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May 10

Chico conoce Chica

Sexo
Esta es una historia típica de chico conoce chica. Bueno, quizá no tan típica. No os voy a mentir, no se conocieron cuando Chico le pidió si se podía sentar con Chica en una romántica cafetería del centro, no. Tampoco en la cola del cine, ni cuando sus manos se juntaron en la librería al coger el último libro de un escritor famoso para que después Chico se lo cediera gentilmente a Chica, tampoco. Esta historia no comienza como suelen empezar estas historias. No es clásica, no es tradicional. Quizá por eso merece la pena que sea contada, porque ya hay mucho escrito y filmado sobre ese tipo de parejas en las que después de unos cientos de páginas, o un par de horas de imágenes, por mucho que haya pasado, acaba con final feliz. Esta es una historia de nuestro tiempo. De gente que se siente vacía y busca rellenarse con lo que sea.

Nuestro protagonista es un tipo inteligente, un poco asocial forzoso. En su día, tuvo mucho éxito con las mujeres, pero entrada la treintena, se aburrió de seguir una y otra vez los mismos patrones y tácticas para acostarse con mujeres y al final sentirse vacío, un día tras otro. Y comenzó a retraerse en las noches, junto con una copa de Jameson y su mano. Así era mucho más fácil. Menos placentero sí, pero al menos su mano no le hacía sentirse como una mierda. Dejó de perseguir rubias tontas que sólo sabían hablar de las últimas noticias de la prensa rosa y morenas fabricadas en serie que basaban su vida en un trabajo sin futuro. Vacío, sí, pero sin esperar encontrar nada que no buscaba.

Chica era una fémina que vista por la calle jamás llamaba la atención. Era la “rara” de clase. A sus veinte años se había follado a unos cuantos compañeros de la universidad. No era difícil, la mayoría eran pajeros que se morían con tal de oler un coño real y Chica se aprovechó de eso. Pero hasta ahora no había conocido ni un sólo hombre a su altura. Tenía demasiadas inquietudes que a los chavales de su edad les sonaban a esperanto. Normalmente ellos se quedaban en la cama, a su lado, esperando por un segundo polvo. Chica comenzaba a hablar y ellos se acababan yendo, sin segundas partes. Además, ninguno consiguió que Chica se corriera. Siempre, después de un polvo, Chica se perdía entre sus dedos en la ducha imaginándose un hombre perfecto que al acabar de tirársela le hablase de nuevos mundos creados exclusivamente para Chica. Un día decidió exhibirse, en la bañera se desperdiciaban muchos gemidos. Al menos que alguien más los disfrutase.

En la primera escena de nuestra pequeña historia, podemos ver a Chico en su habitación, delante de su pantalla, frotándose por encima del pantalón. Poco a poco nos acercamos, un primer plano de su cara de excitación. Podemos notar que se está mordiendo el labio inferior. De ahí pasamos a fijarnos en la pantalla de su ordenador, donde la conoció. Allí está Chica, en una sala de chat con webcam. Chica se exhibe delante de cientos de pollas desconocidas sólo por placer. No busca ni ha buscado jamás un contacto real con ninguno de aquellos masturbadores crónicos. Le hace gracia como a pesar de que siempre deja claro que en su pantalla era lo más cerca que le van a ver, que jamás le tocarán más allá del frío tacto de un pixel, a cada minuto alguno le suplica que vaya a su casa. Los más atrevidos hasta ofrecen dinero. Chico observa a Chica desde su casa en silencio, con su cetro sagrado en la mano, y se imagina tomándola de la cintura y presionando fuerte. Restregando su aparato por todo su cuerpo. Diciéndole auténticas barbaridades al oído, escuchándola gemir. Hundiendo sus dedos en lo más profundo de sus entrañas, palpando, sintiendo el calor, la humedad, la excitación. Suplicando por experimentar su aliento entre sus nalgas. Pero Chico no se atreve a decirle nada a Chica. En la siguiente escena, unos días después, podemos ver a Chica rellenándose con dos barras de plástico, una azul y otra morada, con formas fálicas. Sonríe, gime, abre bien los ojos, respira fuerte y vuelve a empezar.

