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Ago 19

Una bala para el soplón

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Voy conduciendo por la sierra de Madrid. Conozco un buen sitio donde poder esconder un cadáver sin armar mucho revuelo, sin que nadie lo encuentre jamás. Pero esta vez el muerto no está en el maletero. Juan está a mi lado, aún vivo, preguntándome acerca del intercambio que él piensa que vamos a llevar a cabo. He tenido que traer un puto maletín lleno de dinero para darle credibilidad.

No hace ni un par de horas que he llegado a su casa, le he dicho que era urgente que me acompañase. No le he dado tiempo a avisar a sus superiores al muy hijo de puta. Solos él y yo, sin nadie que lo sepa, sin su teléfono, sin sus jodidos micros. Le he dicho que no necesitamos armas. No se le ve nervioso, no se imagina el destino que le espera, enterrado a dos metros bajo tierra cubierto de gusanos. No, no lo espera.

Me va a doler hacer esto. Son ya casi dos años que entró en la banda, con toda su ira simulada contra una banda rival porque le habían arrebatado a un familiar. No tardé en confiar en él, siempre me ha defendido y siempre ha estado el primero en cualquier trato, dando su consejo y su apoyo. Debí de sospechar cuando no era capaz de llevar a cabo nada relacionado con sangre, pero le tomé por un chaval aprensivo y no quise desaprovechar su valía para los negocios. Que le voy a hacer, siempre fui buena persona. Y en estos casi dos años se ha llegado a definir como mi hermano que nunca tuve. Por eso me va a doler meterle una bala en la cabeza.

Puta rata de la policía. No creí a mi sobrino cuando me lo dijo, de echo le partí los dientes de una hostia. Luego me enseñó los informes que este hijo de la gran puta estaba presentando sobre mí. A mi sobrino no le llegué a pedir perdón, total, es un gilipollas y lo será toda su vida. Si no fuese mi sobrino, le hubiese procurado un destino mucho más doloroso que a Juan, pero la familia es la familia.

Ya hemos llegado. Estoy empezando a pensar que es un poco idiota. Un soplón, un jodido soplón de mierda, le llevo a mitad de un bosque por un camino de tierra donde no hay ni Dios y sigue sin sospechar nada o eso parece. Le digo que tenemos que esperar y saca dos latas de cerveza del maletero. Brinda por “El negocio”. Que estúpido gilipollas. Enciendo un puro y él bromea sobre que me podrían detener por encender fuego en el coche. “¿Quién, tú?” le digo tranquilamente mientras saco la pistola con el silenciador puesto. Una parte de mí desea que salga corriendo y escape, pero el gilipollas se arrodilla y pide clemencia. Su cerveza está toda derramada por el suelo. En dos segundos sus sesos la acompañan. Este hijo de puta me ha hecho matar a un policía.

4 comentarios

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  1. XIII

    Cuánta ira, cuánto desprecio y cuánta impotencia desparramadas por el suelo en forma de sesos y sangre.
    Me encanta. Muy conseguido el lenguaje y la inmersión en la mente del mafioso.
    Grande, Santi 😉

    1. Santi

      Al final, me voy a creer que escribo bien y todo 😛

      Muchas gracias 🙂

  2. Lucas

    Muy malo tío. O eres un crío o no tienes futuro en el mundo de las letras.

    1. Santi

      ¡Gracias por el comentario, Lucas!

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