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May 14

La desgracia de no conformarse


En los altavoces puedes escuchar el melancólico crepitar de la música en analógico mientras escribes en digital. Una voz que sale del vinilo te espeta en catalán que existen mil y un posibles finales, que las mutaciones de células son incontables y que no se puede parar. Que hagas una fiesta y celebres todo lo que te ha pasado.

Y tu te preguntas, ¿Celebrar? No puedes celebrar nada. El problema, gran problema de no poder conformarse, de no querer lo mínimo, de aspirar a lo más grande, a eso que te llena. Gran contrariedad, cuando ves un mundo lleno de conformistas y te dices una y otra vez que tu no quieres eso. No puedes aspirar a una vida en la meseta cuando has vivido en la montaña más alta, esa que ahora te hace despreciar con todo tu alma cualquier cordillera inferior. Ninguna te deja sin respiración. Menosprecias sus cumbres y vilipendias los caminos que suben a ellas. Y tienes miedo, mucho miedo de pensar que acabarás en el desierto a nivel del mar o incluso en las profundidades abisales si no tratas de escalar los ochocientos metros que hay delante de ti por mucho que no te guste, antes de que una marea alta te ahogue dejando sólo un cuerpo con olor a salitre devorado por los pájaros. Pero sólo hay una montaña que escalar y ya la dejaste impracticable.

“Confórmate con eso a lo que puedes aspirar” te dice una voz, desde dentro, desde fuera, desde el techo. Te lo susurran las hojas de los árboles, te lo runrunean los grandes ríos que tan sabiamente te aconsejaron en tiempos pasados, te lo escriben las blancas nubes en un cielo tan azul que mirarlo duele, te lo cantan unos y otros. Tú te tapas los oídos, cierras las persianas, cierras los ojos y te haces un ovillo en tu cama.

El vinilo ahora sólo emite el chasquido de la suciedad acumulada en el surco final. Te levantas hacia él, lo quitas y lo dejas en su funda. Observas tu colección y tu solución a todos tus problemas es que alguien te cante que tienes razón. Te sientes mejor cuando empatizas con versos escritos años atrás por gente parecida a ti, aunque sea físicamente. Y decides que, aunque te lleve la marea, nunca jamás te vas a conformar. Así que miras hacia delante, orgulloso de una decisión que te costará algo más que una vida entera. Siempre podrás echarle la culpa a la puta primavera.

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