Ago 24

El hombre invisible

No te acuerdas de mí porque ni siquiera me has visto. He pasado tantas veces por tu lado que no podrías reconocerme entre una multitud. Porque soy invisible. Ves que los perros ladran, los pájaros que vuelan bajo cambian su trayectoria, surgen huellas que parece que siempre han estado allí. No sabes de dónde vienen esos susurros que te ayudaron a tomar tal o cual decisión, de donde vino esa idea, o como sabías lo que iba a pasar. Piensas que estás loco cuando intentas racionalizar todo eso.

No sabes nada de eso y sin embargo lo has sabido siempre. El Hombre Invisible, tu ángel de la guarda, la sombra de una sombra imposible, la niebla matutína, los rayos de sol naranjas que te dan las buenas tardes, el color rosado de la contaminación vespertina, el horroroso monstruo necrófago de tus sueños, aquella ecuación sin resolver que se quedó olvidada en ese viejo y ya amarillento cuaderno, el sabor extraño en ese batido, la brisa que te erizó los cabellos en un ardiente día caminando sobre asfalto, esa bola de helado que parecía no terminarse nunca, el ulular de un pájaro desconocido que no te dejaba dormir, ese grito que te estremeció, esa nota que no quisiste escuchar nunca más, esa foto movida, ese trago amargo que no supiste si querías repetir, esa persona que tanto odiaste, aquella que tanto quisiste, esas estrellas que por más que las mirabas no formaban ninguna constelación, esa pared con la que te quisiste estampar la cabeza, esa película que no supiste muy bien como terminaba, ese personaje pazguato tan típico, ese chiste cruel que te sentiste culpable por reir.

Todo y nada. Ese, es El Hombre Invisible.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: