May 26

Soy el cerebro melancólico de Jack

Meu Cerebro
“Atención, todos los impulsos eléctricos a sus puestos, repito, todos los impulsos eléctricos a sus puestos”. Por megafonía nos convocaban a todos para que estuviésemos preparados. Me tocaba turno en el oído de Jack. Es un buen puesto, en días como aquel se trabaja bastante. Jack se dirigía a un concierto y es una ocasión en la que si te toca en una célula ciliada del odio, sabes que se avecina una noche larga de carreras por el nervio auditivo hasta el cerebro, para luego dirigirte a donde quiera que las neuronas te quieran mandar, y de vuelta al oído. Sólo hay un puesto más duro que ese, y es que te destinen a los nervios del pene durante el sexo. Eso si que es agotador, el camino más largo transportando las sensaciones más intensas.

Recuerdo una vez que me tocó allí, madre mía, me pasé dos o tres horas sin parar. Nunca sabré lo que pasó allí, a no ser que logre ascender a un puesto que me permita reconstruir imágenes, sensaciones y recuerdos ordenados, pero cada imagen que llevé bajo el brazo, cada emoción que trasladé al cerebro, cada representación de un momento… todo parecía nuevo e increíble, nada similar a las cosas que había transportado en otros órganos, excepto quizá las noches de concierto. Fué muy duro pero mereció la pena, creo que es lo más cerca que he estado nunca de saber que es ser un humano. Por suerte o desgracia para nosotros, hace ya un tiempo que allí sólo se hacen guardias en las que nunca pasa nada. ¿Por qué? Eso no lo podemos saber, esas cosas sólo las saben los jefazos ubicados en las neuronas. Nosotros apenas conocemos fragmentos del mundo exterior, únicamente las imágenes y sensaciones que llevamos de un lado a otro en cada momento.

Pues allí estaba yo en las ciliadas charlando con otros impulsos mientras esperaba alguna orden. A mi me suelen reservar para mensajes importantes de alta prioridad, ya que soy uno de los más veteranos del cerebro de Jack. Entonces allí llegó, era una melodía que parecía de bastante importancia. Sea cual fuese la reacción, debería de ir acompasada, así que fui el elegido para llevarla hasta el cerebro. Aquella célula que me estaba traduciendo la melodía en bits que yo pudiese llevar hasta una neurona, me comentó que tuviese cuidado, que las informaciones que llegaban eran confusas, lo que significaba que Jack podía estar por su segunda o tercera cerveza. Perfecto, un mensaje importante y me iba a tener que enfrentar a unas cuantas putas moléculas de alcohol intentando dirigirme a otro lado o tergiversar mi mensaje.

Ya estaba todo perfectamente codificado y listo, así que comencé mi vertiginosa carrera por la red nerviosa de Jack. En unas micras de segundo, habiendo evitado un par de moléculas de alcohol que intentaron molestarme, me planté delante del impulso que me correspondía, ese que controlaba un par de neuronas a su antojo. Como siempre hacen esos gilipollas, me miró como si mi trabajo no fuese importante, como si lo único que importase fuesen sus datos, como si las conexiones y los que las hacíamos posibles fuésemos perros. Pasé la melodía codificada a sus neuronas y con un un chisporroteo eléctrico empezaron a trabajar. Tardaron una eternidad, casi llegaron al medio segundo, lo que significaba que ciertamente esa melodía iba a despertar cantidad de cosas en Jack. Yo esperaba que Jack que no hubiese bebido más.

Cuando las neuronas me pasaron el primer mensaje, comencé presto el camino a mi nuevo destino, el corazón. Sí que debía ser algo que le trajese un montón de recuerdos, porque son esas las ocasiones en las que debemos acelerarle el corazón. Lo que hubiese dado por saber que estaba pasando por todas esas neuronas repletas de imágenes. ¿Qué le estaría recordando aquella melodía? ¿Quizá aquel beso que me llevó a viajar de su lengua a sus testículos? ¿Aquella tarde de sexo sin freno que antes he contado? ¿O quizá a algún concierto anterior en el cual me tocó llevar tantas percepciones desde los capilares desde los dedos de las manos? Pensaba que quizá el siguiente viaje podría aclararme algo, así que veloz, dejé al corazón a altas pulsaciones para estar enseguida de vuelta en aquellas neuronas asignadas a la melodía, preparado para descubrir cual sería mi siguiente viaje.
A los ojos. A excitar a los lacrimales. Eso no tenía buena pinta, se decía que las lágrimas no suelen ser buenas, pero nosotros eso no lo sabemos distinguir. Los mayores me decían que a veces era mejor perder ese tipo de mensajes, porque las lágrimas podrían provocar una reacción en cadena y tenernos a todos locos horas y horas. Pero yo soy un buen trabajador así que llevé de nuevo mi mensaje prioritario. Por el camino me rozó una de esas moléculas de alcohol, lo que hizo que en el mensaje se aumentase la intensidad de la excitación de los lacrimales. Yo no podía hacer nada ya, y estoy seguro de que Jack es bastante consciente de las consecuencias que tiene para nosotros cada vez que bebe.

Una vez allí, observé como se vaciaban y se volvían a llenar esos depósitos de agua salada, una y otra vez, a un ritmo frenético. Recuerdo otra vez que estuve allí en esa misma situación, me quedé encerrado. A veces nos pasa eso, se cierran todos los caminos y sólo se mantienen las funciones que se han ordenado antes del bloqueo. Aquella vez, como siempre, no sé que paso. Se me ordenó hacerle llorar, y después tenía que volver a por un mensaje para las cuerdas vocales, decían que para evitar algo gordo. Pero Jack bloqueó todo su sistema nervioso y cuando pude volver al cerebro, los impulsos de allí me dijeron que se nos había acabado el tiempo. Ahora que lo pienso, justo desde aquella vez, dejamos de trabajar en el sexo. No lo había pensado nunca…

No podía perder más tiempo en los lagrimales así que volví por donde había venido. “¡Rápido! ¡Corré a los lagrimales y suspende el último mensaje! ¡Es una orden directa de Jack!” me gritó aquel impulso. No era muy común pero a veces la consciencia de Jack se las arreglaba para enlazar directamente con nosotros y nos daba alguna orden, y esas siempre eran las más urgentes e importantes, ya que significaba que todo lo que había despertado ese recuerdo estaba destrozando el estado consciente de Jack. Corrí más de lo que había corrido nunca y choqué contra un muro de alcohol. Caí y las moléculas me dieron una paliza. El resultado fue que llegué dos minutos tarde a los lagrimales, con lo que fuese cual fuese, el daño ya estaba echo.

Nunca me podré perdonar aquel error de no ver el alcohol antes de chocar con ellas. Como siempre, no sé que pasó ni porqué, pero desde entonces, estamos en un estado perenne de tensión, día y noche, corriendo de un lado para otro llevando mensajes confusos e imágenes borrosas. Espero que esto pase pronto…

2 comentarios

    • Lawilla on junio 3, 2012 at 10:17 pm
    • Responder

    me ha encantado… 😀

  1. ¡Gracias! De los últimos para mí este es el mejor jeje

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