Ene 27

Treinta escalones

Do You Remember
Subiendo unas escaleras desconocidas, observo el movimiento cíclico de su culo. Hace dos horas no la conocía y ahora me encuentro que estos escalones son lo único que me separa de su templo. No sé si es producto del alcohol, de una cierta locura o de los raspones de tiza que adivino bajo sus fosas nasales. De lo que puedo estar completamente seguro es que las ganas que parece tener no se las ha provocado ni mi cara de mono retrasado, ni mi conversación de ascensor.

No recuerdo su nombre. Es más, el bamboleo hipnótico de sus nalgas me está haciendo olvidar hasta su cara. Y con esa imagen revolviéndome la cabeza y la poya, cada escalón que subimos me muestra la clase de polvo que me espera en su cama.

Con el primer escalón, se tumba con la mirada perdida, aguantando un bostezo. Recibe embestidas como si fueran caricias. Tengo que hacerlo mejor, más fuerte, me digo. De vez en cuando mira el reloj de la mesilla, hasta que pasados cinco minutos dice “¿Ya?”.

En el cuarto escalón, ella bota sobre mí, gritando. Los vecinos llaman a la puerta y ella les invita a irse a la mierda, les maldice y se hayan ido o se hayan quedado escuchando, no nos vuelven a molestar. Ella sigue gritando y por su boca salen palabras que jamás me hubiese imaginado de una señorita como la que ella se quería hacer pasar en el bar.

En el octavo escalón, es más de dar caña. Me tira a la cama, con una sonrisa pícara. Después de dejar la marca de su pintalabios en todo mi abdomen, me ata. Abre el cajón mientras la observo con una mezcla de miedo y excitación, y de él saca una fusta. En el culmen de la noche, me deja el pecho y las mejillas llenas de magulladuras y cortes ansiosos. Después se va a duchar y me deja ahí desnudo pasando frío suplicando que deshaga los nudos que me retienen.

En el décimo segundo escalón, un amigo suyo nos está esperando en su cuarto. Lo que quiere es sentirse completa por delante y por detrás. Mientras yo me creía cazador no he sido más que un rinoceronte marcado para el sacrificio. Nos usa como quiere, para lo que ella quiere. Mientras, nosotros tratamos de no cruzar miradas ni chocar los cuernos.

En el décimo cuarto escalón, está a cuatro patas, dándome la espalda. Chilla como la primera vez de una adolescente en el pasaje del terror. Me suplica que no pare, pero llega el momento en el que no puedo más y me mareo del esfuerzo. Ella sigue diciendo que por mis muertos no pare, pero mis músculos no responden y mis párpados deciden cerrar el telón. Y mis muertos me miran con ojos duros e incrédulos.

En el décimo octavo escalón, ella está un poco loca. Nada más entrar me dice que me va a tapar los ojos, que le excita que no le pueda ver, que no pueda ver lo que me está haciendo. Más tarde, en el momento que siento un líquido viscoso en mi pecho, me arranco el antifaz opaco que me ha puesto. Y me la encuentro follándome mientras se está cortando los brazos con una cuchilla. Va a ser duro explicárselo a la policía, si no sé ni donde estoy.

En el vigésimo segundo escalón, le recuerdo a su antiguo novio. Pone velas, música romántica, y después de muchas caricias y besos, se queda abrazada a mi y entre sueños me dice “Te quiero”. Y ni siquiera hemos follado.

En el vigésimo sexto escalón, me encuentro el peor escenario posible. Me pregunta que es lo que me gusta, y me lo hace. Me explica los botones que tengo que tocar, los fusibles que debo fundir y las palabras que abren todas las puertas. Es de esas que te enamoran follando y acabo no sabiendo si quiero correrme o quiero salir corriendo.

Treinta escalones, decenas de posibilidades y ya no hay vuelta atrás, tengo los pantalones en los tobillos.

4 comentarios

Ir al formulario de comentarios

  1. Que bueno joder.
    Es que se te da de miedo este tipo de relato. Y me das una envidia… Tienes que enseñarme, darme trucos o algo, porque soy incapaz, me sale bazofia erótico-festiva y puaj…
    A lo que estamos, que me ha gustado muchísimo, las posibilidades que imagina según avanza, el estar ya allí y no ha pasado nada aun… genial, genial. Un mundo de posibilidades con sólo subir unos pocos peldaños y desabrochar un botón. Un uso perfecto de las metáforas y del tiempo.
    Un diez Santi 😉

  2. Pues en principio era una puta mierda… jajaja fue el primer ejercicio del curso que estoy haciendo. Lo he cogido cuatro meses después con las sugerencias de aquel momento, y rehaciendo bastantes partes con lo “aprendido” en este tiempo… y ha salido esto jajaja

    Gracias por pasarte!!!!! 😀

  3. Y… ¿cómo dices que se llama el curso ese? jajaja

  4. Este es mi profe: http://www.youtube.com/watch?v=CAbLVUQJnOY
    En Fuentetaja… y se llama mucho dinero! xD

    Igual este te interesa!! http://www.escueladeescritores.com/detallep245 🙂

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: