dos chavales que van tan borrachos que no dan una. Os reís porque como siempre pierden, les toca pagar.

Puede ser la primera vez que estás en la Plaza del Dos de Mayo de día. Hay un concierto de Hora Zulu y no podías faltar. Te flipan. Has faltado a la universidad por ir y no te arrepientes. Saltas, cantas, gritas y te metes en todos los pogos. Cuando termina el concierto el cantante os firma el disco.

Llegas a casa. Toda esta música te ha dejado un poco tocado. Fueron tiempos duros pero vistos con perspectiva, piensas que quizá fue la mejor época de tu vida y no supiste aprovecharla. Piensas que, quizá, toda esta nostalgia te venga de pensar que tu vida no ha cambiado mucho. Eres más maduro, tienes infinitas más responsabilidades, pero sigues estando solo sin poder o sin querer atarte a nadie. Sigues teniendo inquietudes adolescentes y sigues escribiendo sobre ello cuando deberías estar durmiendo. Ahora puedes permitirte viajar, ir a todos los conciertos que quieras, poner la música a todo trapo cuando quieras… pero la sensación de vacío sigue siendo casi exactamente la misma. A tu alrededor crees ver que todo el mundo ha evolucionado y te preguntas si quizá tu no lo has hecho, si quizá llevas veinte años estancado en la misma mierda.
Seguramente no, seguramente sea la melancolía la que habla. O no.

Este post va dedicado a Chester Bennington y a Cody MC, que tanto me dieron.

Y si queréis escuchar las listas que han inspirado este post, son estas dos. La de los grupos guiris:

Y la de los españoles (esta da más vergüenzita):

Sep 23

Bojack Horseman

Nunca he escrito aquí sobre una serie. La verdad es que si cuando escribo sobre música me siento bastante ignorante, sobre series de TV más aún. Yo sé si algo me gusta o no me gusta, pero para escribir sobre ellas… ya hay muchos sesudos análisis en la red sobre todas ellas.

Pero es que Bojack Horseman ha sobrepasado todos mis límites y necesito escribir sobre ella, aunque sean cosas que ya han dicho otras personas mejor en otras webs.

Bojack Horseman es la primera serie que empecé a ver el mismo día que Netflix estuvo disponible en España. Había leído mucha gente recomendándola y a parte los actores que doblaban a los tres personajes principales no me podían gustar más, William Arnet (que interpreta a mi personaje preferido de Arrested Development) pone la voz a Bojack, Allison Brie es la voz de Diane (soy un adicto a Community donde interpreta a Annie) y el gran Aaron Paul (de Breaking Bad, no hay más que decir) poniendo voz a Todd.

No hizo falta mucho para hacerme adicto a la serie. Aún recuerdo no poder parar de reír con Seal McBeal The Navy Seal en el primer capítulo. Aquello pintaba a una serie de humor que iba a hacer que me partiera el ojete con cada capítulo. Que equivocado estaba. El humor es solo una excusa. Poco a poco la serie iba tratando temas peliagudos. La revelación vino (no trato de ser original, seguro que todos la tuvimos en aquel capítulo) cuando de repente y sin previo aviso se empezó a tratar el tema del veganismo. Lo tratan como todo lo que trata esta serie, si quieres quedarte solo con los chistes, te puedes quedar y aún así disfrutar de la serie. Pero si vas un poco más allá, en ese capítulo sería la primera vez que esta serie te mira a los ojos para decirte cosas que no quieres escuchar.

Feminismo, racismo, relaciones tóxicas, problemas mentales, diversidad sexual (y asexual), amor, familias disfuncionales, política, drogas… a parte de hacer capítulos bastante atrevidos con mucho peligro de que no funcionen y que terminan funcionando como un reloj. Como el capítulo del mundo marino, o el muy aclamado sexto capítulo de la última temporada. No digo más porque no quiero meter spoilers.

Quizá por mi momento personal, o quizá porque han sabido hacer las cosas de una manera redonda, esta quinta temporada me ha parecido la mejor porque cada capítulo me ha roto un poco por dentro y a la vez me ha reconfortado como ningún otro producto audiovisual había hecho hasta ahora. Especialmente el anteriormente aludido sexto capítulo, el segundo, con el que tuve que parar antes de ver otro, o el onceavo que te da un puñetazo en la cara.

No sé muy bien porqué esta serie consigue hacer todo esto, supongo que es quizá porque estamos acostumbrados a ver series donde todo acaba bien y al final sabes que unos personajes son buenos o malos y en Bojack Horseman todo es más real, todo está lleno de grises. Bueno excepto quizá Todd, Todd es un amor siempre.

En resumen, si no habéis visto esta serie y en algún momento os habéis fiado de alguna recomendación mía, dejad lo que estés haciendo y poneros a verla.

Sep 16

Ansiedad

Estás en la cama cuando te das cuenta. Hay un monstruo bajo ella. No gritas, no tratas de huir, sabes que no viene a comerte, solo a joderte. Es un viejo amigo que llevas tiempo sin ver, que esperabas no ver nunca jamás. Pelaje negro, regordete, con brazos muy delgados y largos. Extensos dedos que te acarician la cabeza.
— Esta noche no vas a dormir — te dice.
~anxiety~
Cierras los ojos. Le conoces y sabes que puedes hacer que se vaya. Pero para ello tienes que no escucharle. Si le escuchas se quedará toda la noche. Aparentas que no le has visto, que no le has oído, que no notas sus dedos abriendo tus párpados por la fuerza. Le ves sonreir. Tu corazón se acelera. Pasan una y dos horas. No lo puedes ignorar, está ahí. De vez en cuando escuchas como te habla.
— Verás mañana, sin haber dormido no vas a poder hacer un mierda.
— ¿Por qué sigues en la cama? Sé que sabes que estoy aquí. Mírame, mírame.
— Ey, ey, ¿y esa duermevela? No, no, escucha, acuérdate de cuando la jodiste hace siete años. Apuesto a que se te había olvidado ya ¿eh? Ale, ya tienes algo en lo que pensar.
Te levantas, enciendes la luz. No miras al monstruo confiando en que, como un capítulo de halloween de Los Simpsons, si no le miras desaparecerá. Pones agua a calentar, echas cuatro o cinco bolsitas de infusión de valeriana en una taza. Cuando el agua hierve la viertes en la taza. Coges un libro y empiezas a leer.
— Venga hombre, mañana tendrás que releerlo, no voy a dejar que te concentres.
— ¿Te acuerdas cuando tenías veintidós años la gilipollez aquella que hiciste? Hace trece años que pasó y todo se solucionó después, ¿pero no sería genial pensar ahora en lo gilipollas que fuiste?
— Mira la hora, si te levantas dentro de poco ya ¿Crees que nadie lo va a notar? Vaya ojeras vas a llevar, amigo.
Das un sorbo a la infusión. Y otro, y otro, mientras lees, hasta que se termina. Ahora si que si, te vas a la cama. Esta tiene que ser la buena.
Ha pasado una hora de sueño inquieto y el monstruo te abofetea. Son las cuatro de la mañana. Te levantas y vas a la ducha. Allí el monstruo, quizá por pudoroso, no entra. Alargas la ducha hasta que se acaba todo el agua caliente del termo. Sales y mientras te secas delante del espejo, el monstruo entra.
— Jajaja, madre mía, vaya pelambre, pareces un puto oso.
— ¿Y esa barriga? Osea a ver, una cosa es la barriga cervecera pero esto ya es pasarse ¿eh? jaja, puto gordo.
— Pero mírate, ¿y crees que le gustas a alguien? jaja, vamos no me jodas. ¿Sabes que es imposible, no? A quién le va a gustar un puto gordo como tú. Hace mucho que no le gustas a nadie y eso va a seguir así mientras sigas siendo una bola de sebo.
— Además eres feo de cojones ¿eh? Eso no lo podemos arreglar de ninguna manera.
Buscas algo que ponerte y pones la televisión. Ni siquiera hay informativos aún, solo esos programas de música de mierda para que las teles le saquen pasta a la SGAE. Buscas en youtube algún programa para poner mientras desayunas. Necesitas un café para no quedarte dormido.
— Oh, sí, ohhhh sí, otra cucharada más de café, sí sí, otra más. Mmm gracias.
Necesitas café para poder aparentar estar siquiera un poco activo por la mañana cuando la gente con horarios normales empiece a ser productiva. Sabes que esa cafeína alimenta al monstruo pero no sabes muy bien que otro remedio buscar. El monstruo sonríe.
Pasa el día y salvo en contados momentos, el monstruo parece escondido bajo la cama. A veces asoma la patita, pero no le haces caso y parece que te deja en paz. Ha sido un buen día, has podido hacer muchas cosas bien.
— Jajaja, ¿bien? Si no haces nada a derechas. Es cuestión de tiempo que todo el mundo se de cuenta.
— Eres un impostor, un ignorante, no sabes hacer nada bien. Piensa en cuando la has cagado, han sido muchas veces ¿verdad? jajaja. Acuérdate de todas y cada una de ellas.
Es viernes, por fin. Bajas a comprar para hacerte alguna comida rica. ¿Un arroz, un hummus, unos espaguettis de calabacín con pesto?
— Pero qué vas a hacer, si te va a quedar como el culo. Si no te sale bien ni un huevo frito.
— Mira, ¿ves esa pizza congelada? Solo tienes que encender el horno y listo. No te preocupes porque ponga para dos personas, que tu es que eres grande.
— ¿Te acuerdas de tu último día de colegio? Jaja, que gilipollas.
— Venga hombre, llévate la pizza, después de comértela entera te vas a sentir mejor. Venga, venga.
— Jaja, mira el cajero, seguro que por dentro está pensando que eres un puto gordo jaja. Lo mejor es que lleva razón.
— La pizza entera te has comido, y luego te preguntas que porqué le das asco a la peña.
Sin título
Por la tarde es más fácil dormir, por alguna razón. Bajas la persiana, te tumbas en la cama agotado y sientes como el sueño llega. Hasta que el monstruo vuelve a despertarte.
— ¿Esto es todo lo que vas a hacer? ¿Comer y dormir? Que vida más triste la ostia.
Te pones las zapatillas y sales a andar escuchando podcasts. De reojo ves al monstruo seguirte, pero no consigue alcanzarte. Escribes algunos mensajes en el teléfono. Necesitas un poco de contacto humano, contacto físico, quizá un abrazo, sentir un roce con alguien. El monstruo odia los abrazos y cuando alguien te da uno, sale corriendo.
— Jeje, si ya sabías que hoy todo el mundo tiene planes sin ti ¿Para que lo intentas?
— En algún momento tienes que volver a casa, llevas tres horas andando.
— ¿No tienes hambre? Venga, nos cojemos una hamburguesa o algo, ¿no?
— Pilla unas cervezas también, es un buen día para emborracharse.
Pones alguna serie, alguna que te haga reír, no es momento para dramas. Piensas en mandar un mensaje. Lo piensas mucho. Te gustaría que todo te saliera orgánico pero te es difícil hacer algo sin pensar en como va a afectar al futuro.
— No hombre no, no lo mandes, va a pensar que eres un pesado.
— ¿No lo mandas? Jaja, pero tío, va a pensar que pasas.
— ¿Pero que ridiculez has escrito?
— No te va a contestar, si es que eres ridículo. Ridículo y un pesao. Dale, abre la cerveza. Amorrate al frasco, así te vas a sentir bien.
— Hace mucho que no ves esa película que tanto te gusta… Venga, ponla, no te preocupes de lo que te hace sentir. Y abre otra cerveza.
Bebes mientras ves una película que te trae muchos recuerdos, de cuando eras feliz, cuando todo era más fácil. El final de la película, como siempre, te deja un poco vacío.
— ¡Whops! Si es que no tenías que haberte puesto esa película ni te tenías que haber emborrachado. Ahora te pones a llorar jaja, que ridículo. Normal que la gente no quiera estar a tu lado, si es que eres un pesao, un borracho y un panoli.
— ¿Ves? No te ha contestado aún, no sé para qué intentas nada cuando sabes el resultado.
— Mira los demás qué felices, ¿sabes por qué? Ellos se lo merecen.
— Pues nada, otra noche más solo, ¿que esperabas?
Pones, de nuevo, agua a calentar. Pones, de nuevo, cuatro o cinco bolsitas de valeriana en una taza. Necesitas una noche de sueño, de por lo menos cinco o seis horas.
— Sabes que eso no puede conmigo.
— Igual te duermes antes, pero te voy a despertar en cuanto pueda.
— Mira el teléfono, ¿ves? Ni una respuesta. Te acabará respondiendo, por pena o algo, no te vayas a creer otra cosa. Que eres un pesado y un agonías.
— Venga, ala, intenta dormir. Aquí te espero. ¿Te acuerdas de todas las cosas que te han salido mal en la vida? Buenas noches.
Te acuestas. Miras al techo. Pasan las horas. Por más que intentas no escuchar al monstruo, sus palabras acaban calando. Piensas en todo lo que te ha salido mal en la vida, y el único patrón que encuentras es que lo has hecho tu. En algún momento de la noche caes, por fin, en un sueño agotado.
— ¡Buenos días! ¿Qué tal? Jaja, vaya careto.
Vuelves a escribir mensajes, empiezas a estar un poco desesperado. Sales a la calle. Andas, de nuevo, bajo el sol. Te empapas de sudor. Tres, cuatro, cinco horas andando. Esperas por fin poder ver hoy a alguien, recibir un poco de cariño, un abrazo para que el monstruo se vaya.
— Igual ya va siendo hora de olvidar la esperanza ¿no? Que eres un penoso, que das asco tío, que quien va a querer hacer nada contigo según estas.
— Pide chino para comer, si ya total ¿Qué importa un poco más de mierda en tu cuerpo?
— En serio, para un poco, dentro de poco vas a tener tu propia gravedad, puto gordo.
— Estás solo. Asúmelo ya. Vas a estar solo el resto de tu vida.
Nadie puede quedar, todo el mundo tiene sus planes. Te pones otra vez los cascos y echas a andar, otra vez, intentando dejar atrás al monstruo. Te conoces ya casi al dedillo todas las calles de Chamberí y de Ciudad Universitaria. Te cruzas con varios grupos de chavales disfrazados. Debe de ser algún tipo de novatada, estás en la zona de los colegios mayores. Piensas que las cosas no van tan mal, que no hay nada que te haga perder la esperanza de poder tener algo bueno en un futuro no muy lejano. Has tenido temporadas mucho peores.
— Pero qué esperanza. Asúmelo ya, cuanto antes, que te va a pasar como siempre, que te vas a dar la ostia. Olvida las esperanzas que la ostia será más grande.
— ¿Y si es verdad que todo podría ir bien? Imagínatelo. Pero es que vas a tener que acelerar las cosas. Venga, dí lo que sientes, a saco, sin pensar.
— Sé un poco más directo, pregúntalo sin tapujos. Eso, eso es lo que tienes que hacer, ser directo.
— No hombre no, cuidado que la cagas. Jaja, ¿en serio me ibas a hacer caso? Cállate, que vas a parecer un panoli. No digas lo que sientes, déjalo.
— ¡Venga! ¡Dilo! ¡Es la única manera!
Andas rápido dejando el monstruo detrás, a lo lejos. Intentas pensar en tu vida ahora mismo. Va bien ¿va bien? Notas que de nuevo empiezas a no distinguir tus pensamientos de las palabras incesantes del monstruo.
Vuelves a casa. Calientas agua, solo te quedan dos bolsitas de valeriana, tenías que haber comprado más. Miras a la cama. Allí le ves, esperándote.
— ¿Qué tal? ¿Preparado para otra noche mirando al techo?
— Mira el teléfono, revisa los mensajes. ¿A cuántas personas has escrito? Vaya, y sin embargo aquí estás, solo. No te preocupes, que yo no te voy a abandonar nunca. Nunca. Nunca.
Ha vuelto a pasar. Ya no sabes que pensamientos son tuyos y cuales te está dictando el monstruo.
El monstruo sonríe.

