Mar 27

La empatía del recuerdo musical

La memoria, esa capacidad de nuestro cerebro de retener una situación para poder recuperarla tiempo después, ya sea queriendo o despertada por algo que evoque a esos momentos recordados. En este caso, la música. Empatía, la capacidad de sentir lo que siente otra persona en un contexto dado. En este caso la persona es mi yo del pasado, cercano o lejano.
Vinyl Killer
Recuerdo aquella felicidad que me evoca ahora “Another day in paradise” de Phill Collins, cuando con una temprana edad jugaba con los coches y los Tente mientras mis padres escuchaban los vinilos a máximo volumen. Recuerdo como tiempo después, nos levantábamos alterados con “Du Hast” de Rammstein en los campamentos, como lo gozabamos y las historias que teniamos que nos hacían reir y llorar.

Aquellas tardes de sábado en una adolescencia pretendidamente rebelde, cuando no estaban mis padres y, antes de salir a beber Martini con Limón o 43 con Coca Cola y creernos muy malos, me pasaba horas gritando canciones de Linkin Park, Limp Bizkit y System of a Down. Los gritos no provenían de esa pseudorebeldía absurda. Necesitaba gritar, necesitaba saltar. Aún puedo sentirlo. Aún puedo transportarme a un lugar que después de todo sigue estando en el mismo sitio. Ahí está el salón, ahí están los CDs, aquí estoy yo. Aunque me rio porque nunca podría sentir nada como lo que me hacía sentir cosas como “Stay together for the kids” de Blink 182. Me rio porque si la escuchase ahora por primera vez seguramente no le daría la más mínima importancia, pero como cuando solía escucharla si que lo hacía, ahora hasta se me hace difícil dejar que termine sin notar un cierto vacío.

Pero los tiempos cambiaban, yo cambiaba, lo que escuchaba cambiaba. Y aún podría contar todas aquellas tardes de escuchar sin parar REM. Aún puedo sentir aquella noche donde el humo verde nos envolvía con el Repeat puesto en “Creep” de Radiohead. Una y otra y otra vez.

Aquellos días, los de Napster y Audiogalaxy, pegado al ordenador, cuando me descubrieron “Iris” de Goo Goo Dolls. Yo nunca fui bueno descubriendo música y normalmente el testigo lo recoge alguien de quien me fio más que de mi propio gusto. Mucho calor, mucha música, mucha pantalla de rayos catódicos parpadeante.

Las tardes de gritos y saltos se tornaron en tardes de encierro voluntario queriendo desaparecer con Radiohead. Me estremecía con la versión de “Hurt” por Jhonny Cash sin haber escuchado siquiera la original de NIN. Recuerdo comprar el CD en Dublin.

Recuerdo perfectamente, como si fuese ayer, aquella noche que me quedé dormido en el autobús, y en el paseo de veinte minutos de vuelta a casa me dio tiempo de escuchar un par de veces “La Copa De Europa” de Los Planetas. De echo mirando un calendario podría decir hasta el día de septiembre de 2009 que fue.

Nacho Vegas me trae tantos recuerdos, tantas sensaciones, que no podría decidirme por poner una canción y un momento.

Me acuerdo cuando tenía a una decena personas convencidas para ayudarme a grabar mi propia versión de un videoclip de Elefantes pero como siempre, lo mandé todo al garete. Recuerdo pasarme una semana recurriendo a la misma gente y viendo y escuchando una y otra vez “The sweetest thing” de U2 para pedir perdón al estilo de Bono, cambiando el tema por uno de Love of Lesbian, recorriendo una y otra vez el parque para atar cada segundo y como, al final, no lo pude hacer.

Tres días gritando “Amarga baja! Amarga baja!”. Subidón tras subidón que la soledad de la tienda de campaña o ciertos temas de Nacho Vegas se ocupaban de rebajar. Un verano escuchando “Eso está muy bien” rio arriba rio abajo y vuelta a empezar, durante horas todas las tardes, mirando El Reloj.

Recuerdo un miércoles, a seis mil cuarenta y cuatro coma cuarenta y seis kilómetros de distancia, cuando después de un mal día me descubrían un dueto de PJ Harvey con Thom Yorke, “This mess we’re in”, y me pasé toda la noche sin poder dormir escuchándola mientras miraba por la ventana. Una vez, y otra

Recuerdo mucha felicidad, sonrisas, carcajadas, más sonrisas y más felicidad. Tengo la suerte de que hay cientos de canciones que me evocan a momentos felices. A mis momentos más felices.

Y ahora me pregunto, después de pasarme gran parte del fin de semana escuchando “All my little words” de The Magnetic Fields, ¿Qué me evocará dentro de unos años? Ya que antes del viernes a las seis de la tarde cuando vi “Extraterrestre” de Vigalondo, película en la cual aparece la canción, no la conocía… ¿Me evocará el fin de semana? ¿La película? ¿Está época de mi vida? Sea como sea, espero poder responder.

Y si estais tan enfermos que quereis escuchar todas las canciones, en orden… os he preparado una playlist en youtube. Disfrutadla.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: