Jul 20

Cómo sobrevivir al Sonorama (Parte 1)

Hace ya once años que fui a mi primer Sonorama casi de casualidad. Recuerdo que allí vi por primera vez a Los Planetas en un concierto malísimo (por suerte el único malo que les he visto) y donde se pudo ver a Mogwai en Aranda de Duero. Parece increible ahora pero sí, los putos Mogwai en Aranda. Ha cambiado muchísimo desde 2005. Ha pasado por dos recintos de conciertos y tres de acampada y puedo decir que donde están ahora asentados es sin duda el mejor sitio. Pero bueno, este post no va sobre el Sonorama si no cómo sobrevivir a él. Aquí van los consejos que os doy, si sois primerizos los encontraréis muy útiles, y si lleváis varias ediciones espero que descubráis algo nuevo.

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Dónde y cuándo cagar (y en caso necesario, expulsar sólidos por otros orificios)
No nos engañemos, en cualquier festival en el que no estés alojado en un hotel/hostal/habitación cerca de la zona de conciertos, siempre te vas a encontrar con este dilema. Que hago con todo esto que rellena mis intestinos y está a punto de hacerme reventar. Bien, lo primero es la PREVISIÓN. Ya sé que no siempre funcionamos como un reloj pero es muy probable que te conozcas lo suficiente como para saber cuando vas a tener que ir. Juega con los tiempos que puedas forzar antes o aguantar después de tu hora all bran, y dependiendo del momento en el que creas que te será más conveniente, te aconsejo tres sitios:
Muy pronto en la mañana: Los Polyklyn de la acampada los limpian dos veces al día. Una por la mañana, sobre las seis o siete de la mañana (o al menos ese es mi recuerdo de escuchar el camión). Si eres rápido podrás entrar a un Polyklyn limpio, sin restos de… bueno, de nada y con olor a líquido azul que si bien no es agradable, no es el olor a… a lo que huele un baño portátil después de doce horas. Si no estás cerca de los baños será difícil que el ruido del camión te despierte. Lleva tu propio papel higiénico, no vayas a tener una sorpresa.
Media mañana, hora de comer o a la hora del café: búscate un bar en Aranda. Durante el día la movida está en el pueblo así que si eres capaz de encontrar un bar callejeando, antes de llegar al centro (porque en el centro estarán todos petados de gente haciendo cola para lo mismo que tú), habrás triunfado. Si no tienes más remedio que ir a alguno por el centro, ¡suerte! Si vas a ir a la piscina, es otra posibilidad, suelen estar decentes (aunque con cola también) pero recuerda: ¡lleva papel!
Primera hora de la tarde: cuando abren la zona de conciertos, los baños de dentro están recién limpios. En el momento que abran las puertas verás dos grupos de gente, los que corren al escenario a ver a su grupo favorito que tocan los primeros, y los que van corriendo a los baños. Tu decides a que grupo perteneces.

Si necesitas ir en cualquier otro momento… ¡suerte! Practica la semana de antes aguantando la respiración y ten a mano por si acaso (sólo por si acaso, eh), una caja de Fortasec.
Y si cuando entras a la tienda de campaña todo te empieza a dar vueltas y tienes que salir a “tomar el aire” y suavizar la garganta, por favor intenta llegar al baño (total, el olor ya te va a dar igual) o busca un árbol alejado de las tiendas del resto de la gente.

Qué llevar
Esto es quizá lo más complicado de un festival que ha pasado por toda la escala de temperaturas entre los 0 y los 40 grados a lo largo de los años. Así que te va a tocar llevar a la vez bañador y chanclas (te vayas a meter o no en la piscina, te tendrás que duchar en algún momento, no seas guarro) como un par de capas de abrigo (capas como una cebolla, no me refiero a que lleves capas como las de Ramonchu en nochevieja). Depende de lo friolero que seas, normalmente es suficiente con llevar una capa fina para temperaturas “normales” y otra algo más “forrada” por si algún día baja más de lo esperado. Hay quien se lleva abrigo directamente, pero en diez años sólo lo hubiese utilizado en uno de ellos (en su lugar utilicé lo de “cuatro copas equivalen a chupa de cuero”).

Lleva, por favor, linterna. Que luego nos pedís a los que la llevamos que os acompañemos a la tienda, que no sabéis donde está, que habéis perdido a vuestros amigos y que estáis borrachos y nos queréis mucho.
Llevad linterna y marcad vuestra tienda como ganado porque las buenas y precavidas personas no vamos a estar siempre disponibles para ti. (En realidad si que lo estaremos porque somos buenas personas y tal, pero si las lleváis mejor).
Rapiñar electricidad en los bares también es un clásico, pero si quieres ser un festivalero PRO y ser completamente independiente levantando la admiración de tus amigos, comprate una batería portátil con cuatro o cinco cargas.
Y no puedo enfatizar más esto: PAPEL HIGIÉNICO.
Por último, esto me parece tan básico que no se aún como hay gente que va a festivales sin ponerse unas putas zapatillas. Que sí, que tienes unos pies preciosos (no) y que hace calor y que unas sandalias o unas chanclas para pasar el día están bien… pues no. Que estamos de festival, va a a haber tierra, piedras, cristales… no lleves sandalias a menos que quieras un buen sida de pies.

Transporte
Aquí depende mucho de como hayas llegado a Aranda. Si has ido en transporte público, no te queda mucho más remedio que andar. De la acampada a los conciertos no hay problema, están al lado. Al centro de Aranda para pasar el día y ver los conciertos (y cagar, claro), hay un autobús que pone el Sonorama, pero en el tiempo que pasas esperándolo seguramente te haya dado tiempo a llegar andando (y a hacer un par de paradas estratégicas para cervecearte). Para ir a la piscina, ya si que es casi imprescindible coger el bus, porque está lejos y sobretodo la vuelta a la acampada, puede ser infernal.

Si has ido con tu coche o furgoneta, el consejo que te doy es que lo dejes lo más cerca que puedas de la puerta de acceso a la zona de conciertos ¿Por qué? Pues muy fácil. Esa posición estratégica junto con una nevera y unas bolsas de hielos pueden ahorrarte un par de euros. No os equivoqueis, estoy a favor de consumir dentro, sobretodo en este festival tan magníficamente montado (de hecho suelo gastarme bastante aún teniendo la nevera fuera), pero también está bien ahorrar un poquito. Sobre llevarlo a Aranda por el día, pues si pensas ir a la piscina, es lo suyo, pero prepárate para el infierno del aparcamiento. Eso sí, ten cuidado que el ambiente festivo invita a vinito por aquí, mini de cerveza por allá. A ver si vas a tener que dejar el coche y volverte a pata.

Comer en Aranda por el día

Es difícil aconsejar aquí, porque es muy difícil comer mal en Aranda. Quiero decir, si paras en un bar del que estén escapando ratas pues igual plantéate como eliges los sitios a los que vas, pero en casi cualquier bar que entres y pidas unas tapas, unos pinchos, un bocatilla, es jodido que sea malo. Por eso me encanta tanto este festival. Mi particular ruta, sobretodo por cercanía a la las Plazas del Trigo y del Rollo, empieza en el Lagar de Isilla, cerca de las dos plazas, con un ribera que haría babear a Homer y unos pinchos que… bueno, en fin, si no vais no os lo puedo describir. Si os quedáis con hambre, enfrente hay una galería comercial que se accede bajando unas escaleras, con un bar que tiene minis baratos y bocadillos más que aceptables. Al lado de El Lagar está la Heladería Muska para un postre perfecto si hace calor. No voy a decir que los helados de allí son mejores que en otros sitios, pero desde luego con el calor de sobremesa, saben mejor.

Las Plazas
Ay, las plazas. Que puedo decir de la Plaza del Trigo que no hayáis leído ya en múltiples artículos sobre el Sonorama. El último par de años quizá ya está un poco demasiado abarrotada, pero lo que se vive allí es digno de ver. Me imagino a los grupos pegándose por tocar allí, porque no es casualidad que varios grupos hayan dado sus conciertos allí justo antes de petarlo (por ejemplo Vetusta Morla o Izal). Cuidado que da la solana y a ver si os vais a deshidratar. En el Bar La Esquina preparan un kalimotxo con vino a granel que es excelente para mantenerse allí un ratito.

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Y si no te mola lo que hay en la Plaza del Trigo, pues a la Del Rollo. El primer año que pusieron DJs allí pensé que lo de “Plaza Del Rollo” era algún tipo de coña, pero no, se llama así, y no podría ponerle una mejor nomenclatura. Varias horas de fiesta con muy buen rollo, bares cerca y si te faltan hielos siempre hay gente maja que te prestan un par (a ver como se los devuelves luego). Mi consejo es Plaza Del Trigo, comer, y Plaza Del Rollo después hasta que vuelvas a la acampada o te vayas a la piscina, dependiendo de tus preferencias.

Cenar en el Sonorama
Con que hayas ido a un par de festivales, sabes lo que te puedes encontrar en la zona de conciertos. Gracias a Sinto que ya no se ponen los bocadilleros ilegales en la puerta porque a veces saliendo aquello tentaba mucho y las probabilidades de coger un sida de estómago eran inmensas.
Pero vamos a lo legal, dentro tienes los típicos puestos, bocadillos, hamburguesas, kebabs, arroz chino-tailandés y, mi preferido (que espero que este año esté también) un puesto argentino con carnes a la brasa con chimichurri y pizzas caseras al horno. Tan caseras que ves como la hacen delante tuya y por ello es una de las opciones más lentas y quizá con más cola. Como digo siempre, cena pronto y recena tarde, y ahórrate las colas.

Emborracharse o no
Un clásico dilema de todos los festivales. ¿Voy a saco como si tuviera quince años o me contengo un poco? Pues como contaba hace poco en Neupic, tu verás a lo que vas al Sonorama. Es muy posible que alguno de los días, hayas visto al 90% de los grupos más de dos o tres veces y quizá lo que quieras es un poco más de fiesta. ¡Adelante! pero recuerda que son cuatro jornadas y que aquí por el día no estás echándote la siesta (a no ser que te quieras perder el gran atractivo del Sonorama que es Aranda durante el día). En resumen, ten cuidado pero si quieres tomarte dos copas, estate tranquilo que seguramente ya hayas visto a Love Of Lesbian unas catorce veces. En otros festivales te dirías que te cortases, no sea que te levantes por la mañana y no recuerdes el concierto de no sé, por ejemplo, Depeche Mode (le pasó a un amigo).

Y hasta aquí la primera parte, pronto podréis disfrutar de la segunda parte de este artículo al que no váis a hacer ni puto caso porque, a ver, ya todos somos mayorcitos y nadie te dice que es lo que tienes que hacer en un festival (pero seguro que al Lagar de Isilla vas, eh capullo?)

Jun 27

La mirada de los mil metros

La mirada de los mil metros, originalmente en inglés la mirada de las 1000 yardas (Thousand-yard stare), es una frase acuñada para describir una mirada inerte, perpleja y desenfocada de un soldado o militar. La mirada de los mil metros es característica del trastorno de estrés post-traumático.” (vía wikipedia)
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El pasado viernes hicimos público desde Editorial Argonautas el comunicado que jamás hubiéramos querido publicar. Cerramos. Con rabia, nos hemos quedado sin más opciones. A nivel editorial, no es algo tan malo. Lo hemos intentado y a lo largo de un año (dos, si contamos con la revista) ha sido un bonito viaje, mucha gente increíble que ahora puedo llamar amigos, mucho esfuerzo, muchas risas, letras, imágenes, recuerdos… eso vale mucho. Porque hemos conseguido muchas cosas que no se podrán perder jamás y hemos luchado con uñas y dientes por sacar adelante en lo que creíamos. Y esa experiencia, vale mucho. Lo peor es tener que dejar sin distribución a estos autores tan cojonudos por los que hemos apostado.

Pero como en cualquier punto y a parte en la vida, después de una semana de despedidas, apoyos y abrazos, llega el momento de quedarse a solas con los pensamientos (toma lugar común). A solas con las reflexiones. Mirar atrás e intentar detectar el momento en el que te diste cuenta, a tu ya tardía edad, que esta era la vocación que tanto has buscado y que siempre se escondía bajo nieblas de futilidad profesional. Y ver como se te escapa, como se te escurre como arena entre las manos de un niño buceando en el mar, agarrándola en el fondo e intentado sacarla a la superficie, sin que se disuelva entre las olas y las corrientes. Pero la mano sale al sol vacía, apenas manchada con un poco de barro.

Y de repente, el silencio. Un silencio tan abrumador que no te deja ni dormir. Y no sabes que hacer. Llevas tanto tiempo en continuo movimiento, en una dirección que sabías que era la correcta, que no sabes como afrontar el muro que de repente se ha levantado delante de tus narices y que no puedes si no dar la vuelta y buscar otro camino. Y miras al horizonte con la mirada de los mil metros.

Sólo os puedo pedir una cosa. Podemos quejarnos mucho de la falta de ayudas y las trabas que ponen las administraciones para cualquier tipo de empresa nueva, más si cabe si te vas a dedicar a la cultura. Pero creo que el problema no está ahí. No ahí exclusivamente, entendedme. El problema gordo lo tenemos como sociedad y es que no valoramos una puta mierda la cultura.
Y aquí mi petición: comprad cultura. Quizá penséis (como yo durante mucho tiempo, no me salvo tampoco) que bah, que absurdo, esa gente del arte gana mucho dinero, y que me baje la última película de Stallone no le va a hacer ningún daño, y que me lea 50 sombras de grey bajado de un torrent que compila mil libros tampoco va a influir a E.L. James porque ya ha ganado mucho. Ok, de acuerdo. Pero, ¿y si en vez de bajarte la última de Stallone, utilizas ese tiempo en pagar dos o tres euros por una película en filmin o en otra plataforma? ¿Y si en vez de bajarte 50 sombras, buscas un libro que te interese de alguien poco conocido y se lo compras? ¿En serio es el problema que te vaya a costar quince euros? ¿De verdad? ¿Cuánto te costó la televisión que te compraste con todas esas funciones que no vas a utilizar jamás? ¿Y esa copa que te tomaste el último sábado, la entrada a esa discoteca? ¿Cuánto te costó el teléfono que llevas en el bolsillo y cuanto piensas que te va a durar? ¿Me dices, de verdad, que quince euros por un libro que podrás conservar toda la vida y que lleva el esfuerzo de tanta gente dentro que no te lo puedes ni imaginar, es mucho? ¿En tan baja estima tienes a la cultura? Porque una cosa os digo, estoy seguro de que no sabéis, pero ni de lejos, la enorme cantidad de trabajo, esfuerzo, gente implicada y tiempo que conlleva crear un producto cultural. Porque que no lo sepáis es la única opción coherente de que alguien diga que diez, quince, veinte… euros, es caro, en este caso, para un libro. Que no sepa todo lo que lleva hasta llegar a sus manos. Porque si no, no os creo. No os puedo creer cuando decís que la cultura es cara, ni cuando decís que debería ser gratis, así por arte de mágica (yo lo creo, pero por mis ideas políticas, la cultura debería ser completamente subvencionada por el estado, pero eso es un tema político con el que nos podemos complicar ya mucho)

Comprad cultura, comprad arte, y por favor, no lo devaluemos.

Y para finalizar, gracias a todos los que nos habéis apoyado, y a todos los que hasta el 29 de junio nos podéis seguiréis apoyando con un último esfuerzo aquí.

Os dejo con la canción que me inspiró el título del post, que habla de lo mismo pero en el plano de la música.
“Y un aplauso, ¿salimos o no? ¿seguimos o no?”

