Nov 02

Toronto V: French Canada

Noche cerrada en Toronto y un bus morado nos esperaba. En él nos embarcabamos en un viaje de, al menos, ocho horas, en dirección a la zona canadiense de habla francesa. Primer destino: Québec. Como no, en el bus, españoles. A parte de otras nacionalidades claro, pero españoles siempre habrá por todos lados… eso sí, en este viaje, me perdonen el deje racista, he aprendido a odiar un poquito a los portugueses gracias a una pareja de egocéntricos papanatas que nos han echo esperar en todas y cada una de las paradas del bus. Vergüenza y falta de respeto, que nada tienen que ver con la nacionalidad, lo sé, pero como el resto no les iban a la zaga, en este viaje me permito la licencia.

Pero, al lio, como decía, primer destino, siete de la mañana en Québec. Un denso desayuno francés y a patear se ha dicho. Que decir de Québec, es una ciudad preciosa, con mucho encanto, amurallada, muy europea. Zonas verdes por todos lados, tiendas muy cucas (Una de chocolates que… podeis ver la foto de la nube de golosina recubierta de chocolate…), edificaciones en piedra, muchos sitios “fotografiables”…

¿Qué se ve desde la torre más alta de Québec? Québecentero. Con Toronto tiene más gracia...

 

¡Sanísimo!

El problema es que para los europeos, esto carece de sorpresa ninguna, es algo que ya hemos visto, más viejo, más grande y muchas veces. Pero por ejemplo los japoneses no salen de su asombro ante la arquitectura. Con esto no quiero decir que no sea bonito ni que no me gustara, todo lo contrario, sólo que no sorprende. Eso sí, algo que me pareció muy curioso, así como en Toronto (Y en casi todo Canadá) se pueden vislumbrar orgullosas banderas canadienses por todos lados, en Québec solo se ven banderas de Québec, y muchas. Y por lo que he podido saber, a raiz del idioma, opresión del pasado, etc. hay un fuerte movimiento independentista en la provincia, más aún en la capital…

¿Disneylandia?

Después de un poco de descanso en el Hotel, había que probar la fiesta Québeciana… y vaya si la probamos. Horas y horas en un Pub de rock con camareros vestidos de cowboys, inmersos en la noche, pero como el cometido de este blog no es explicar las fiestas… 😛

Después de dormir un par de escasas horas, eso sí, en cama ancha, partíamos a Montreal, la segunda ciudad más grande de Canadá después de Toronto. Lo primero que nos enseñaron es el estadio olímpico, algo de lo que parece ser están bastante orgullosos ya que a Canadá se le conoce principalmente por los juegos olímpicos de invierno, pero en este se celebraron los de verano. Después, un largo paseo por la zona antigua, parecida a la de Québec, y luego, por la zona nueva que me recordó, salvando las distancias, a algunos barrios de Londres. La influencia inglesa de la arquitectura es clara, pero a lo que me refiero es al ambiente, a eso-que-se-siente en una ciudad, no sabría muy bien como explicarlo. Por esta razón Montreal suele gustar más, tienes una zona antigua, como Québec, y contrastando la zona moderna (Como Toronto) pero con otro rollo que a primera vista (Estando un día no puedo opinar más) suele gustar más.

Ohhh que potito

Contraste...

De la noche de Montreal… no voy a decir nada, porque fue una soberana mierda. Nos trataron de estafar (De echo lo hicieron, aunque fuese 3$ solo), vimos cosas muy feas, pasamos algún mal rato… una pena, pero elegimos malos sitios y peores momentos. A destacar, la cena (Exquisita) que nos reservo nuestro guía Sean (Connery para los amigos xd) y con una amenísima charla durante la cena con el gran y todopoderoso “Mike The Bus Driver”. Un grande este señor.

Por último, nos quedaba la visita a la capital del Pais, Ottawa. El parlamento, muy bonito y tal pero… ya. No hay más. De tres horas nos sobraron dos… ¿A destacar? El postre típico, “Beavertails”. Se me cae la baba de volver a imaginarmelo…

Canadian Parlament

Beavertail... el postre favorito de Obama!!! True Story!

Y ya de vuelta a Toronto, por el camino paramos a hacer el tour en barco de “1ooo islands”, un montón de islas con sus casitas encima, en el río. La más impresionante, la isla-castillo.

De saldo, casas baratas en aguas internacionales HOYGA!

El castillo medievaaaaaal en la isla medievaaaaaaal

Y se acabó, vuelta a Toronto, a la escuela, a los perritos y la pasta y a la “rutina”.

Seguiremos informando.

Bye, French Canada...

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