Sep 30

Akelarre (I)

Un nuevo relato por partes, aquí la primera:
Forest on a foggy winter day
Siempre me gustó andar por la sierra de Madrid. Un enclave precioso a una distancia moderada de mi residencia, tanto como para poder pasarme por allí más de una vez a la semana. Cotos, Fuenfría, Vereda del Agua, Peñalara, Schmidt, Poetas, Rascafría, Camorritos… tantos lugares de una belleza tan incomparable. Durante mucho tiempo disfruté de la soledad que me proporcionaba el aire fresco y el manto verde que me rodeaba cuando paseaba por allí.

Cada vez me hacía más falta esa soledad alejada de la civilización, me refugiaba allí de mis problemas que día a día se hacían más agobiantes. Pero después de una fatídica noche todo cambió. Todo el mundo me toma por loco, o dicen que quiero llamar la atención, pero yo vi lo que vi, y pasé por lo que pasé, y sólo de recordarlo el terror se apodera de mi corazón.

Había subido, como tantas veces, por uno de esos caminos rodeado de árboles y arbustos, todo de un verde pálido y un marrón grisáceo provocado por el inicio del invierno. Caían los primeros copos y me producían una agradable sensación, sentir como se derriten en las mejillas decenas de partículas de finísima nieve. Acababa de llegar a Ducha de los Alemanes por un camino bastante escarpado que pasaba por el pico de Majalasna. Me acurruqué dentro de mi abrigo a observar el agua caer y escuchar su relajante sonido, lo que en última instancia me provocó un profundo e inquieto sueño. Cuando volví a abrir los ojos fue cuando empezó mi pesadilla.

Me desperté desorientado sin saber cuanto tiempo había dormido. Después de frotarme los ojos me di cuenta que estaba inmerso en una capa de nieve que resaltaba en la oscuridad que envolvía todo. Era de noche pero traté de no ponerme nervioso, me conocía la zona perfectamente y estaba seguro de poder salir de allí sin problema. La oscuridad y la delgada capa de nieve sólo incrementaría la dificultad, pero en ningún caso pensé que aquello supusiera un problema porque siempre fuí lo suficientemente precavido como para llevar una linterna siempre a mano en la mochila. Empecé a caminar con paso lento pero firme, pensando en el calor del hogar que me esperaba un par de horas después. Lo que no sabía era que lo que realmente me estaba esperando era una noche de horror, gritos, brujería y sufrimiento…

2 comentarios

  1. Mmm inquietante, como siempre, esperaré paciente la segunda parte mientras me como un poco la cabeza con ¿qué encontrará? Y recuerdo situaciones vividas del tipo “mierda, son las 3 de la mañana, no sé dónde cojones estoy y sólo se oyen mis pasos, mierda, se oyen otros pasos además de los míos”. Pánico. xD

    ¡Un abrazo!

  2. jajaja, bueno, yo he llegado a perderme en un bosque que no conocía a las doce de la noche, sin mapas, linternas o referencias xD muy divertido todo jaja

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