May 26

Festivales

Qué os puedo decir, yo en un festival soy feliz. Tanto que este año he invertido todos mis días de vacaciones para asistir a festivales por aquí y por allá, y los pocos días que me queden no podré ir a muchos más sitios porque me habré gastado el sueldo en ellos.
Podría contar historias, decenas, de festivales que demuestran que difícilmente encontraré otra actividad que me provoque tanto placer a lo largo del resto de mi vida.

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Como aquella historia del cantante que se cayó de espaldas flipándose en el escenario y lo que nos pudimos reír al verlo. No me puedo olvidar jamás de como llegué al mayor éxtasis de mi vida en el concierto de un Sonorama. Decir una y otra vez las veces que hemos llorado como bebés mientras sonaba algo especial. Insultar a unos y a otras por ser un coñazo. Hablar mal en primera fila del grupo de moda, única y exclusivamente para enfadar a los fans más acérrimos hasta el punto de estar a punto de recibir violencia fanática.
O anécdotas sobre aquel grupo de gente que conocimos un domingo a las siete de la mañana compartiendo el último mini de cerveza mientras el resto de gente se levantaba para recoger e irse. Hacer una guerra de ciruelas a traición y haciendo daño. Podría hablar sobre aquella chica de Teruel a la que salvamos de hacer de sujetavelas el resto de la noche. Puedo contar como me dio su teléfono después de unas horas riéndonos y de como todos los años pienso en llamarla de camino a ese mismo festival y nunca me atrevo.
También hay buenas historias del año que fuimos VIPs, cuando el ser VIP no se podía comprar, aquella de los gestos indecorosos desde la zona exclusiva a la gente que estaba fuera es muy buena.

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Historias de las veces que nos hemos cruzado con Enric, con Jota, con Ignatius o la vez que casi vomité encima de Cristina Pedroche. Puedo enumerar las veces que nos han pedido un favor porque “es que esa fiesta que lleváis sólo con alcohol no es normal”. El Red Bull, el Monster y cualquier otra bebida energética en cantidades absurdas para aprovisionarse de energía de una manera irracional y desmedida.
Puedo recordar toda la gente que hemos conocido y que luego no nos hemos acordado de sus caras, como aquella pareja del Sansan que nos reconoció meses después en el Sonorama, o esa otra pareja que me crucé por Madrid y me recordaba de un festival en Getafe, o también aquella en la que en un concierto vino una chica corriendo a saludarme porque hablamos un rato en otro festival y se acordaba de mi cara. Y los vecinos de furgoneta que nos encontramos un año tras otro. Esa gente que nos dice “¡Ey, los fiesteros de Fuenlabrada” al cruzarse con nosotros por Aranda de Duero. Salir en los videos resumen de los festivales liándola en la piscina, empezando una guerra de agua que nadie presente ha podido olvidar.
Algo que no suelo hacer fuera de un festival y rememoro de muchos de ellos, bailar. Bailar con Fatboy Slim en Bilbao y en Zaragoza, bailar con Triángulo de Amor Bizarro, bailar con Meneo, bailar con Novedades Carminha hasta que nos pregunten si somos familia suya o algo. Bailar. Cantar gritando a las tres de la mañana “¡ya descansarás en invierno!”. Gritarle a Guille Milkyway.

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Acampadas, hoteles y hostales. Ser el superhéroe con una linterna y la suficiente lucidez como para ayudar a los etílicos a encontrar el camino a su saco de dormir. Marcar un árbol como el propicio para desembuchar lo sobrante. Beber a escondidas dentro de un armario porque no se puede meter alcohol en el hotel. Que el dueño del hotel me confunda con un pizzero y encontrarle horas después observando interesado porno malo de tele local en la recepción, y que de nuevo, horas más tarde, entre en las habitaciones sin avisar. Dejar un rastro de papel higiénico solidificado y salir corriendo al entregar la llave.
Y las miraditas, las miraditas patéticas de intentos de ligar a lo largo y ancho de la geografía festivalera española, a cualquier hora del día y en cualquier estado mental, etílico o lisérgico. Aquellas chicas que salieron huyendo mientras me giraba para pedir una cerveza, aquellas que dijeron aquella frase de “Somos demasiado heterosexuales para vosotros”, la que me dio un teléfono falso y la que desapareció en cuanto consiguió un poco de hielo.
Siempre hay buenas historias que contar en los viajes, esa furgoneta que nos lleva y nos trae ya sea a las cuatro de la tarde o las cuatro de la mañana, esa furgo que se pasa del límite de cien. Autobuses cochambrosos y apestosos cuyos conductores se pierden y te hacen llegar tarde al primer concierto, trenes en los que se acaba la cerveza antes de las once de la mañana y del que sales corriendo para no perderte un grupo aún con las maletas.
Hablemos de plazas, la plaza del Trigo donde pudimos ver a la Virgen de Lourdes con lágrimas de vino, la del Rollo donde me destrocé el tobillo para dos semanas enteras y donde hemos visto todo lo que se puede hacer dentro de una piscina de plástico, o la plaza Arriaga donde aparece cerveza en tu mano sin saber de donde viene, como en una fiesta de los Simpsons.

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Hay otras que no son para todos los públicos, claro, como aquella de ir corriendo desnudo por un parking y de repente encontrarse con un antiguo compañero de trabajo vestido de mujer, o aquella de ducharse semidesnudos en un lavadero de coches, acabando alguno con moratones por el chorro de agua a presión. O todas esas en las que acabamos semidesnudos en algún concierto (en serio, nos tenemos que mirar lo de la desnudez y la música). Aquel Sonorama donde se pudieron ver la perseidas y no en el cielo. Las duchas heladas perfectas para la resaca, las duchas llenas de mierda, las duchas lamentables de hostales.
Los POLYKLYN y no puedo enfatizar esto lo suficiente, LOS POLYKLYN. Muchos y muy poco gratos recuerdos de esos baños portátiles que habitan en todos los festivales, salidos de los mismísimos lagos de azufre del infierno y donde entrar a partir de cierta hora sin soportar una arcada demuestra un valor y un coraje del que pocos pueden hacer gala.
Piscina. Un lujo que pocos festivales se han podido permitir pero que resucita y da vida. Siestas en el césped, baños medianamente limpios (desde luego, más que cualquier POLYKLYN), cervezas a la sombra de los árboles con brisa fresca, unos bocadillos y cualquier otra cosa que uno quiera tener para un pequeño momento de relax en la vorágine que es un festival. Y carne al aire. Mucha carne y cabezas dando vueltas.
Disfrazarse de “Lonely Boy” de los Black Keys, disfrazarse de Ignatius, convertirse en una manada de gente con camisas hawaianas o con camisetas de Númelo 8. Todo un festival queriendo hacerse fotos con la camiseta preocupantemente elástica de Nicolas Cage o una simple camiseta blanca del decathlon que supera todas las pruebas de resistencia que le ponemos.

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Y siempre, siempre, siempre, el Escenario Furgoneta. Esa furgoneta que cambiando de matrícula, no sólo nos ha llevado a nosotros, si no a quien necesitase un viaje de la gasolinera a la acampada, donde hemos encontrado intrusos, gente despistada que ha perdido a sus amigos e, incluso, garrafas de agua que nadie sabe para que se utilizan en un festival. El Escenario Furgoneta donde nos montamos en caballitos pony o creamos una fábrica de baile, donde tenemos “Too much”. Si alguna vez vais a un festival y veis a gente alrededor de una furgoneta, en el parking, dándolo todo como si fuese un escenario del festival, esos seremos nosotros.

¿Qué por qué me gasto las vacaciones y el dinero en los festivales? Porque en ellos soy feliz.

May 22

El progreso

“Yo creeré en El Progreso,
cuando vuelvas a darme un beso
tan difícil no será eso”
Sr. Chinarro – El Progreso.

Hace mucho tiempo que no escribo. No al menos regularmente. Este “maquillado” de web, página de facebook, etc, es una forma de intentar dar un empujón y obligarme a volver a mis mejores días, en los que el día raro era el día que no escribía nada.

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La falta de tiempo es una excusa, la razón tiene más que ver con una cuestión de agotamiento mental que arrastro desde hace muchos meses y que no ha conseguido remontar más que después de un pequeño periodo de vacaciones. Y creo que va todo directamente relacionado. Como contaba hace poco, me es difícil, muy difícil, expresarme si no es escribiendo. Y creo que eso ha colaborado en esta extenuación intelectual. No escribo porque estoy agotado, y como no escribo, me agoto más, porque no expresarse es a veces extenuante.

Así que aquí estoy decidido a volver a las andadas. Empezando, claro, por lo fácil, que es precisamente hablar de esto y titulándolo con música.

También os voy a explicar un poco el porqué de tanto cansancio y tan poco tiempo, que no es si no trabajar y trabajar y trabajar. Hace ya dos años, comencé una aventura llamada Revista Argonautas junto a mis dos compañeros de viaje, Elena y Bythepain. Con mucho esfuerzo, hemos estado sacando esa pieza de belleza bimensual hasta hoy, pero no pudimos conformarnos con ello y así, un año después nos embarcamos en una nueva aventura (algunos dicen que locura) de la Editorial Argonautas. Y hasta hoy, luchando por sacar adelante todo en lo que creemos. Es bonito promover la lectura de gente que sin duda, es mejor que yo escribiendo. Pero ahora me doy cuenta de que va siendo hora de retomar esta parte de mi, que es la que me dio pie a este viaje. Porque todo esto empezó por cruces de comentarios en estos blogs y bueno, en mi caso, El Progreso es parar un momento y retomar esto desde el principio.

Gracias por leer, y gracias a todos los que me seguís apoyando en mis locuras.

Mar 05

Canallitas

Cuando por primera vez lees a Bukowski, no puedes evitar desear ser ese canallita, al que retrata siempre su alter ego Chinaski. Hay, incluso, muchos que se lo creen, creen que son ese canallita que sufre por un trabajo de mierda y conquista a mujeres por aquí y por allí sin saber muy bien cómo, por ese halo de misterio de tipo interesante que no muestra sus sentimientos aunque se dejen adivinar en sus actos. El canallita fucker que desearía tener a alguien al lado pero mientras se tira lo que le dejen. El canallita que en el fondo es buena persona aunque trate a todo el mundo como un objeto porque, eh, no es su culpa, es el capitalismo, la sociedad, o lo que mierdas sea. Pues a ver, no. Ni lo soy, ni quiero serlo ni, perdonadme que os diga, lo sois vosotros.

En toda mi vida, (casi) nunca he tenido que trabajar con mis manos, no al menos para ganarme la vida. La mayoría de los trabajos físicos que he ejercido han sido de una manera completamente desinteresada. También es cierto que posiblemente, esos trabajo físicos han sido los que más me han recompensado en paz y tranquilidad mental. No te jode, normal, si acabas hecho papilla pues tienes una paz mental de la ostia, si no tienes ganas ni de pensar. Pero admitamoslo, tener la perspectiva de pasarme una vida de sufrimiento físico para poder comer me hace casi convulsionar. Que no significa que no lo haría si fuese necesario. Pero no, no soy ese Chinaski que se pasa el día levantando cajas para poder comprar una botella de whisky a la salida de la fábrica y caer inconsciente en algún barrio del suburbio. Podré caer inconsciente al salir del trabajo después de bajarme una botella entera, pero si me duele el pecho justo antes de dormir, es más que posible que sea por un ataque de ansiedad que por respirar humo de fábrica sin mascarilla.

Otra parte de los canallitas es el tema del ligoteo. Hay que follar mucho, ser muy macho, y demostrar que todo no es más que sexo, pero guardar un fondo en el que se atisben sentimientos, sobretodo de vacío porque no se encuentra esa persona que te llene, ese ideal de amor romántico que cada vez está más lejos de la realidad que vivimos. Nunca he entendido muy bien eso de hacer lo que quieres, conseguirlo, y después demostrar que no, que eso te pasa factura emocional, que tener una compañera (o compañero) sexual cada día es algo que, oh, duele mucho y que mal me siento. Pues o tienes una adicción o no sé porqué lo de darse martillazos en el dedo para luego quejarse de lo que duele el dedo roto. En la literatura queda muy bien, muy bonito y con aura romántica. Pero ey chavales, esto no es un libro.
Por mi parte, ya no quiero “ligar”. Podéis decir, eh, es fácil, nunca lo has hecho. Y es cierto, nunca he ligado, pero el caso es que gran parte de mi vida lo he intentando con nulo resultado, porque en situaciones que podría considerar de “ligar”, de repente llegaba la ansiedad (lo que aprendí después que era ansiedad, y en esos momentos retrataba como simple miedo) cuando intentaba siquiera acercarme a una chica en cualquier situación. Esa ansiedad no sólo se ha manifestado (ni se manifiesta) exclusivamente en esas situaciones. No es por el hecho de intentar “ligar”, es por intentar relacionarme con alguien a quien no conozco previamente.Y sinceramente… me alegro de ello. No, no me alegro de ser incapaz de entablar una conversación con unas u otras intenciones, claro. Es algo que me ha supuesto innumerables escollos que más o menos, voy superando cada día. Pero que ese problema me haya supuesto una barrera a la hora de “ligar” en el sentido de ir tratando a personas como la búsqueda de un producto con el que solventar un deseo, de eso es de lo que me alegro. Porque ahora comprendo que no es lo que quiero. No se me enfaden, no estoy emitiendo juicios morales de lo que hacéis los demás. Hablo de lo que yo no quiero.

Y por último, está el tema del misterio en el plano sentimental. ¿Un canallita tiene sentimientos? Sí, claro, pero se los calla. Sólo relucen en sus actos o en sus arrebatos violento-alcohólicos. Esto es algo que envidio. No el ser violento (que desgraciadamente cada vez lo soy más), si no el rollo de tener sentimientos y saber identificarlos. Jamás he reconocido nada que haya sentido que no sea muy obvio, como de película romántica o dramón de antena tres. Es difícil de creer, lo sé. Por eso soy casi completamente incapaz de hablar de mis sentimientos con nadie, ni con la persona que más confianza tenga en el mundo. Porque no sé verbalizarlos. No es que no tenga sentimientos. Estoy muy, muy lejos de ser una persona fría. Lo que no sé es identificarlos. Si se me saltan las lágrimas, sé que aquello debe de ser tristeza, claro. Si me sale una carcajada, aquello debe de ser alegría y si lo que más quiero es dar un puñetazo en la pared, pues igual es rabia, obvio. Ahora bien, el millón de grises que ahí entre medias, pues si no tiene una consecuencia física evidente, no me preguntes que me pasa y te cabrees si no te lo digo, porque es que no lo sé. Ojalá saberlo. La cantidad de movidas que me hubiese ahorrado no las cuentas con los dedos de una mano. Porque a ver, esto no es que no lo entendáis, es que no os lo creeis. Nunca nadie me ha aceptado un “no sé lo que me pasa” o un “no entiendo que siento” como respuesta. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que así como no soy capaz de identificar nada en mí, menos aún en el resto.
Si es difícil identificar qué me pasa cuando me falta el aire o los músculos de todo el cuerpo se me quedan rígidos, imagínate si todo eso te pasa a ti. Imagínate por un solo momento tener a alguien delante con signos inequívocos de algo que sabes que tiene que ser tristeza, cabreo, alegría, o cualquier otra cosa. Imagínate que ese alguien espera tu reacción, tu respuesta. Y no sabes que hacer. Pero ni por puto asomo.
Y por eso esa extraña fijación obsesiva por la música. Por encontrar uno tras otro nuevos grupos, nuevos temas. Nuevas letras que expliquen que coño es lo que me pasa. Hace algún tiempo, cuando la gente me preguntaba cosas, casi siempre respondía con canciones, es la forma fácil de poder identificar un sentimiento, con la música de otro. Ya casi no lo hago, implica demasiados malentendidos. Un sentimiento de una canción para mí puede ir diametralmente opuesto a lo que dice el tema en su letra, pero de nuevo, no sé como explicarlo. Así que a veces es mejor callarse a enseñar una canción que crees que transmite un “te echo de menos” pero que canta un “que te jodan”.

