«

»

May 23

Ninfomanía persecutoria

Relato originalmente publicado en “Cambio lo que sé por lo que ignoro” en el ciclo “Primavera Transtornada”
Gift Wraped(revisited)
“Te quiero follar como un animal”, es lo que me dice ella con una voz altamente sexual al otro lado de la línea. Y después cuelga. Esa es mi vida ahora, una vida que gira única y exclusivamente en torno al sexo. Ella tiene lo que su psiquiatra llamó “hipersexualidad” justo antes de que ella lo abandonara. Porqué empeñarse en combatir algo cuando te trae más placer del que jamás pudieras imaginar, mejor disfrutarlo mientras dure.

Estoy en el trabajo y los minutos pasan como si fuesen días mientras espero la hora de salida, la hora de mi salida, la hora en la que regreso a casa y me la encuentro desnuda deseando bajarme los pantalones. Después de esta llamada no me queda duda de que está masturbándose con alguno de los vibradores que hay repartidos por todas las habitaciones de la casa. La gente “normal” cuando no sabe que regalar, acaba regalando perfumes, flores, o cualquier otra cosa que denote un elevado desconocimiento el uno del otro. En esos casos yo le regalo poyas de plástico, o simplemente me unto la mía de chocolate y le doy de comer. En otras ocasiones lo que le regalo es un arnés especialmente adaptado para alguno de sus vibradores para que sea ella la que me folle a mí. Da igual todos los juguetes sexuales que posea, siempre necesita más y más. Aunque por desgracia para mí, con los hombres le pasa lo mismo, siempre necesita más y más.

Con estos pensamientos se me hace difícil concentrarme en mis tareas, mi erección se está chocando contra la parte baja de mi mesa y lo único que puedo pensar es en dársela a ella. Viene el jefe y me habla, yo asiento una y otra vez sin poder escucharle. Estoy hipnotizado por el deseo, hechizado por las imagenes de sus manos acariciándose, seducido con la idea de lo que me espera al llegar a casa.

Es la hora. Los límites de velocidad son para la gente que no quiere llegar, para todos los zombies que un día tras otro se dedican a vivir las vidas que les han enseñado a vivir, para esa gente que después de pasarse todo el día deseando morir echarán un polvo a sus parejas para correrse y poder dormir. Para mí no hay límites, es lo que ella me ha enseñado, no estamos limitados mas que por nuestra propia idea de que tenemos que limitarnos.

Sólo el echo de introducir la llave en la puerta me la pone más dura que una piedra de jade, porque sé lo que me espera. Puedo escuchar sus gemidos en el salón mientras mi cabeza empieza a dar vueltas. Me concentro en cerrar la puerta, no sería la primera vez que debido a la excitación la dejo abierta. Después de cerrarla me doy la vuelta, ella ha venido corriendo y está de rodillas justo delante de mi. En un segundo han caído al suelo las llaves, mis pantalones y mi ropa interior. Mi erección se encuentra rodeada de su saliva y su lengua se pasea desde mis testículos hasta el extremo de mi pene, despacio, muy muy despacio. Mientras tanto me mira a los ojos y clava sus uñas en mi trasero. Poco a poco va aumentando la velocidad de su lengua, hasta que empieza a mover su cabeza rítmicamente, alante, atrás, alante, atrás, alante, atrás…

Me he deshecho de mi camisa y allí ha quedado un día más en el suelo de la entrada. Para de chupar y empieza a besármela desde la puntita hasta enredarse con mi escaso pelaje. Beso a beso recorre mi vientre sin dejar de mirarme, sus ojos siguen clavados en los míos. Me encanta que me mire con esa cara de deseo y ella lo sabe, lo sabe muy bien. Estoy en el paraíso y en el infierno a la vez, puedo recorrer el universo en su mirada, puedo sentir la mano de Dios en sus propias manos, haciendo milagros a cada momento con cada uno de sus dedos. Su boca está inspeccionando mi ombligo y sus manos a la vez se recrean en mis caderas. Sé perfectamente lo que viene después, esos mordiscos en mis pezones que me ponen los ojos en blanco. No tiene prisa, le gusta torturarme de placer, le excita, y puedo olerlo. Ese maravilloso olor de su sexo, de su excitación. Podría correrme sólo oliéndola. Aunque mi nariz no esté cerca de su clitoris, llega hasta mí en una excitante corriente de aire denso. Si hicieran los ambientadores con este olor la gente sería mucho más feliz… y se pasarían el día empalmados.

Por fin me besa, por fin me agarra la poya. Su lengua empieza a jugar con la mía. Al principio sólo se tocan los extremos para después recorrer mi lengua con la puntita de la suya, por arriba, por abajo, la rodea. Mientras, su mano sigue firme, sin moverse, apretando fuerte, dejándome sus dedos marcados. Empiezo a corresponderla y bajo mi mano derecha hasta su pubis. La dejo allí quieta, mientras siento la suya, mientras sentimos nuestras lenguas. Noto su calor con mi mano, una elevada temperatura. Tiene el trópico entre las piernas. Separo mi lengua de la suya para susurrarla al oído que estoy deseando llenar de saliva bajo su ecuador, llenar mi lengua de ella. Con suaves besos bajo y allí me encuentro su sexo, lo huelo, respiro fuerte, me embriago de su amor, aguanto un poco más, quiero que ella me lo pida, que me lo grité, que me agarre la cabeza y me la incruste en su entrepierna. Y lo hace, y yo intento darle las gracias pero no puedo, mi boca entera está ocupada. Le tiemblan las piernas. En esta posición, va andando hacía atrás, hacía el salón. Mi boca sigue pegada a ella, yo me arrastro de rodillas como si fuese un perro.
♥ My PinUp ♥
Cuando llega al sofá abre sus piernas mientras yo me levanto y me preparo para embestirla una y otra vez, hasta que los dos estemos tan exhaustos como para no poder ni hablar. Y así lo hago. Ella grita, yo gimo, no paro durante diez minutos seguidos. Me tira del pelo hacía su cara para que la bese, me tira tan fuerte que pego un pequeño grito de dolor. Es muy violenta, pero me da igual. Estamos chorreando de sudor. Ella está chorreando algo más. Estamos a punto de reventar y reventamos. Caemos sobre el sofa. Nos damos un beso. La propongo ir a la cama a descansar un poco hasta la hora de la cena y ella acepta. Y yo aún me lo sigo creyendo. Después de diez minutos, estoy en un estado de duermevela a punto de quedarme profundamente dormido cuando noto que ella se levanta de la cama. Este es el momento en que acaba su enfermedad y empieza la mía. Cuando muere mi excitación surge la paranoia. Duermo.

Me asaltan pesadillas en las que ella acaba dejándome por irse a una casa llena de tíos buenos que se la follan por turnos de dos. Pesadillas en las que no usa condón con los demás como me dice y en el que acabamos muriéndonos de una enfermedad extrañísima. Delírios paranóicos inacabables para mis horas de sueño, ojalá se quedasen ahí. Me despierto. Oigo gemidos en el salón. Gemidos de hombre. Tengo hambre.

Me dirigo hacia la cocina y cuando paso por el salón el tio pone cara de horror. Vaya, otro al que no le ha contado nada, y al pobre se le acaba de bajar toda la erección al verme. Ella se rie y me acusa de haberle cortado el rollo. Y vuelve a reír. Hay veces que son varios los que están con ella, otras veces son chicas, y otras veces me apunto a la fiesta. Un trío, un cuarteto… tener una pareja bisexual y liberal dicen que es el sueño de todo hombre. No voy a mentir, las primeras veces que haces un trío es bastante divertido y excitante, pero poco a poco todo eso se va transformando en más paranoia, en que las posibilidades de que encuentre a alguien mejor que tú se multiplican por dos. De la fantasía a la paranoia en dos cómodos plazos. Debería de tomarme mi medicación.

Sigo andando hacía la cocina. Le digo que voy a cenar. Ella dice algo, creo que quiere que espere diez minutos a que termine para cenar conmigo, pero como está intentando levantársela otra vez a ese tipo, es difícil entenderla. Llego a la cocina, pongo el televisor, me siento y espero. Espero a que ella termine mientras por mi cabeza pasan imagenes de como me va a decir que lo nuestro se ha acabado mientras se va con el tipo que se la está tirando ahora mismo, como vamos a descubrir que nos vamos a morir dentro de poco por una enfermedad rarísima o como se cansará de mí cuando yo no pueda darle todo lo que ella necesita de mí. Esta es mi vida ahora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>