Sep 10

Instantáneas V: Madrid, otoño

Vuelvo a escribir un post de la serie instantáneas, de nuevo sobre Madrid. Podéis encontrar los anteriores en Llanes, Madrid, Sonorama y Home.

Este post tiene banda sonora, por si queréis:

Otoño colorido.

Diez de una noche de Otoño cualquiera. Javier corre por las pistas de Canal escuchando un podcast. Le hace sentirse menos solo cuando todos sus amigos tienen otros planes. Pilar sale de casa con falda corta y abrigo largo, en los garitos luego hace calor y aunque empiece a hacer frío no quiere renunciar a estrenar su regalo de cumpleaños. En un restaurante de Malasaña, Luis y Ana hablan sobre banalidades. Se acaban de conocer gracias a alguna aplicación de ligoteo y tratan de decidir si la noche acabará con un beso en la mejilla o en una cama. Xavi, un niño de diez años, salta sobre los charcos en la calle Fuencarral mientras sus padres tratan de llevarle a casa. Mario aparta las hojas naranjas con el pie mientras anda despacio por Plaza de España con su mirada fija en la oscuridad. Carla y Antonio observan la iluminación del Palacio Real, sentados en un banco de Madrid Río, mientras ella le dice que lo suyo no funciona y una lágrima recorre su mejilla. Pablo se resbala con las hojas caídas y mojadas en Alberto Aguilera y nadie se para a ayudarle. Laura espera al calor del puesto de castañas asadas de la Glorieta de Bilbao, apenas lleva un par de días abierto. No se ha podido resistir a bajar a por unas castañas, que le recuerdan a cuando su abuela las hacía en el pueblo. Gabriel y Edu se han dejado abierta la ventana, que da a la Plaza del Dos de Mayo. Javi y Luisa escuchan desde una de las terrazas, bajo una seta calefactora, el rechinar de los muelles de la cama y sus gritos mientras se toman una cerveza. Sandra sale de los cines Renoir y atraviesa la Plaza de los Cubos mientras suspira. María ve pasar la Plaza de Chamberí apoyada en el cristal del autobús 147 mientras escucha por sus cascos Los Días Fríos de Deluxe y recuerda las tardes de verano comiendo pipas allí con Néstor. Néstor espera en la Joy Eslava a que empiece el concierto de un grupo con nombre impronunciable, que lleva ya media hora de retraso, y se dice a si mismo lo que odia que los conciertos empiecen tarde cuando va solo. A su lado, a Henar y Julia parece no importarles, aprovechan para subir un “selfie” a la historias de Instagram. Sandra sale del baño por segunda vez rascandose la nariz. Pedro y María pasean de la mano por la Calle Arenal mientras se dirigen a Sol, donde se despedirán cuando cada uno coja su camino. Rubén sale de la estación de metro de Las Tablas y el viento casi le tira de espaldas. Saca su teléfono para orientarse hacia donde tiene que ir para encontrar la nueva casa de sus amigos, donde le esperan. Luis rompe a llorar en Gran Vía rodeado de gente que pasa por su lado sin inmutarse. Fabio está deseando terminar de recoger las mesas y sillas de la terraza de un bar de la Casa de Campo mientras se le hielan las manos cada vez que toca el metal de una de ellas. Tomás fuma un cigarrillo por la ventana viendo a las parejas que pasan por la Calle Génova, encongiendose de frío, mientras mira de reojo su teléfono esperando un mensaje que sabe que nunca va a llegar. Nico se bebe su primer cubata de whisky en el Parque del Oeste con sus nuevos compañeros de universidad. Julia y Rober desaparecieron del grupo unos minutos antes. Están cerca de allí, bajo un árbol que ya es marrón, con la luz del Templo de Debod llegando turbia, mientras se meten mano sin importarles la humedad que les rodea en el césped y les empapa la ropa. Carlos les observa desde detrás de unos arbustos.
Las hojas caen por toda la ciudad sin dar tregua a los turnos de limpieza a recogerlas. Caen, otro año más, otro otoño más, para que los románticos tengan de que hablar, para que los nostálgicos del verano puedan sentirse mal agusto, para que los escritores puedan volver a las manidas metáforas sobre el suelo cubierto de hojas antes vivas.

Sep 03

Discos que me vuelan la cabeza: Caminitos del deseo.

Hace mucho que no escribo sobre música y la verdad que a veces es lo que más fácil me parece. Así que en esta temporada en la que intento recuperar el ritmo de escrituras, se me ha ocurrido empezar esta serie de post, “Discos que me vuelan la cabeza”, donde os voy a hablar de discos que por alguna razón u otra me han marcado más allá de que me gusten mucho o poco, discos que han formado parte de mi vida y a los que vuelvo una vez tras otra para buscar algo que quizá no sepa muy bien que es pero que estos discos me dan. Y para empezar, por ser un poco original y no irme a cierto grupo que todos sabéis que es mi favorito (y del que podía hacer un post con cada uno de sus discos), os voy a hablar de Manos de Topo y de su disco de despedida “Caminitos del Deseo”, un disco que, si lo de volar la cabeza fuese literal, sería el primero en la lista.

Es difícil que cuando alguien escucha alguna canción de Manos de Topo por primera vez se quede indiferente. También es cierto que es difícil que de primeras le guste. La voz del cantante es un tanto especial y lo que provoca es un irrefrenable odio o simple curiosidad. Os aviso por si no les habéis escuchado nunca, si lo que sentís es curiosidad, tened cuidado porque ya os han mordido los topos y la infección os puede provocar algún día una terrible obsesión de escucharles compulsivamente de manera insana y obscena. Salvando el hándicap de la voz, se descubren las letras que te hacen comprender perfectamente el estilo de canto y acabas teniendo una revelación sobre porque esa voz es la única con la que se pueden cantar esas canciones.
Mi caso es de los raros. Siempre fan de las excentricidades en la música, me gustaron desde que los escuché por primera vez. Me quedé con ganas de verles en algún festival para observar las caras de la gente que no les conoce viéndoles en directo, pero nunca pasó. Ningún festival se atrevió a programarles ni a las cinco de la tarde ni creo que a ellos les hubiera gustado estar ahí. Lo que sí logré que pasara es que sonaran en un garito. Algunos ya sabéis de mis pequeñas aventuras como DJ en la noche fuenlabreña (con pequeñas me refiero a que pinchamos un total de cinco veces y por colegueo, no porque fuésemos buenos) y en una de ellas nos atrevimos a poner un tema de Manos de Topo, “Tus siete diferencias” que además engaña porque de primeras, a la gente le puede parecer que va a sonar The Cure. Las caras, un poema, pero valió la pena porque hubo gente (digo gente como si fuera mucha, pero en realidad fueron solo dos chicas) que se acercó a nosotros a darnos la enhorabuena por atrevernos, porque era la primera vez que escuchaban a los Topos en un garito.
Total, Caminitos del Deseo es su último disco, último en el sentido de que se separaron después. Y desde la primera escucha ya me pareció un trallazo que te patea directamente el cerebro con zapatillas de peluche, que te azota con látigos de seda, que te aprieta en los pezones con pinzas de látex, que te arranca el corazón con caricias. Y cada vez que me lo pongo corro el peligro de no escuchar nada más en varios días porque me acabo obsesionando. Por lo pronto algo que me flipa de este disco, antes de empezar a escucharlo, es la portada. Pocas portadas dicen tanto de un disco como esta.

Desde el principio, el disco se mueve entre la melancolía y la rabia. En la primera canción podemos encontrar referencias a encontrar fantasmas de relaciones pasadas… en los genitales de otra persona. Siguen en la siguiente canción refiriéndose a los órganos sexuales de la persona amada, en este caso hablando sobre fidelidad con un nada sutil “Debajo de tu falda hay un marxismo inusual / dicen que la lucha de clases por fin ha terminado / Comunismo en ropa interior”.
Llegamos entonces a “Islas de Luz”, la tercera canción, para mi la mejor del disco, y la que da nombre al disco en el mejor momento del mismo, justo a partir del minuto dos, cuando acaba diciendo “deshonrando itinerarios / navegando los armarios / por los caminitos del deseo”, de repente cambia la música y es que en ese preciso instante la canción me transmite una sensación de rabia que sería capaz de patear los altavoces. Siempre fui de adorar la rabia en la música, quizá porque me es difícil expresarla y sentirla en las voces e instrumentos de otros me alivia un poco.
Después de tanta intensidad el disco se relaja un poco con “Tus Bombas del Liceo”, una especie de resaca entre lo que ha pasado y lo que viene. Porque de nuevo con “Collar de Macarrones” y “Bragas Bandera” los Topos de vuelven a poner intensitos. Vuelve el pesimismo. Y la rabia, otra vez, se apodera de los temas y da sentido a la voz llorosa que tanta gente odia.
Y para acabar el disco (Y aunque cuando lo sacaron no lo sabíamos, su carrera como grupo) de manera redonda, el último tema es “Un Último Esfuerzo”. Tanto la canción como el videoclip ya avisaban de lo que iba a pasar, y aún así en aquel último concierto todos nos quedamos consternados cuando dijeron que, efectivamente, aquel era el último concierto.
No queda otra que mostrar el “videoclip” que hicieron, entre muchas comillas porque no es un videoclip al uso, que representa de forma maravillosa lo que han sido Manos de Topo hasta que se separaron (y también el porqué se separaron). Es una maravilla.

Un último consejo: si tenéis un mal día, coger este disco, ponerlo a toda hostia, y gritad y saltad y bailad, y veréis como al final un poquito mejor si que estáis. Y bueno, creo que si lo hacéis con cualquiera de sus discos, funciona igual, no solo con este.

Ago 30

Cafeterías

Pablo espera sentado en la cafetería, mirando su café. Cada vez que se abre la puerta, levanta su mirada y rápido vuelve a enfocar sus ojos al café. Lo remueve una y otra vez hasta que la puerta se vuelve a abrir, momento que repite el gesto de dejar la cucharilla en la taza para mirar hacia la puerta y volver al café. El ciclo se repite varias veces hasta que por la puerta aparece una chica morena de pelo rizado. Pablo sonríe y no vuelve a mirar el café. Ella se acerca.
Wednesday coffe..
—¡Ey Noelia! ¿Qué tal?
—Muy bien – Noelia le devuelve la sonrisa – voy a la barra a pedir y ahora vengo ¿vale?
—¡Sí, claro!
Pablo le sigue con la mirada hasta la barra. Noelia se gira un momento y le guiña un ojo.
En unos minutos Noelia llega a la mesa con otro café.
—Mira, antes de que se me olvide — Noelia rebusca algo en su mochila —sí, aquí están, los apuntes de estadística fotocopiados. ¡Espero que entiendas mi letra!
—Claro que sí, no es peor que la mía.
—Bueno, por si acaso, si no entiendes algo cuando te pongas a leerlos, me llamas.
—¿Segura? ¿Estarás para llamadas la noche antes del examen?

Los dos ríen. Pablo vuelve a remover su café.
—¡Ah! ¡Espera!

Pablo rebusca algo en su mochila también. Saca una caja de un DVD y se lo ofrece a Noelia.
—¿Y esto? — Noelia coje el DVD mirando el título.
—Es “Dolls”. ¿Te acuerdas? Cuando me dijiste que no sabías que el tipo de humor amarillo era director de cine…
—¡Ah sí! Y me dijiste que tenía que ver esta peli si o si ¿verdad? Pues esta noche mismo me la pongo ¿Que voy a hacer si no, estudiar?