En fin, hay dos temas de los canallitas que sí. No todo va a ser negativo. Lo de la soledad, pues a ver, sí, muy a favor de eso. De echo ya hay muchas cosas que disfruto más solo que acompañado. Igual también tiene que ver el tema (de nuevo) de la ansiedad. Hacer algo contando con alguien implica que tarde o temprano van a existir diferencias. Y en ese caso poco más me queda que callarme y comérmelo porque claro, decir lo que pienso, discutir, esperar tener algo que deseo pero que entra en el conflicto con el deseo de otro… ansiedad. Y prefiero joderme a estar ansioso. Por eso muchas cosas, casi que mejor solo, como un canallita cuando le dicen que si le acompañan a algo. Pues mira, no, soy auto suficiente. Aunque esa no sea la razón, ni para el canallita ni para mi, pero ¿y lo bien que queda? ¿qué? Y luego está lo último. El alcoholismo. Ahí sí, ahí reconozco que soy un canallita. Completo y total.

Y así, amigos, es como se utiliza una excusa como la de los canallitas para intentar sacar con escalpelo de tinta lo que tienes en el pecho. Porque escribir, ay, escribir, es quizá la única forma en la que puedo expresarme sabiendo realmente que es lo que estoy diciendo.

Dic 23

Mi 2015 en música

De nuevo una lista de mierda de discos. Y ya se “oh, dónde está Sufjan Stevens!” “Oh, dónde está nosequien”. Pues es mi lista y hago lo que me sale del nacle y al final puedo hacer una lista de lo mejor que he escuchado este año. Y por suerte o desgracia, son todos grupos españoles (o catalanes, jijiji). El porqué de esto, pues no lo tengo muy claro ni yo, aunque intuyo por donde van los tiros. Pero poco importa para esta lista las razones, así que empiezo.

Y empiezo por las menciones especiales para los discos que no han cabido en esta lista (por no querer alargarla más, tampoco hay otra explicación). Y estos son “Paramales” de Xoel López. El gallego lo ha vuelto a hacer, pero esta vez no me ha robado tanto el corazón. Otro de los tres que se merecen mi mención especial es “Maraton” de Mujeres. Muy punki setentero y muy bailable. Si les podéis ver en directo, no lo dudéis. Y por último, “Nuevos Misterios” de Joe Crepúsculo. Ha estado presente en todas las festividades, nos ha costado mucho dinero en suelas de zapatillas, y no puedo parar de repetir “A FUEGO”.

Y ahora empiezo con el TOP propiamente, aclarando que del 1 al 4, todos podrían ser TOP 1, pero algún orden había que poner.

za-loloismo-lp
TOP 7: Za! – Loloismo
No es un disco apto para todos los públicos. Son dos locos haciendo cosas muy locas, y por eso me encantan.
TIP: El concepto “Loloismo” del que tanto se abusa en el mundillo del festivaleo, o más concretamente, de los que ya componen exclusivamente para ese mundillo, me parece brutal.
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Loloismo
“Loloismo, loloismo, yo te canto to lo mismo
lololololololoooooooo”

Egon Soda Dadnos precipicios
TOP 6: Egon Soda – Dadnos Precipicios
Infravalorados. Ese es el adjetivo que les pongo siempre. Su líder, Ricky Falkner, toca con infinidad de grupos (así como sus compañeros) y produce otros tantos, por eso quizá no tengan tanto tiempo para promocionarse. Y es una pena porque son maravillosos.
TIP: El disco lo sacaron justo después de separarse Standstill (donde era el bajista). Y cuando escuché a Enric Montefusco en “Roble Inverso” casi me da un infartito.
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Bueno, Averno
“Cuando eras inflamable y me abrasabas,
Cuando fuiste todo arrastre y grava,
Cuando eras inflamable,
toda llama.
Cuando eras inefable

pero estabas…”

the-new-raemon-oh-rompehielos
TOP 5: The New Raemon – Oh Rompehielos
Quizá es un poco subjetivo porque es evidente que ya conocía el título (y había visto el artwork marítimo) cuando lo escuché, pero el disco me da todo el ambiente de estar en un barco.
TIP: Ramón Rodríguez tiene la mano de sacar disco en el momento exacto en el que tengo una crisis existencial, y esta vez no podía ser menos.
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Quimera
“tus idas y venidas
me ponen enfermo…”


TOP 4: Nacho Vegas – Canciones populistas
Poco se puede decir aún de este disco, pues salió el 11 de diciembre y está muy dirigido a los tiempos políticos en los que vivimos. Lo que si que voy a decir es que este disco era MUY necesario, a pesar de que le va a costar unos cuantos fans.
TIP: “Amenme, soy un liberal” ahora parece escrita para Albert Rivera completamente. Pues esta canción se escribió hace dos años, atiendan.
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Canción para la PAH
“si la rosa cuando se abra nos perfumará la vida
si el amor me da un beso y yo me pongo a temblar
qué importancia tiene todo eso mientras haya un desahucio más…”

Hotel-Florida-Ricardo-Vicente
TOP 3: Ricardo Vicente – Hotel Florida
Ya había escuchado antes a Richi, tanto en solitario como con sus colaboraciones con New Raemon y Francisco Nixon, y me gustaba. Simplemente eso, me gustaba. Pero este disco, pues tiene algo, hay algo detrás que es casi imposible que resulte como una fuerza magnética que me hace ponerlo una y otra vez.
TIP: Una canción del disco, describe tan perfectamente una tarde que pase lejos, muy lejos de casa hace unos cuantos años, que me deja descolocado. Quiero decir, es que hasta dice el lugar y palabras que yo pude decir entonces… igual alguna noche me encontré con Richi borracho y no me acuerdo.
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Muriendo de frío
“Te voy a merecer aunque no pueda tenerte conmigo…”

mcenroe_rugen_las_flores-portada
TOP 2: McEnroe – Rugen las flores
Magia. Las letras de McEnroe son mágicas. Poesía envuelta en un rock suave sin muchas florituras para dejar protagonismo a la poesía.
TIP: Dos temas de este disco resumen de principio a fin mi 2015
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Rugen las flores
“Caerá la nieve en Manhattan, Lisboa por nuestras venas.
El día en que yo me acerque y tú quieras estar cerca…”


TOP 1: Pablo Und Destruktion – Vigorexia emocional
Poco se puede decir más que lo que ya dice el título. Este disco es una apisonadora, una amasijo de emociones inabarcable. Quizá por eso me identifico tanto con él. Nunca se me ha dado bien poner etiquetas, pero con este asturiano me va a ser imposible. Me gustaría ver como lo describen en las locuras de la rockdelux, imagino que aglutina términos como “ácido” “espacial” y “poesía dura”
TIP: Fue la banda sonora de gran parte de mi solitario viaje por asturias este año.
TEMÓN QUE TIENES QUE ESCUCHAR: Mis animales.
“Te quise y te prometí
darte mi alma y cumplí
porque te entregue nada…”

Y de regalo, os dejo !!!UNA LISTA CON LOS MEJORES TEMAZOS DE 2015!!! que la gocéis

Oct 08

Romper un silencio así ya tiene perdón


“Y un aplauso, ¿salimos o no? ¿Seguimos o no?”

Y dieciocho años después la respuesta ha sido finalmente no. Standstill se separan y no por previsto deja de ser algo triste-pero-no. Triste claro, porque lo que ha sido tanto para mí ya no está. Pero mejor eso que llegar a escuchar un día una canción y pensar que ya no son lo que fueron y que debían haberlo dejado hace tiempo.

