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Abr 25

El coleccionista de recuerdos

Memories Collector: Natalia and aunt's letter I
Conocí a aquel tipo un día gris, en una ciudad gris, en una temporada gris de mi vida. Yo me liaba un cigarrillo mirando correr el agua. Él pasó por mi lado. Me gustaría poder hacer una descripción detallada, pero ni siquiera su nombre se quedó grabado en mi memoria. Supongo que sólo recuerdo lo que él querría que recordase. Su imagen unicamente me evoca el color gris. Un tipo gris en un día gris. Me miró justo cuando una primera bocanada de humo salía despedida de mi boca. Yo tenía la mirada en el infinito y él cruzó sus ojos justo delante de los míos. Sentí un pequeño escalofrío y me asusté. Retiré la mirada para observar el suelo lleno de colillas y cáscaras de pipas.

Cuando me atreví a levantar la vista me lo encontré a mi lado, observándome. Con un tono amenazante le pregunté que cojones estaba haciendo mirándome de esa manera. Él me dijo que estuviese tranquilo, que sólo quería contarme algo y después se iba. Mi antisocialidad me obligaba a salir echando hostias de allí, pero algo me frenaba. Por alguna extraña razón deseaba quedarme y escuchar lo que quiera que fuese que me quisiera contar aquel chalado.

“Soy un coleccionista de recuerdos. Suena bastante loco, ¿Verdad? bueno, si me dejas terminar te lo podré demostrar. ¿Nunca has sentido que al mirar a alguien a los ojos, puedes llegar a tener un profundo conocimiento de su persona? ¿Alguna vez te ha pasado que al escudriñar las pupilas de alguien te encuentras sumergido en su propia alma? A todo el mundo le ha pasado alguna vez. Los coleccionistas de recuerdos llevamos eso a otro nivel. En realidad, con práctica, cualquier persona puede ser coleccionista, aunque es peligroso. Llega un punto que desconectas de tu propia vida, y ya sólo puedes vivir a través de los recuerdos de los demás. Eso me pasó a mí. Y ahora estoy condenado a llevar esta vida, coleccionando si no quiero morir por falta de alma propia. Porque el alma no es nada religioso ni espiritual, el alma está echa de recuerdos buenos y malos, y sin alma, te mueres. Hay un inconveniente, claro, y es que de una mirada sólo se pueden ver recuerdos, pero no coleccionarlos. Y para coleccionarlos, antes hay que robarlos. Mi existencia es miserable, y el único culpable soy yo, por eso, no pretendo robar los momentos felices de la vida de gente como tú, no, sólo pido un par de recuerdos que no vayas a echar en falta. Los recuerdos más miserables y horribles de tu vida, y al mirarte a los ojos, he visto que gastas unos pocos de ese tipo”

En aquel instante, pensé que era un jodido loco que se había escapado de algún manicomio. La ceniza de mi cigarrillo caía al suelo mientras yo me levantaba para irme. Entonces el tipo aquel se puso a relatar diferentes historias. Me volví a sentar, estaba describiendo mis más íntimos sentimientos en los momentos más horríficos de mi vida. Recuerdos escondidos en lo más profundo de mi ser, situaciones tan vergonzosas que nunca llegué a confesar a nadie. Cuando terminó me dijo que esos eran los recuerdos que me querría robar, que yo sería más feliz sin ellos. Así que acepté, le dejé mirarme a los ojos, le dejé llevarse un trozo de mi alma.

Sin alma te mueres, pero sin un pedazo de ella sientes que quieres morir. Un gran vacío, algo que no cuadra, algo que falla. Si busco entre mis recuerdos sólo encuentro momentos felices, pero para poder vivir feliz necesitas de esos momentos tan horribles, porque sin malos recuerdos quieres ser feliz pero ¿Feliz con respecto a qué? Así me convertí en un coleccionista de sueños, buscando malos recuerdos que encajen en mi alma que cada día se vacía más y más.

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