Los dos vuelven a reír. Ambos sorben de sus respectivos cafés.
—Por cierto Pablo, quería comentarte una cosa…
—Sí claro, dime, ¿Qué pasa?
—Es que el otro día pasó una cosa… — Noelia sonríe.
—¡Cuéntame! – Pablo remueve de nuevo su café con la cucharilla.
—Ay, es que quería contártelo a ti primero antes de que se entere todo el mundo, bueno, que no sé si habrá algo que contar, pero por ahora… es que estoy muy ilusionada. — La sonrisa de Noelia permanece constante en su cara.
—Bueno venga… que me tienes en ascuas…
—¿Te acuerdas de la fiesta del otro día? ¿La que montaron los de… ambientales era?
—Buah, no me lo recuerdes… como me jodió no poder ir. ¿Estuvo bien?
—Bueno, la fiesta una mierda, lo típico de la barra libre de matarratas asqueroso. Pero…
—¿Entonces? ¿Qué pasó?
—Pues que Luis y yo… nos liamos — la sonrisa de Noelía se hace más amplia.
—Ah… ¿Y… y Luis te gusta entonces?
—Ay, no te había dicho nada porque… creía que no iba a llegar a nada.
—¿Crees que puede llegar a más?
—Hombre, eso espero… la verdad es que luego hemos quedado así que… ¡igual sí!
—Ah vaya… bueno, me alegro mucho por ti.
—¿En serio? No pareces muy contento…
—No, no, no es eso, es que me acabo de acordar, que tengo ahora laboratorio y si no voy el hijo de puta del profesor me la va a liar luego en la evaluación…
—¡Anda ya! Luego le cuentas cualquier milonga y ¡ya está!
—De verdad, tengo que irme corriendo — Pablo se bebe el resto del café de un trago y se levanta.
—Bueno vale, ¡ya te contaré qué tal con Luis y qué tal la peli!
—Sí, sí… claro. Venga, pásalo muy bien con Luis, ya hablaremos.

Pablo coge su mochila y sale de la cafetería de la universidad andando rápido. Noelia se queda mirando el DVD mientras sorbe de su café una vez más. Lo coje y mirá la sinopsis por detrás. Observa bien la portada y lo abre. Al hacerlo, un papel cae sobre la mesa. Noelia levanta una ceja. Es un folio doblado y dentro parece que tiene algo escrito. Los desdobla y empieza a leer lo que parece ser una carta.

“Hola Noelia,
No se muy bien como contarte esto, y como ya sabes que me expreso mejor por escrito que hablando, he preferido hacerlo por este medio… hace tres años que nos conocemos y casi desde el primer día…”

Ago 27

Haikus (II)

Podéis encontrar la primera parte ¡de hace cinco años! aquí

Los prados verdes
el tren anda despacio
venga cerveza

Foco fundido
No quiero estar solo
Regálame luz

Sudo el alcohol
Retumba el teclado
Nunca lo leerás

Swallow (Matsudo, Chiba, Japan)

Llega la tregua
Sin siquiera guerra
No más poesía

El Cantábrico
Mucho tiempo sin verte
La Melancolía

Viva ansiedad
En la noche te vienes
Déjame en paz

La puerta abierta
Nadie quiere colarse
Mejor la cierro

Mucha música
El disco gira y gira
Un buen lamento

Eres adulto
Disfruta de producir
Mejor te callas

Silencio doble
Se me olvida hablar
Soy muy estúpido

Lluvia por favor
Me siento desértico
Venga, hidrátame

Ago 19

Flashes

Acelero. Señales de límite de velocidad con diminutas bombillas rojas parpadean, pasan a mi lado borrosas, veloces. Mi vista se difumina en diluvios de rabia y dolor. Me deslumbran los flashes de todos los momentos en los que no supe moldear mi alma con palabras. “Expresión emocional” debería ser asignatura troncal desde la infancia. Pero no lo es. No lo es y yo soy un lactante el día del destete, con las pupilas dilatadas, llorando, buscando desesperadamente el pecho que ya nunca podrá tener. Madera de naufragio secándose bajo el sol de la costa, sin poder volver al mar. Soy un rayo encerrado en una jaula de Faraday. Luces a ambos lados de la carretera que me avisan de mi imprudencia. Fundido a negro que indica al público el final de la película. The End?
Macdonald-Cartier Bridge
El coche volcado sobre el asfalto. El cristal delantero roto. Las ruedas, aún en movimiento, iluminadas por la bombilla intermitente, naranja, de una farola que ha vivido demasiado. Estoy en el centro del foco de color cítrico, rodeado de destellos. Un río lento, rojo, espeso, sale de mi cuerpo acercándose a las líneas blancas que separan el asfalto de la muerte. No me puedo ir aún, pienso. No es que me importe llegar a la meta antes de lo esperado. Siempre fui de los que se van de las fiestas antes de que terminen, pero me sabe mal irme con tus lágrimas como último recuerdo.

“¡Llamad a una ambulancia!”, se escucha. Ya queda poco. Tengo público. Se han apresurado a bajar de sus vehículos para presenciar el espectáculo. Una voz alterada dice que no me preocupe, que todo va a ir bien. Es mentira, los espectadores lo saben. Lo han visto tantas veces que apostaría a que ya saben que mi personaje sobra en el programa. Un baile de morbosos faros de coche ha crecido alrededor de mi cuerpo. Insoportables sirenas acompañadas de azul y rojo se suman a la ceremonia de mi final. Cierro, por fin, los ojos y aún así el resplandor sigue en mis retinas.

Inconsciente. Reanimación. Sólo quiero mirarte otra vez, una última vez, con un gesto sonriente que dure para siempre. Que esa sonrisa sea sólo tuya, que no sea provocada ni por mi ni por nadie. Que la felicidad sea únicamente tuya. Es lo único que importa antes de que la existencia se convierta en polvo de estrellas para mi. Que tu sonrisa dure para siempre. Sería capaz de enfrentarme a La Muerte con una cuchara de madera por tí. Quizá ahora tenga la oportunidad de hacerlo. Gente con uniforme le hace algo a un cuerpo, que ya apenas reconozco, sobre el asfalto.
Treinta segundos clínicamente muerto. Lo siento. Esa combinación de dos palabras perdió el sentido hace mucho tiempo. Pero déjame decírtelo una vez más aunque no lo escuches, lo siento. Fue sin querer, pero solo he provocado dolor. Este es mi castigo, no hay dolor para mi. Un cadáver en la carretera, inerte, bañado por luces de colores, incapaz de sentir dolor. Justicia prosaica.