Creo que hay pocas personas que entiendan lo que Standstill, su música, su actitud, han significado en mi vida y estas palabras no son más que un intento de expresarlo. Creo que no muy acertadamente, pero necesito intentarlo.

El sábado tres de octubre, Standstill empezaba su último concierto con una emoción que provocaba ojos vidriosos en Enric y el resto del grupo. “Si no paráis, no vamos a poder hacer esto” decía Enric emocionado como nunca le había visto en un escenario. Al terminar la ovación empezaban con “1, 2, 3, sombra”, el primer tema del disco que labró el principio de su éxito apabullante. Seguido de la que para mí, es su mejor canción, “Poema nº 3”.


“Es difícil de mirar, de explicar que vi el desastre, avanzando lentamente, negociando con mi suerte y no lo pude esquivar…”

Poema número tres, esa canción que escuchaba por primera vez en el Festimad de 2004, sin saber aún lo que iba a significar para mi, ni esa ni ninguna de esas canciones nuevas que tocaban allí. Yo tenía diecinueve años y por mucho que me gustasen Standstill no podía ni imaginar en cuantos momentos me iban a acompañar aquellos temas. Cumpleaños, amores, rupturas, crisis de ansiedad…

Siguió el concierto de despedida con temas de su último disco. Ese que muchos han dicho que no ha sido muy acertado y que siguiendo por ese camino, era normal que se separaran. Que equivocada está toda esa gente. “Dentro de la luz” ha sido un paso más en la evolución de Standstill. ¿Debía ser el último? Eso no es una decisión que deba tomar nadie salvo Standstill.


“Escondiendo esa pena insondable de quien ve demasiado, y no puede mentir, y aún así sonríe como un niño…”

Recuerdo que cuando salió el disco yo era de esos, que bueno, que después de “Vivalaguerra” y “Adelante Bonaparte” aquel disco parecía un bajón. Entonces llegó el Sonorama 2013 y Cénit. Aquello fue más que un concierto. Aquello fue algo más allá de los sentidos. Aquel momento fue un mantra que se mantuvo en lo más hondo de mi corazón tanto tiempo que no pude negar que aquel disco había rebasado los límites de la música y que no estaba completo sin haber disfrutado, al menos una vez, de aquel espectáculo en directo. Recuerdo que después tocaba Maga y The New Raemon y que por mucho que me gustasen, tuve que parar, no ir a verlos y reposar un poco. ¿Alguna vez habéis necesitado un tiempo de readaptación a la realidad después de asistir a un concierto? Por eso Standstill, para mí, van más allá de haber disfrutado mil veces con sus discos. Con Standstill he reído y he llorado, he abrazado, me he besado y me he enfadado. Que nadie venga a decirme que esto es sólo música porque lo siento, aquí no hay opiniones que valgan.

Retomando el concierto de despedida, siguieron con varios temas entre Bonaparte y Vivalaguerra. Y de nuevo los recuerdos iban más allá de simples conciertos. “Rooom” y “1, 2, 3, sol” son los dos espectáculos que, tengo que volver a decirlo, tuve la suerte de disfrutar en sendos pasos por Madrid. Con Vivalaguerra hicieron dos fechas de 1,2,3 Sol en Madrid y yo asistí a la primera de ellas. Me dejó tan descolocado que si no hubiese sido porque ya no había entradas, hubiese vuelto al día siguiente. Estábamos en el jardín de la casa de América, después de ver los teloneros de los que para bien o para mal, no guardo ningún recuerdo. No sabíamos muy bien que iba a pasar porque allí no parecía estar nada montado para Standstill y desde luego, nada para un espectáculo que se suponía íbamos a ver. Entonces apareció Ricky Lavado con un camping gas. “¿Me seguís por favor?” y nos dirigimos detrás de él hacia uno de los sótanos. Allí se colocó tras su batería en un extremo. En los otros extremos estaban el resto de Standstill y el público nos sentamos en el centro, entre ellos, en el suelo. Yo me quedé justo delante de Enric.

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Y por primera vez me hicieron sentir un pinchazo en el corazón… sin ni siquiera tocar una nota. Los primeros diez minutos de aquel concierto consistieron en la proyección del video “ex-Standstillders” donde antiguos miembros del grupo de su etapa hardcoreta relataban historias y razones para haber dejado aquello. Y así, con el corazón en un puño (no sé si podéis ver el video por internet, está el el DVD de “Diez años y una zanahoria”) empezaron a tocar los temas de Vivalaguerra, añadiendo al final, como no, Feliz en tu día, Poema nº 3 y alguno más de su disco homónimo ya en formato concierto normal, en un pequeño escenario que había en un rincón. Me gustaría explicaros lo que fue aquello, pero no puedo. Porque soy horrible describiendo sentimientos y lo que pasó en el sótano de la casa de América no se puede explicar con palabras.

Y con todos estos recuerdos, Standstill se despedían por primera vez. Apenas llegaban a la hora de concierto y habían salido muy rápido, todos sabíamos que iban a volver al escenario pero aún así coreamos su nombre, gritamos, silbamos y aplaudimos. Pero nadie se esperaba la sorpresa que tenían preparada. Empezaban los acordes de “Dead Man Picture” y mi corazón empezaba a latir tan rápido y tan fuerte que pensé que me iba a morir allí mismo. Y vaya forma de morir, no puedo imaginar una mejor. No podía ser más feliz en ese momento, o eso creía, cuando pensaba que aquel tema iba a ser un paréntesis y que regresarían a su repertorio en español con el siguiente tema. Y lo que siguió fue Let Them Burn, Two Minutes Song y dos canciones que me han acompañado tantísimo a lo largo de mi vida que no pude más que gritar con lágrimas en los ojos y lamentarme al día siguiente por las agujetas en el cuello. Ride Down The Slope (el gran principio de Memories Collector) y el momento donde supe que estaba viviendo una de las mejores noches de mi vida, Always Late.


“Don’t tell me about good reasons, let me heal myself
Anyway, tell my what’s the question?”

Era el año dos mil tres. Asistía por segunda vez en mi vida a un festival, el Festimad de Móstoles con dieciocho años. Yo era el típico metalero poser de aquellos años, con pelo largo, cadenas, collares de pinchos, vaqueros anchos y escuchando System of a Down, Rammstein, Hamlet, POD y otra serie de grupos bastante mediocres. Me flipaba la música, pero nada más. Aquello no tenía nada que ver con lo que sentía o dejaba de sentir como persona. Entonces asistí al concierto de Standstill, por consejo de alguien. No recuerdo exactamente quién fue que me los recomendó aunque estoy seguro que fue una de las dos personas más importantes en mi vida.

Debía de ser poco antes de que sacaran su disco homónimo y su setlist aún era casi completamente (o así lo recuerdo) de su etapa hardcore. No voy a mentir, no voy a decir que aquel concierto me provocó ninguna epifanía que cambió mi vida. Sería bonito para contarlo ahora, quedaría más guay, pero no fue así. Lo que pasó es que hubo algo en aquel concierto que me tocó. Aquello no era música burra sin más como lo que yo escuchaba. Había algo detrás que me llamaba. No sabía lo que era pero lo necesitaba. Y así me acerqué el mismo lunes después del Festimad a la tienda Tipo de Fuenlabrada, donde solía pasarme horas mirando CDs, para preguntar por aquel grupo que tanto me había llamado la atención.

El dependiente me contó que Standstill eran un grupo de Barcelona y que por aquel entonces tenían dos discos, que no los tenía en la tienda pero que podía pedirlos si dejaba una señal, y que si me gustaban como para comprar sus dos discos sólo conociéndolos en un concierto, debía de tener muy buen gusto porque, me contaba, Standstill tenía el mejor directo de la escena hardcore en España. Y así poco después empecé a escuchar The Ionic Spell y Memories Collector. Un tiempo después gracias a Soulseek encontré que tenían un primer EP de el que el dependiente de Tipo no me había hablado, The Tide.

Después de otra breve pausa, Standstill volvían al escenario para seguir con repertorio en español. Enric contaba, casi disculpándose, que el HxC era como habían empezado, que era parte de ellos y que en un concierto de despedida tenían que hacer lo que acaban de hacer. En ese momento me pareció que sobraba esa explicación, pero es cierto que el público de su última etapa es un público renovado de gente que escucha pop, indie o como lo queramos llamar, más que público evolucionado y reconvertido de su anterior etapa. En mi caso, soy de ese segundo grupo y no me hacía falta ninguna explicación porque sigo disfrutando de todos sus temas sin importar idiomas o estilos.

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Standstill ha sido siempre un reflejo de mi vida, que a su vez se reflejaba siempre en la música que escuchaba. Standstill evolucionó, del inglés al castellano, del hardcore al “””indie”””, de las letras directas y rabiosas a traducir esa rabia en construcciones más complejas. Casualmente o no, según Standstill iban cambiando yo iba cambiando. Sería muy atrevido decir que ellos son los que provocaron en mi esos cambios, pero lo que sí es cierto es que me enseñaban que la emoción no entendía de estilos, de anclarse en el pasado y de quedarse estático.

Con todo puedo decir que el concierto de despedida ha sido el mejor concierto que he visto de Standstill (Y no han sido pocos… ¿Quince? ¿Veinte?) porque Standstill siempre ha sido más sentimiento que música y esta vez la sala estaba a rebosar de sentimientos por parte de la banda y el público.

Y así es como siento transformarse un trocito de todo lo que he sido. No digo desaparecer porque Standstill nunca ha ido de borrar lo que fue y todos los recuerdos que lo componen. No me cabe duda que a parte de todos los proyectos que ya tenemos por parte del resto de miembros (Como por ejemplo, Egon Soda), Enric tendrá algo entre manos que volverá a hacernos sentir cosas que no sabíamos que llevábamos dentro.

Gracias Standstill por todo lo que me habéis dado, muchas veces a costa de vosotros mismos.

Gracias.


“Tanto que hacer aún ahí fuera…”

Feb 23

Perth

Park Bokeh
Siempre he estado en el lado más triste de la cama. En ese en el que las noches pasan más despacio, casi sin pasar. En ese lugar en el que lo más excitante que te mantiene despierto es un tirón en la espalda, en el omóplato, con la caja de ibuprofeno vacía y sin farmacias de guardia. Donde no lloran los niños ni ríen los adultos. El lado triste de la luna, el lado iluminado. Con banderas que apenas resisten la no-gravedad.
Latas de cerveza al lado de la cama, en la mesilla, en la mesa, en el suelo, en la cocina, al lado del ordenador y en la bolsa de basura que debí bajar hace tres días. El camión ya sólo pasa dos días a la semana. El resto de días hay que convivir con el alumínio. Con la basura. Con Diógenes. Con el lado más triste de la cama. Justo al lado de los bordes roídos de pizza.
Llévame al bosque donde no existe nada, donde todo es una broma de mal gusto, donde aún se pueden escuchar sirenas cantando en latín, gimiendo, gritando, comiéndose las uñas. Llévame al lado oscuro de la luna. Llévame al lado más triste de la cama.

Dic 17

A la deriva

Driftwood on Japser Lake
Abre una cerveza a las ocho de la mañana del domingo. Ocho. Mañana. Domingo. Abre una cerveza y pone alguna canción triste y mala en repetición infinita. No se siente demasiado mal por esa cerveza tan pronto en la mañana. Si la última copa te la tomaste a las seis y aún no te has ido a dormir, esa cerveza no es desayuno, es mantenimiento. Y eso es legal, ético y moral. El desayuno es para cuando uno se despierta.

Agradece no tener los ingredientes para enchufarse un bocadillo de lomo con queso. Eso sólo le haría estar un poquito más gordo de lo que ya está, un poquito más gordo de lo que le ha hecho la cerveza y la ansiedad. Un poquito más lejos de ser alguien que le guste a otra persona. En realidad, piensa, le da un poco igual. Lo mismo da un poco más de grasa por aquí o por allá. Al final resulta que es verdad eso de que la belleza está en el interior, y él es jodidamente feo. Feo y asqueroso. La canción triste vuelve a empezar, y él da un trago de la cerveza.

Mira la pantalla del teléfono no sabe muy bien porqué, que espera encontrar. Nada, claro. La pantalla está en negro, como si no tuviese batería. Que la tenga o no es algo irrelevante. El estado del teléfono es el mismo. Piensa que debería de hacer limpieza de contactos. Al fin y al cabo, por lo menos una decena son nombres de los que después de guardarlos no ha vuelto a saber nada. Y otros tanto de los que ni siquiera recuerda una cara. Pero no los borra por si acaso. ¿Y si un día recibe algún whatsapp y no sabe con qué nombre dirigirse a la susodicha? Vuelve a empezar la canción triste y los restos de la cerveza están ya calientes. Mejor, piensa, abre otra.

Piensa, piensa hasta que casi le duele la cabeza, qué es lo que ha hecho mal esta noche. Qué es lo que hace mal todas las noches. La respuesta fácil está delante de sus narices: todo el mundo es gilipollas. La respuesta difícil implica pensar sobre la actitud que ha llevado durante toda su vida. Por eso, claro, es la difícil. Se pregunta, una y otra vez, que ha fallado para que esa chica le de su teléfono, le acompañe a casa a las putas ocho de la mañana, y aún así no se haya quedado. Ella es gilipollas, la respuesta fácil es la que gana. Porque la respuesta difícil lo que implica es que el gilipollas es él. Y aunque en el fondo sepa que eso es lo que realmente pasa, se calla. Un poco absurdo ¿verdad? Se calla en un conversación consigo mismo, pero así es él. Se calla y maldice todos esos teléfonos de los que nunca volvió a saber nada. Y no volverá a saber nada de ningún número que lleve encima o de ninguno que pueda conseguir en el futuro. Tampoco es que quiera hacerlo. Seguramente si alguna le dijese “hola”, en ese momento borraría el número.

Porque eso no es lo suyo. Porque necesita la perfección, y si no cree tenerla entre las manos nunca podrá luchar por ella. Porque un polvo está bien pero ya no es lo que busca si no viene acompañado de algo más. El qué, aún no lo sabe. Y como no sabe qué es, no lo busca.

Y así, a las nueve de la mañana, se fuma un cigarro mirando por la ventana a un sol que no termina de salir. Da un último trago a la cerveza, para la canción triste y se acuesta después de cerrar las persiana. Se va a dormir deseando soñar con una luna llena que hace mucho que no se le muestra.

Oct 10

Retales de Japón

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30 de agosto,
Madrid.
Perdido (vuela),
un mar de piernas, shorts y faldas cortas (vuela),
demasiado aire acondicionado o demasiado poco (vuela),
las veo pasar; mirar pero no tocar (vuela),
Madrid, agosto, calor (vuela),
mira, todo lo que quieras, pero no toques (vuela).

11 o 12 de septiembre (Dependiendo de huso horario)
Boeing 777 Air France, sobrevolando Siberia.
Dos oportunidades que me demuestran lo que llevo meses diciendo. Acabaré convirtiéndome en la loca de los gatos.
Me atrevo a hacer un viaje a la otra puta punta del mundo y no soy capaz de articular más de un saludo para saber que me puede ofrecer mi ración individual de amistad. No soy capaz, pero mientras lo escribo. Ole yo. Quizá la solución a mi pavor a empezar una conversación, sería hacerme pasar por mudo. Así podría llevar siempre un cuadernito como este y hablar a la gente a base de notitas. La primera página diría algo así como “Soy mudo pero no entiendo lenguaje de signos”, no sea que nos llevemos una sorpresa desagradable.

