Mar 07

El loco de los bares de carretera

"La Alpispa"

Extrovertido, melancólico y con un gran corazón triste.

Tiene sententa años y vive en un hostal de carretera, perdido en un punto kilométrico indeterminado de una carretera que conecta dos grandes ciudades preparadas para unas vacaciones estándar ideales para familias con 2,3 hijos y un perro. Le apasiona ver las vidas de la gente pasar.

El motivo que le llevó a vivir en aquel lugar no fue otro más que una triste historia en dos actos con introducción, nudo y sin ningún desenlace. Quizá por eso le gusta tanto intuir fugazmente las vidas de muertos cenantes en lo que les dura una cocacola, un bocadillo de jamón, un carajillo o una copa previa a un polvo de una noche, porque así nunca conoce ningún desenlace que él jamás tuvo.

Su áspera piel, su barba de tres días, su pelo alborotado, su ropa descuidada, sus ojos agrietados… todos y cada uno de sus rasgos que se pueden apreciar a simple vista manifiestan que hace mucho tiempo que perdió la esperanza de que la vida le trajese algo nuevo, algo para él, un final feliz de esos que prometen los libros y las películas de Disney justo después de la canción que lleva al climax final donde los guionistas eyaculan arco iris.

Se le puede ver haciendo doble turno en la barra del bar, con un chato de vino que siempre algún amable viajero le invita a recargar. Escucha historias sin final de todo aquel que las quiera contar, para narrarlas después en primera persona a quien las quiera escuchar.

Pero no importa todos los cuentos ajenos que narre, porque su biografía seguirá sin tener un desenlace, jamás.

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