Un minuto clínicamente muerto. Huele a quemado. Quizá sea el coche ardiendo o la piel chamuscada. Es desagradable. Puede que este sea el olor del infierno. No sé a qué otro lugar pudiera ir. Trato de obviar el olor, de contrarrestarlo. Contigo. Con qué podría ser si no. Tu pelo rubio, largo, suelto, iluminado por el sol de invierno. Sólo una vez más. Respirar suave sin que te des cuenta, robarte el tacto evadiendo la resistencia del aire. Sólo una vez más. Media sonrisa onírica cuando entre sueños te das cuenta. Escalofríos producidos por miradas furtivas en noches donde se refleja en tu cara la luz de dos lunas enfrentadas. Sólo una vez más. Escalofríos eléctricos.

Un, dos, tres ¡Apártense! El cuerpo se estremece entre convulsiones. La espalda se arquea y los ojos muestran un blanco puro y sincero, de destellos en nieve virgen. Tus manos mágicas me agitan con solo un roce en mi erección. Tu boca me despoja de la lengua, ríos que se desbordan sin medida, hundiendo dedos y dejando náufragos en tu vello. En el lenguaje de la brisa del mar te susurro palabras de amor. Tus gemidos convierten mi cabeza en un amplificador de discoteca el día de nochevieja. Me rodeas el cuello entre tus piernas, mirándome fijamente a los ojos y yo te sostengo la mirada hasta que tu cuerpo tiembla, eléctrico. Un, dos, tres ¡Apártense!

Oficialmente muerto. Hora de la muerte las once y treinta y tres minutos de la noche. Pero lo escuchó. Algo no anda bien aquí. Quizá mi deseo se haya hecho realidad, quizá pueda esperar a verte sonreír una vez más. Nuestros deseos nunca se hicieron realidad. Esos deseos de los que tanto hablábamos al calor del insomnio. Sencillos como un olor a guiso en la cocina mientras se escuchan risas despreocupadas de niños en el salón en una mañana de domingo. La luz blanca entra filtrada por las cortinas y música con olor a viejo invade el ambiente. Lo veo como si todavía pudiera ser posible. Los fotógrafos hubiesen querido robarnos nuestras sonrisas. Pero mis viejos discos no serán heredados. Noto como mi alma está ahora encadenada al pasado, al presente y al futuro como la tierra al sol. Aunque he sido sacudido con un asteroide que no pude prever a tiempo.

Dos días muerto. El cuerpo, iluminado con una débil bombilla incandescente, es exhibido en una caja de madera, bien pulida y barnizada, sin ornamentos. Se encuentra vestido con un traje negro, sin corbata, sin adornos. Muy yo, tengo que admitir. Un cristal lo separa de la gente que circula en espirales concéntricas, como satélites, mientras relatan historias que jamás volverán a ser contadas. Las narraciones de un muerto que no fue nadie dejan de interesar tras el funeral. Ajena a las extrañas costumbres mortuorias, miras la mesa con canapés, coges uno y te lo acercas a la nariz. El olor impregna la casa. Sería muy atrevido decir que estamos cocinando. Tu te meces entre fogones y yo estorbo, lo estropeo todo, y aún así me animas a seguir. Me regalas la confianza que la vida me ha negado. Antes de conocerte nunca pasé de la tortilla, y contigo me atreví a todo, con más o menos éxito, pero me atreví. Una gota de aceite más para que la ensalada quede perfecta. Una gota de lluvia gris recorre tu mejilla mientras miras mi cuerpo de reojo, y yo, impotente, te rodeo con brazos que ya no existen.

Dos meses muerto. Una película me muestra toda la existencia pero no puedo más que mirar tus escenas. Te hablo en sueños, te susurro por las noches y te acaricio por las mañanas, pero no sirve de nada. Te miras en el espejo, angelical, casi divina, iluminada por la luz blanca, pálida, del baño. Te observas de arriba a abajo. Unos zapatos azabache te levantan un par de centímetros del suelo. El final de las medias está oculto por una falda azul oscuro que roza tus rodillas. Un escote en pico deja adivinar tus pechos redondeados bajo una camiseta marrón ajustada. El pintalabios rosa apenas se nota y la raya morada difuminada realza tus ojos marrones. El pelo rubio, aún húmedo, cae hasta rozarte los hombros. Le vas a encantar. A él y a cualquiera, como siempre. No le conoces demasiado pero te gusta. Podría llegar a ser especial. Yo sé que no lo será. Lo he visto. Ahí está, esperándote puntual como una hiena después de los leones. Un par de copas, y dos o tres bailes. Una copa más y el baile se torna horizontal. Eres una bailarina sobre el escenario de plumas y muelles cuyo rechinar nos acompaña a través del tiempo. Nos disfrutamos en colchones, en aviones, en suelos de paja y cemento. Te deseo en un tren y me deslizo en tu interior en los asientos de un autobús. Vuelo por habitaciones ajenas oliendo a latex dulzón un segundo antes de rendirnos al sueño. Cuando te despiertas, a tu lado no encuentras nada más que un pesado vacío de aire y el cenicero con una colilla aún caliente. No volverás a verle, susurro, mientras contemplo tu rostro de indiferencia. El muy cabrón al menos debió de tener la santa decencia de arroparte y cerrar la puerta al salir. No parece importarte. Eso está bien.

Un año muerto. Conversas con tus amigas, ríes y bromeas. Ellas no sospechan lo que puede haber dentro de tu cabeza, pero yo lo sé. Lo sé porque sigo aquí, observándote, en el centro de un potente foco de luz blanca. Tus amigas no miran más allá del chico guapo que te corteja. Pero he visto lo que pasa esta noche y ni tú ni ellas os podréis engañar más. Tus lágrimas correrán mientras te miro como a un jarrón de porcelana enviado a través de Correos. Que distinto fue cuando te sorprendí con historias de estrellas y aviones. De viajes al infinito. Me miras curiosa y yo aprovecho para besarte. A nuestro alrededor se apagan las luces y la gente se esfuma. Lo único que existe son nuestras lenguas. No quiero dormir, no puedo permitir que eso acabe. Noche tras noche fundimos el sudor y lo transformamos en un milagro con la llama de las velas como combustible. Él no te ha dicho que te quiere, ni te lo va a decir. Te habla de otra. Si pudiese volverme corpóreo dos minutos, me sobraría uno y medio para matarle de una paliza. Pero no puedo hacer nada ni por ti ni contra él. Te abrazo pero nunca podrás saberlo, porque estrictamente hablando, ya no tengo brazos.
Traffic Bokeh 2
Tres años muerto. En las películas siempre lo vi forzado, pero a ti te pasa de la manera más natural. Las mesas de la cafetería están ocupadas y él, sin ninguna intención oculta, te pregunta si sería una molestia que se sentara en la silla libre que hay en la mesa donde reposa tu café. El momento que hace que dejes de lado la lectura que devorabas no se demora. En media hora de charla te ha hecho reír un par de veces. Una risa sincera, como la de la primera noche, iluminados por luces estroboscópicas. Ries y yo pienso que es de mí, de mi borrachera. Tu sonrisa trastoca una noche que iba a pertenecer enteramente al alcohol. Me creo presa de un ridículo alcohólico y cuando estoy a punto de admitir que soy un payaso que perdió su nariz roja, me confirmas que no y yo siento que no puedo ser más feliz. Suena el teléfono, es él. Y al hablar en tu cara se dibuja una sonrisa. En la mía, si es que existe, sólo media.