12 de septiembre, 14:00.
Hikari Shinkansen entre Tokyo y Kyoto.

Shinkansen
“El hombre que no sabía dormir en los aviones”
El hombre que no sabía dormir en los aviones ahora estaba jodido. En los trenes sí que podía dormirse, y después de más de veinticuatro horas sin encontrar oniria, el sueño pega fuerte. El hombre que no sabía dormir en los aviones no se quiere dormir ahora porque seguro que se pasa la parada y esto no es el metro de Madrid.
El hombre que no sabía dormir en los aviones se siente un extraño y le gusta. Como dice Palahniuk, ser un hombre blanco de mediana edad te abre tantas puertas que aburre. Pero este no es su mundo de hombres blancos de mediana edad, es un extraño que destaca, un extraño que está muy perdido. Y le encanta.

13 de septiembre, 12:00
Santuario Heian, Kyoto.

Heian
Somos un setenta y cinco por ciento agua. Y quizá de ahí toda la fascinación, la atracción del ser humano por el agua. Queremos volver a lo que somos, al agua. La paz a la que se llega aquí, paseando entre y sobre el agua es parecida a la que siento cerca del mar, con las olas borrando las huellas. No sólo las mías.
Me parece fascinante la conexión con la naturaleza que se puede llegar a sentir en un entorno urbano. Aquí, hay algo, algo que no sé explicar por mucho que hable de aguas y mares. Así no voy a intentar explicarlo. Sólo vivirlo.

13 de septiembre, 22:00
Kabuki Guest House, Kyoto.
Creo que me estoy ajaponesando. Normalmente cuando, comiendo, alguien sorbe algo, en mi cabeza algo hace “click” y se me dispara una ira asesina desmesurada. Hoy he comido alrededor de decenas de japoneses sorbiendo como si lo fuesen a prohibir y oye, ni tan mal.

Ryoan

“A pedradas”
Ryōan-ji fue construido como una casa, para ser convertida años después en templo. Su mayor atracción es el jardín de rocas, que construyó el primer dueño de la casa. Se supone, se dice, que el jardín es como es y no de otra manera porque el dueño quería expresar algo, pero nadie sabe que es. La opinión más extendida es que es una representación de mar e islas. Demasiado sencillo ¿no? Pues bien, estando allí me he imaginado al tipo, rastrillando la arena de su jardín de rocas… y sólo con imaginar el sonido a mi cabeza ha venido la clara idea de olas chocando en orilla de una playa, ese suave sonido de fondo, casi ruido blanco… Me parece tan tan claro. Relacionado, por supuesto, con la idea que me rondaba esta mañana sobre la fascinación del ser humano con el agua.

14 de septiembre, 17:05
Fushimi Inari, Kyoto.

Fushimi Inari
Creo que me he pasado un poco. Me he hecho todo el monte Inari y ahora estoy chorreando sudor. La gente me mira raro. Bueno, más raro de lo normal aquí, que ya es. Antes de subir me ha pasado algo que podría calificar de lo mejor que llevo del viaje. Me ha asaltado un grupo de vejetes, que estaban practicando para su curso de inglés y que si podía perder un par de minutos para preguntarles algo. Así que, aprovechando que estábamos en Fushimi, he aprovechado para hacerles un par de preguntas sobre el sintoísmo que me han parecido curiosas estos dos días. Con la suerte de que los vejetes eran sintoístas y les ha hecho mucha ilusión.

“Turistas”
No soy turista,
soy viajero.
No hago fotos,
capturo momentos.
Vivo los viajes,
no los relatos.
No soy turista,
soy viajero.

15 de septiembre, 20:15
JR Terrace, Kyoto JR Station, Kyoto.

Kyoto Station
“Los depredadores de fotos”
Creo que soy el pionero en estudiar el comportamiento de esta peligrosa especie. Si bien hay documentación sobre ellos paralela a otros estudios, casi puedo asegurar que nadie ha hablado de ellos en profundidad. He pasado dos días rodeado, intentando pasar desapercibido, sintiendo una especie de miedo que nunca antes había sentido. Me es imposible describir el terror.
Da igual que sea con móvil, réflex, tablet. Cualquier intento de contemplar la belleza de algo durante más tiempo del necesario para tomar un par de fotos, les constará como una amenaza a su capacidad de pasarse un minuto pulsando un botón para irse corriendo a otro sitio y no dudan en aplicar estrategias de ataque pasivo como respirarte en el cuello o meter un poquito el codo para hacer sitio. La defensa es inútil, pero si se resiste los embistes durante un par de minutos, pronto se ponen nerviosos y corren a otro lugar donde dar más veces al botón de la cámara.
Es un comportamiento extraño pero no hay que olvidar que vivimos en una sociedad que lo que no quede reflejado en una imagen no ha existido. Por suerte aún quedan sitios como Sanjūsangen-dō o el castillo Mijo donde no aparecen. Está prohibido hacer fotos y eso les ahuyenta.

16 de septiembre, 11:10
Hiroshima Street Car, Hiroshima.
En los viajes siempre hay cosas que se cuentan y cosas que no. Los sentimientos en Hiroshima son de las que no.

16 de septiembre, 19:33
Shinkansen Hiroshima – Kyoto.

Miyajima
Ahí está en el pico de la segunda montaña más alta de la isla de Miyajima. El hombre que no sabía dormir en los aviones mira al mar, al olvido, a la distancia infinita, cuando de repente nota un golpecito en el hombro.
“¡Eh, tú!” Y el que habla es él.
– Así que subiendo en teleférico, ¿eh? ¿No sabes que eso es trampa?
– No tengo tiempo, ya sabes. Y aunque lo tuviese, sabes que ahora no sería capaz.
– Vaya excusa mierder.
– Es lo que hay.
– Es lo que hay y mira de lo que te ha servido. Ahora estas como una foca y sigues suspenso.
– Callate gilipollas.
– ¡Eh! ¡Eh! ¡No te insultes! ¿A qué vienen esas formas?
– Que te calles.
– En fin, haz lo que quieras, pero deja de aparentar que las cosas se te imponen cuando las eliges tú.

18 de septiembre, 11:43
Hikari shinkansen, Kyoto-Tokyo.

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No tengo muy claro que es, pero que en Kyoto en general y en los templos y monasterios sintoístas hay algo de espiritual y sagrado es irrebatible (sin ser yo nada de eso). Quizá por eso de que Sinto sea la propia naturaleza a la que hay que despertar antes de rezarle, de que todo lo sagrado esté completamente integrado con normalidad en la naturaleza.
Desde luego, esa “espiritualidad” o como queramos llamarlo no la he encontrado en los templos budistas. Ni anteriormente en ninguna catedral, mezquita o iglesia. Si bien los budistas son más impresionantes (como puede serlo una catedral), por contar casi todos con grandes y valiosas imágenes de las que carece el sintoísmo.

19 de septiembre, 23:26
Juyoh Hotel, Tokyo
No eres todo lo que dices
la fuerza no sólo se pierde por la boca.
Tienes el valor hasta que lo enturbia la realidad.
Deja de imaginar,
de pensar,
de contar historias que nunca vivirás.
Déjalo ya.
Para.

26 de septiembre, 20:53
Terminal internacional, aeropuerto Haneda, Tokyo.
Me encanta ver aviones despegar y aterrizar. Tan pesados y a la vez tan frágiles. Como una metáfora de… no sé. Sé que es una metáfora de algo peor aún no he encontrado el objeto.
Y aquí, a punto de despegar antes de lo esperado, la busco. Pero no se me va a ocurrir porque sólo puedo pensar en que cualquier viaje nos cambia hasta puntos que no sabremos hasta años después. Es lo único que me puede ocupar la cabeza. Tan cierto es que sé que viajes de hace mucho tiempo me cambiaron y me doy cuenta ahora. En este preciso instante.

Y el hombre que no sabía dormir en los aviones volvió a casa. Aunque quizá, el concepto de hogar cada vez sea más difuso.

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