Jun 03

Stendhal y Münchhausen

GOING HOME

Por ahí viene, por el camino de la autodestrucción. Stendhal, con una ligera sonrisa, sin enseñar diente. Anda despacio, tranquilo, como si tuviese todo el tiempo del mundo. Sé porque viene y sé a que viene. Me trae grabaciones mecánicas analógicas en sustitución de La Basílica de la Santa Cruz de Florencia. Hasta los fantasmas imaginarios tienen que modernizar sus maneras de actuar, ya no estamos en el siglo XIX y las cosas han cambiado. El arte en continuo cambio se ha bifurcado en formas inimaginables.

Poco a poco llega y se sienta a mi lado. No tiene prisa, parece cansado, como harto de hacer el mismo trabajo repetitivo una y otra vez conociendo el resultado. Me mira de arriba a abajo y suspira, una vez más.
No soy más que un conejillo de indias en manos de un espíritu francés que experimenta alocadas teorías. Me obliga a escuchar melodías que el Doctor Yo me recomienda que no escuche. El resultado, por supuesto, desórdenes taquicárdicos, respiración confusa, sudor, asco y miedo. En ese momento, Stendhal me susurra al oído, me habla, me quiere decir algo.

– ¡Psss! ¡Psss!
– Déjame en paz, Stendhal, hijo de la gran puta, ya has hecho suficiente.
– ¿Stendhal? ¿Qué te hace pensar eso?
– Te conozco, no es la primera vez, cabronazo. Olvídame, déjame, vete y no vuelvas.
– Yo nunca te dije mi nombre.
– No hace falta, eres un fantasma, un ente incorpóreo, no es necesario que me digas tu nombre para saberlo.
– Eso es exactamente lo que quieres creer.
– ¿Qué? Vete ya, por favor, por favor te lo pido, sólo quiero descansar.
– Yo no me puedo ir sin más, tu piensas que soy Stendhal y que yo te controlo a tí, pero no es así. Yo no puedo hacer nada, no soy libre.
– ¿Quién eres si no? ¿Y quién me controla si no es tu oscura presencia?
– Yo, amigo, soy Münchhausen. Y eres tú el que lleva semanas controlandome. Es más que evidente, egoísta autodestructivo.

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