Cinco años muerto. El sol de julio, colándose entre las hojas de los árboles, se refleja en tu pelo rubio. Paseáis de la mano. Mi tiempo aquí se está acabando. Habla contigo de mil cosas, trata de deshacer los nervios que llevas puestos. En un par de horas habrá centenares de personas escuchándote y te apuntarán todos los flashes.Te has convertido en alguien importante. Importante para el resto del mundo como lo fuiste para mí. Hay mucha gente que te admira y que espera ansiosa que les hables. Has conseguido un éxito que nunca te habías imaginado, pero aún te sigues poniendo nerviosa antes de una charla magistral. Y por eso él te acompaña y vacía tu mente con bromas e historias. Te ríes. Eres feliz. Te cuento infinidad de chistes malos y no podemos parar de reír. Las noches que empiezan con risas, continúan con sexo desbocado, y terminan en mañanas infinitas, azules, abrazados en la cama protegiéndonos del frío. Horas llenas de palabras y silencios, meciéndonos en duermevela. Gemidos y caricias, mis dedos te recorren como plumas mientras mantienes los ojos cerrados y la respiración pausada. Me susurras una canción y enciendes velas mirándome a los ojos. Destellos de luna en gotas de sudor que hacen carreras en tu piel. La misma luna que ahora te ilumina al salir del edificio en el que todos se han enamorado de ti. Te me escapas de entre los dedos. Soy un niño intentando retener la arena del fondo del mar en sus manos, mientras se disuelve en el agua, donde pertenece, donde brilla, el lugar donde es lo que tiene que ser. Sales fuera. Ya no tienes porqué estar nerviosa. Cada paso que das, me desvanezco un poco más. Eres feliz. Eres independiente. Has podido con todo lo que se te ha puesto por delante. Me alegro y de nuevo puedo volver a ser feliz yo. Se me escapa una lágrima justo antes de desaparecer, mientras las señales de velocidad pasan como gacelas a mi lado. Notas una gota que cae en tu mejilla. Miras al cielo, pero está despejado, cubierto por miles de pequeñas luces de parpadeo imperceptible. No les das importancia y sonríes.

Ago 13

Teo va al Sonorama

Teo está nervioso. Lleva todo el año esperando esta semana. Teo no tiene ningún plan que le haga tanta ilusión como este en todo el año. La verdad es que es el único que tiene. Teo tiene un poco de miedo la verdad, porque poco a poco las cosas van cambiando.

Pero a Teo le van a buscar en furgoneta a su casa y en cinco minutos ya se ha olvidado del resto de su vida. Los problemas de Teo se esfuman y sabe que no regresarán hasta una semana después.
Teo se come un cachopo. Teo abre una cerveza y piensa que aquello tiene que ser lo que llaman felicidad. Teo se pone el bañador y corre bajo los aspersores. Teo se ríe y le vienen recuerdos de los libros de “Teo va al campamento”. A Teo le acribillan los pies un par de mosquitos pero a Teo no le importa, Teo flipa porque su mayor problema sea una picadura. Teo duerme en el Barco Pirata del parque de atracciones, pero a Teo le importa poco.
Teo va con sus amiguitos a una casa en el campo y le parece increíble poder pasarlo tan bien con la madre de uno de sus amiguitos. Teo come mucho y bebe mucha cerveza.
Teo se vuelve a meter bajo los aspersores.
Teo vuelve a comer mucho, por primera vez sentado en el Lagar de Isilla (es uno de los sueños cumplidos de Teo, y es que sus sueños nunca han sido demasiado grandes). Teo vuelve a casa de nuevo feliz.
Teo se levanta con el estómago revuelto y lleno de gases, y es que Teo lleva mucho tiempo acostumbrado a comer poco. Pero a Teo se le pasan todos los males cuando llega a la Plaza del Rollo después de un rato (esta vez de pie) en el Lagar de Isilla. Teo ríe, Teo habla, Teo no recuerda nada de lo que le preocupaba tres días atrás, Teo bebe mucho vino y, después de lo que ha adelgazado, Teo puede estar más de un minuto al sol. Teo ríe, y ríe y ríe y no puede parar de reír y cuando no está riendo, está sonriendo. Teo hace mucho tiempo que no pasaba tanto tiempo sin sentirse mal. Teo hace cola para el baño. Teo es feliz viendo a sus amiguitos felices. Teo se cuela en la cola del autobús y cuando le increpan Teo reconoce que llevan razón y que a él no le gusta nada que se lo hagan y Teo hace la cola desde el principio.
Teo entra por primera vez al Sonorama para ver a Egon Soda. Teo como siempre, flipa y en algún momento que otro, Teo echa alguna lagrimilla. Teo es el único concierto al que entra en ese día, pero es que a Teo ya le agobia mucho la gente y prefiere estar con sus amiguitos.

Teo vuelve a la Plaza del Rollo y vuelve a sentirse igual de bien que el día anterior. Teo piensa que aquello no puede ser verdad, que tiene que haber algún truco (y Teo no se dará cuenta de que es así, pero no lo sabrá hasta al final, así que dejemos a Teo disfrutar).
Teo ve a L.A. y vuelve a echar otra lagrimilla. Teo sabe que las emociones están a flor de piel en el Sonorama y Teo, la verdad, es que no quiere luchar contra ello. Teo tiene charlas trascendentales como hacía mucho que no tenía y se da cuenta que le hacían mucha falta. Teo llora pero esta vez sin ningún concierto, pero sabe que eso no es malo. Teo ve a Viva Suecia y vuelve a sentir cosas muy especiales con ellos y no sabe bien que son. No es la primera vez. A Teo le gustaría poder conocerse un poco mejor para poder poner palabras a las cosas que siente. Pero no se preocupa de eso ahora, Teo baila y se desgañita cantando.

Teo va a ver a Joe Crepúsculo y Teo se lo pasa como un enano. Teo baila, baila, baila y grita. Teo está feliz. Tanto que Teo no ve el peligro de beberse seis botellas de sidra.
Teo se levanta como si le hubieran dado una paliza. Teo no puede ingerir sólidos. Teo se vuelve a dormir. Teo se acuerda de las seis botellas de sidra. Teo se da cuenta de que la fosa séptica de la casa en la que están está rebosando y lo pasa un poco mal. Teo va andando al Sonorama y por el camino se bebe un litro y medio de agua y otro litro y medio de Aquarius. Teo va a ver a Maga sin una mala cerveza y Teo no lo disfruta como otras veces porque no se encuentra demasiado bien. Aún así Teo vuelve a soltar lagrimita cuando tocan Diecinueve.

