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Oct 16

Toronto I: Schiphol Odyssey

A unas tempranas tres de la mañana, salía de mi casa con rumbo al aeropuerto. Ilusión, nervios, ganas, miedo… todo se mezclaba a medida que la terminal 2 de Barajas aparecía. Y el día no empezaba del todo bien. Que si en esta maleta te sobran kilos, pero en esta te faltan, apartate ahí y haz lo que puedas, no ahí no, blablabla. Lo que me faltaba para los nervios. Al final haciendo un poco de trampa conseguí que pasarán las maletas sin problema después de un mal rato.

Por primera vez en mi historia de los controles de los aeropuertos, no me trataron como un delincuente. Pero canté victoria demasiado rápido… pero no me voy a adelantar a los acontecimientos. Una vez en el avión, empezó lo que puedo denominar el atiborramiento de KML. Si en un vuelo de dos horas te meten un desayuno, con zumo, café, bollería y sandwich, os podeis imaginar lo que ha sido el vuelo desde Amsterdam a Toronto.

Puntualmente llegaba el avión al aeropuerto holandés de Schiphol, con lo que iluso de mi, pensé que el transfer de un avión a otro sería pan comido, tenía 50 minutos. Se redujeron a 30, ya que el piloto nos hizo una ruta turística por todas las pistas del aeropuerto. Ya nervioso, miré a que puerta debía de dirigirme para coger el vuelo al destino final, Toronto. Bien, el primer avión nos deja en la terminal que está más a la izquierda y el de Toronto sale de, exactamente, el terminal que está justo en la otra punto. Alé, a correr. Las pantallas indicaban “Boarding”, los carteles, 20 minutos andando hasta la terminal, y a mi me quedaban 25 para que supuestamente saliese el avión.

Y como no, control de aduanas. Prácticamente, el amable policia, me ha insinuado que la razón de ir a Toronto era imigrar ilegalmente, y me ha echo sacar toda la documentación sobre el curso de inglés y el billete de vuelta. Ole sus cojones toreros. Por si fuera poco, el pasaporte, con lupa. Y no, no es una expresión, lo ha examinado con lupa. Y el vuelo que iba a salir. Y yo intentandole explicar al señor policia que no sabía explicarme bien y precisamente por eso vengo a estudiar inglés.

Una vez pasado el control, a correr. Pero oye, es una experiencia eso de correr en el aeropuerto mientras dicen tu nombre por megafonía, ¡te sientes como en una película! Una vez en el avión lo único reseñable es que me ha tocado un tio al lado que se ha tirado las ocho horas sorbiendose los mocos, que nos han seguido cebando, y que ¡Oh, viva mi suerte! se me ha destintado un pilot en la mano y después de quince o dicesiseis lavados aún tengo tres dedos completamente azules. ¡Maravilloso!

Después de esperar la maleta durante una hora, he llegado a la residencia como un señor señor. En limusina. Pero no os penseis una de estas largas con minibar y tal y tal, saliendo del aeropuerto me ha asaltado un hindú con turbante, que si buscaba Taxi. Pues sí amigo, sí. Y me ha llevado al suyo. Un mercedes deFeel like a Sir superlujo que en el costado ponía “Limo” (De lomousine, para los de la ESO). Al ver semejante aparato, me he parado en seco. “How much?” porque ya me veía que de montarme ahí se me acababa la pasta de los dos meses. Sorprendentemente el precio que ha dicho es el que ya me habían dicho que costaba un taxi del aeropuerto a la residencia, así que, a viajar como un señor se ha dicho.

En la residencia, he dado más vueltas que un tonto hasta que he conseguido la llave, la tarjeta de la lavandería, internet y demás. Todo ello aderezado con miradas raras cuando la gente me veía la mano azul. Y es que es algo que debe de impresionar…

Lo siguiente ha sido reconocimiento de aledaños de al residencia. Ha sido rápido. Hay Ikea, McDonalds, y otros tantos sitios de comida basura, iglesias de chinos, consultas de médicos chinos, y nada más. Nada. Igual un domingo me meto en una misa cristiana bautista de chinos. Curioso debe de ser desde luego…

Y me faltaba por supuesto la primera toma de contacto con el centro (Después de pelearme con el Metro y sus tickets, token y passes, que es y para que sirve cada uno), una merienda cena en el TIm Hortons (Una especie de Starbucks, pero en barato, gracias por la recomendación :D), y una búsqueda fallida de la manifestación del #15O, o he llegado tarde, o no la he sabido encontrar…

No he podido resistirme a entrar en el Apple Store, y bueno, imposible ver nada porque estaba lleno de niñatillos mirando su facebook y su hotmail (Con lo que he visto me da para un post en La Trinchera De Sistemas), pero me ha parecido impresionante ver la entrada de la Apple Store, LLENA completamente de post-its de colores con palabras para y por Steve Jobs… sin palabras.

Toronto Apple StoreMención especial para el Metro. En cuanto he entrado, me esperaba a Cody metiendo palos a El Gado, J, Jake, Sid… los que hayáis jugado al Final Fight os imaginais lo que digo, ¡los vagones del metro de Toronto están sacados del Final Fight!

Me ha faltado tomarme una cervecita, y me he quedado con las ganas, pero juntamos el pasar de los 30º de Madrid a los 5º de aquí, que llevo prácticamente 48 horas en las que he dormido 4 o 5 intervalos de 10 minutos, y que el único sitio que he encontrado tenía la barra llena de viejos borrachos (Y el primer día me parece pronto para tener anécdotas ya con viejos borrachos), ha echo que me volviese a la resi, a contaros todo esto, y a dormir de una vez por todas, que ya me da hasta vueltas la cabeza.

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