Esa noche a Chico no es su entrepierna lo único que le revienta. El corazón y la cabeza le van a dos mil. Chico hace un comentario ingenioso y Chica empieza a reír, tanto que de su cuerpo salen los dos falos de plástico disparados, pegajosos y resbaladizos. Y así se conocen y empiezan a hablar. En un rato, el resto de los asistentes al espectáculo tienen envidia de Chico, ya que el show se centra en él. Pocos días después deciden que deben de hablar lejos de miradas ajenas. Así que se mastuban por videoconferencia privada. Y después hablan, hablan mucho, de cualquier cosa, después se vuelven a tocar mirándose a los ojos a kilómetros de distancia. Chica jamás ha experimentado tanto placer como cuando Chico la mira. Chico nunca ha sido capaz de correrse tantas veces seguidas como cuando Chica le mira.

En este momento la banda sonora de la historia de Chico y Chica, podría ser “Closer” de NIN, o quizá podíamos ser un poco menos típicos y poner “030” de The Good The Bad. Imaginemos la escena, los dos follándose con la mirada. Chica imagina a Chico muy dentro, tan dentro que puede tocar el cielo con los dedos. Chico suspira por tener a Chica encima. Y gime, gime tan fuerte que los vecinos acaban excitados como hienas.

El próximo cuadro tiene lugar un par de meses después. Una cámara aérea se acerca a una ventana, la de la casa de Chico, hasta que dentro podemos ver a Chica reposando sobre sus rodillas y sus manos mientras Chico cabalga como un loco. Así pasan todo el día y toda la noche. Continuando después con sus largas charlas, interrumpidas ocasionalmente para un polvo en la ducha, otro en el sofá, o en el ascensor cuando Chico sale a acompañar a casa a Chica. Tres semanas después podemos verles a los dos en casa de Chica cuando Chico dice “Te quiero” al oído mientras está pegado a su espalda practicando sexo anal. Se queda quieto, con su pene erecto dentro del culo de Chica, palpitando, esperando para el gran final, los fuegos artificiales, el confeti. Chico piensa que la ha cagado, que en una relación basada en el sexo no cabe un te quiero, como unos minutos antes parecía que su poya no cabía en su ano. Chica dice que ella también, pero que eso no es razón para que pare. Añade un “cabrón” al final de la frase.

Tenemos que viajar tres meses en el tiempo para ver a Chica dar el “Sí, quiero” en un casino de Las Vegas. Si esta historia fuese clásica o típica, aquí acabaría todo. El plano se iría abriendo mientras empieza a sonar el tema final de la banda sonora, especialmente escogido para que la gente saliera de allí reconfortada. Fundido a negro. Pero por desgracia esto no es Hollywood. Y esta historia se alarga seis meses más y entonces se acaba. No importa de quien es la culpa, ni los porqués ni los cómos. Después de una sucesión tan intensa de echos llegamos a la última escena. La imagen está partida verticalmente. A la izquierda podemos ver a Chico en su casa, mirando al ordenador, buscándola entre desconocidas y no encontrándola. Vemos como Chico no puede volver a eyacular sin llorar después. A la derecha, tenemos a Chica, empezando a acariciarse por debajo de la ropa interior, suspirando por aquellas charlas. Descubre que el sexo no la excita ya si no es el preludio de una buena conversación. Y esta imagen, mientras poco a poco termina con fundido a negro, se acompaña de “Exit music” de Radiohead, para que sintamos que todos tenemos un poco de Chico y de Chica, para sentirnos mal después de haber disfrutado de la historia, para decirnos a nosotros mismos que la ficción pocas veces supera la realidad y que nosotros somos mejores porque no hacemos esas guarradas. Miramos a la persona que tenemos al lado y le decimos ¿Te ha gustado?. Nos dice que sí, pero que ha sido demasiado bestia, que los finales deberían ser felices siempre. Y decimos que sí. Incluso nos lo llegamos a creer.

2 comentarios

  1. XIII

    Genial y crudo. Como siempre. Me gustan las historias atípicas, porque son las reales, las que merecen ser contadas, las que crecen en nuestras entrañas, las que siempre recordamos y llenan nuestros vacíos.

    Un abrazo Santi.

    1. Santi

      ¡Gracias por el comentario!
      Como dice el narrador, ya hay demasiado escrito sobre historias típicas, sumado a los desvaríos que pasan por mi cabeza en todo momento… pues salen estas cosas!

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