Teo va a ver a Punsetes y parece que empieza a remontar. A Teo le ofrecen un poco de vino y aquello sumado al conciertazo que se están dando Punsetes, revive.

Teo llega al final de Xoel y canta a grito pelado “El Amor Valiente”. Por primera vez Teo no lo canta al aire. Teo hacía mucho que no sonreía tanto.

Teo va a ver un poco de Izal y entre la masificación y que hace tiempo le dejaron de hacer gracia, Teo se aburre. Teo se vuelve a la furgoneta a beber cerveza. Teo con sus amiguitos empiezan a contar batallitas de los campamentos, como siempre. Teo piensa que ojalá pudiera volver a aquellos tiempos.
Teo vuelve a su residencia sonoramera y Teo pasa un rato de nuevo charlando. A Teo le encanta hablar y escuchar, pero últimamente Teo tiene pocas oportunidades para ello. Teo no quiere que aquello acabe nunca, pero está llegando a su final. Teo se va a dormir.
Teo se despierta de nuevo un poco jodido, pero a Teo le da igual, aunque sea durante una semana, ha sido feliz.
Teo vuelve a casa. Teo sabe que siempre es el momento más duro del año. Teo ha sido inmensamente feliz durante una semana, Teo ha sentido cosas que creía que no podía volver a sentir, Teo no sabe si arrepentirse de no haber dicho cosas que quería decir, pero Teo sabe que no sabe expresarse y que a veces es mejor callarse y que todo quede guay y no tener momentos incómodos. Teo pone una lavadora y se va dar un paseo de cuatro horas a treinta y cinco grados porque la casa se le viene encima. A Teo le gustaría poder vivir así todo el año aunque no llegase a los cuarenta. A Teo le gustaría poder decir las cosas que no se atreve a decir por no saber cómo decirlas y se conforma con un abrazo. Pero Teo sabe que con los años lo que quedan son los recuerdos, y esta semana ha sido una generadora de ellos, todos buenos.
Teo duerme solo un par de horas porque su cabeza está llena de pensamientos y sentimientos. Pero Teo sabe que aquello, mal que bien, pasará y que en unos días estará de nuevo deseando que pase rápido el año para volver a ser feliz.
Teo, intentando explicar un poco todo lo que lleva dentro, se pone a escribir.

Abr 02

La terraza

Iñaki abrió la puerta y salió a la terraza. Allí estaba Emma, apoyada en la barandilla, mirando el cielo de Madrid desde un décimo piso.

— Guau, vaya vistas que tiene Nico. Si lo sé salgo a fumar antes.

— Sí ¿eh? — respondió Emma sin desviar la mirada.
Tejados de Madrid

Iñaki se acercó a la barandilla mientras se liaba un cigarro. Cuando terminó y se lo acercó a los labios, Emma le miró ofreciéndole un mechero. Iñaki acercó la cara mientras ella lo encendía. Por un momento la luz del mechero iluminó sus miradas. Iñaki sonrió un momento y Emma volvió su mirada al infinito del cielo sin estrellas de Madrid.

— No has avisado a nadie cuando has salido a fumar. — El tono de Iñaki era claramente interrogatorio, como si quisiera saber algo pero sin atreverse a preguntar mientras miraba, igual que Emma, a un punto indeterminado de los tejados de la ciudad.

— Ya…

A Emma sólo le quedaban un par de caladas. Cogió una lata de cerveza que había posada en la mesa en la terraza y echó el resto del cigarro dentro.

— ¿Te importa que me haga uno de los tuyos?

Iñaki giró la cabeza hacía Emma, que ahora le estaba mirando. “Claro que no”, le dijo, y mientras con una mano sujetaba su cigarrillo, con la otra buscaba en sus bolsillos el tabaco de liar, el papel y las boquillas.

— La verdad es que me gusta más ese que los cigarros hechos — Emma le observaba mientras él sacaba el material.

— ¿Y cómo es que tienes de los normales? — Iñaki preguntaba mientras le acercaba con la mano a Emma el tabaco.

— No suelo fumar, pero hoy me apetecía y sólo he podido encontrar en una puta máquina de bar.

— Vaya…

Iñaki se volvió a apoyar en la barandilla mientras Emma se hacía el cigarro.

— Puedo… ¿puedo preguntarte una cosa?

— Claro — La voz de Emma se distorsionaba con la boquilla que tenía sujeta entre los labios mientras liaba el cigarro.

— Cuando hablamos y te dije que si querías que nos viéramos algún día a solas… ¿Por qué no me dijiste que no directamente?

— Toma — Emma le devolvió el tabaco y mientras se encendía el cigarrillo, volvió a mirar al infinito, suspirando.

Emma exhaló esa primera calada muy despacio. El silencio duró dos caladas más.

— Mira, es que no se que quieres que te diga… — por fin arrancó Emma.

— No sé…

Volvió el silencio. Iñaki parecía que iba a decir algo pero en su lugar volvía a llevarse el cigarrillo a los labios. Durante un par de caladas ambos parecían sincronizados.

— Es que… a ver — comenzó de nuevo a hablar Iñaki — pensé que igual podía surgir algo, no es que quisiera quedar solo por eso, me caes muy bien y tal… pero si no querías me lo podías haber dicho… — Emma cerró los ojos y suspiró — que si hubiéramos quedado solo como amigos, pues guay también, no es que quisiera quedar exclusivamente si fuese a pasar algo, no soy de esos, solo que me pareció…

— Te pareció — le interrumpió — como siempre a todos, te pareció. Joder, tío…

— ¿Qu… qué?

— Ese es tu problema, tu puto problema y el de todos joder. Te pareció, te pareció, creías que, pensaste que.

— No… no te entiendo.

— Que me caías bien joder, pero siempre lo puto mismo, una tía es maja con vosotros y ya os creéis que está flipando con vuestra mierda de cara.

Iñaki fumó un par de veces. Su mano temblaba ligeramente. Su pié empezó a repiquetear en el suelo. Su mirada seguía dirigida al infinito de los tejados de Madrid.

— Pero… pero… — de nuevo Iñaki empezó a hablar, con la voz entrecortada — no es eso, yo… no… ya te digo… no era solo… no era eso… ya te digo que como amigos…

— Como amigos pollas, Iñaki. Como amigos hoy me hubieses saludado al entrar en la fiesta y habríamos estado de risas. Como amigos no hubieras esperado a que estuviera sola para asaltarme con esta mierda, como amigos — la voz de Emma comenzó a quebrarse — te darías cuenta que si no te dije nada es porque me resulta violento e incómodo rechazarte y esperaba que, como amigos, resultando evidente esto, no vinieras a joderme con el tema. Como amigos pollas en vinagre, Iñaki. Quieres lo que quieres y ahora vienes a intentar hacerme sentir culpable a ver si así cae algo. Sois todos puto igual. Amigos y una mierda.

Emma tiró el cigarro al suelo, consumido solo a la mitad, y lo pisó mientras entraba de nuevo en el piso de Nico.