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Ago 24

Sonorama 2013 (No es crónica, es homenaje)

Observa su teléfono y escarba en su memoria. Nada. Es lunes y en su muñeca derecha luce la pulsera de entrada al Sonorama. Un fin de semana entero, y el último recuerdo que tiene es de montarse en un coche de alquiler el miércoles anterior. En su cabeza explotan miles de estrellas y es casi incapaz de mover las piernas. No puede ser, no se puede permitir cinco días en blanco.

Algo borbotea muy en el fondo de su pecho. Son cientos de emociones que quieren salir. Y sabe que no podrá descansar hasta que una a una las desahucie. Después de unos momentos de ansiedad y sudor intenta centrarse. Con determinación se dice que debe de recordar. Selecciona la aplicación para visualizar las fotos de su teléfono y las imágenes empiezan a cobrar sentido dentro de su cabeza…


“Nada nos derribará… Cuando llegue el temblor, cuando llegue el temblor. Nadie nos separará… Cuando llegue el temblor, cuando llegue el temblor…”

Dorian le hacen bailar hablando de Cortázar y Rayuelas. Cierra los ojos y se imagina volando entre Aranda de Duero, Buenos Aires y París sin que nadie le pueda hacer bajar. Vuela de vuelta entre neones intermitentes. Saca de su bolsillo un Paraíso Artificial y lo ofrece a un grupo que tiene a su lado. Ellos lo rechazan y ofendido se dispone a volar de nuevo. Antes de poder alcanzarlo, vuelve al sofá, a la realidad.

No ha sido difícil. Sólo espera tener fotos suficientes para poder recordar cada minuto de los cinco días que ha perdido en algún recoveco de sus neuronas. Pasa otro par de fotos y siente un pinchazo en el costado. Al levantar la camiseta ve un moratón.


“No digas ni una palabra, no digas ni una palabra, ni una frase, ni una letra, oirte no quiero, oirte no quiero, no quiero esperar, no quiero, no quiero esperar…”
Saltos, codazos, gritos. En el escenario Triángulo de Amor Bizarro. Ha esperado mucho por este concierto. El codo de alguien a su lado se le clava hasta las entrañas, rebuscando emociones que no quieren salir. Mira a su lado. El tipo extraño que le ha clavado sus huesos en las costillas le mira mientras los dos saltan. Se empiezan a reír y abrazados empiezan a chocar con toda la gente alrededor. Ve como se acerca un nuevo codazo… y cae del sofá.

Mira a sus lados, está sorprendido, está viajando de emoción en emoción y le inundan las sensaciones del fin de semana. Mira la siguiente foto. Esos pelos, ese teclado… sí, es el señor Abraham Boba…


“De la calma a la aceleración…”
Hay poca gente a su alrededor, siente como el sol le quema la piel pero da igual. Baila, baila, baila moviendo piernas al ritmo que León Benavente marca en el escenario. Hace poco que los conoce pero el concierto ha ido desde arriba hasta más arriba, y piensa en todo el mundo que anda por ahí perdiéndose tal maravilla. Mira a sus amigos, sonríen, saben que esto será difícil de olvidar. “Contaré hasta tres y si para ese momento no hemos parado… nadie nos podrá detener. Uno… dos.”

Vuelve en si mismo escuchando el tono del teléfono. Mira la pantalla y lee el nombre de una antigua amiga.
– ¿Qué tal? ¿Mucha resaca?
– Eh… ¿Cómo?
– Jajaja, ¿No te acuerdas? ¡Nos vimos el jueves en el Sonorama!
– Eh… no… la verdad es que no me acuerdo mucho de nada.
– Vaya tela tio, jajaja, la verdad es que cuando te ví en Mendezt no parabas de gritar “¡Estoy On Fire! ¡Estoy On Fire!”


Las piernas empiezan a flaquear pero no para de moverse. Recuerda que la última vez que vió a Mendetz no le gustaron demasiado, pero está vez le están comiendo el cerebro. Con los ojos casi en blanco choca al saltar con un grupo de gente. Estos le miran, siguen bailando y mientras ríen le gritan “¡Joder tio! “¡Estás On Fire!”

– Y yo me reía y ponías cara como de no saber de qué… jajaja ¿Entonces no te acuerdas?
– No… no… creo que de nada…
– ¿Del sábado en la Plaza del Trigo tampoco?
– Tampoco.
– Es una pena… el sol ardiéndonos, las mangueras lloviéndonos, brindando con cerveza alrededor de cientos de personas sonriendo…


“Y qué manera de perder las formas y qué forma de perder las maneras. Ya nada importa, el mundo ya se acaba, no quedará nada. “
Una mezcla de sudor, vino, humo, agua y cerveza filtran los rayos de sol, matizándolos en paraísos no tan perdidos y dando a Izal un toque onírico. Miradas y sonrisas. Las palabras casi sobran. Un trago de cerveza y de nuevo a saltar. Ya está aquí otra vez el amigo que fue a por más cerveza. Hay que hidratarse o sufrir, y desde luego no está allí para pasarlo mal. Una mariposa caníbal pasa por su lado y se le queda mirando.

– … todo muy mágico. Vaya bailes que nos echamos… en fin, te voy a dejar ¿Vale? Ya hablamos cuando estés recuperado jeje
– Sí, sí, mejor… eh… gracias por contarme un poco de mi amnesia.
– Nada, hombre, espero que vayas recordando porque parecías muy feliz, y eso no es un recuerdo que se deba perder. ¡Adios!

¿A quién más habría visto? ¿Qué habrá hecho en esos 4 días? Por ahora sólo puede seguir pasando fotos en el teléfono. Una foto sentado en el asfalto con sus amigos alrededor y cara de estar luchando contra el dolor de cuerpo para levantarse.


“There´s nothing I can do. Nothing I can say. No one to remember. No one else to blame.”
Le duele todo pero necesita levantarse. Por mucho que quede poco para que cierren el festival y no pueda ni tenerse en pié, debe levantarse para disfrutar de L.A. Alguien a su lado le ayuda a levantarse y aunque esté lejos, lo siente igual que si estuviese en primera fila. A su lado hay un montón de gente con una camiseta con un ocho en ella. Algunos están sentados, otros hablando, sólo un par parecen atentos al escenario. Lo que sí que parece que todos comparten es que en ese momento y ese lugar, son felices. Una mano le toca un hombro por detrás y acercándose a él le susurra “Recuerdas…”

Abre los ojos. El vacío que sentía al despertar se va llenando recuerdo a recuerdo, imagen a imagen, emoción a emoción. Se toma un momento para pensar. Aún le queda mucho dentro. Alarga la mano hasta un cigarrilo que duerme en la mesa del salón y enciende el mechero, la llama…


“Voy a quemar esta ciudad y esta ciudad me quemará”
Apenas acaban de llegar, pero no se lo pueden perder. Un grupo como Pasajero en un lugar como la Plaza del Trigo. Quemar la ciudad, una promesa que quiere hacer realidad. “El aire no me ahoga y el espejo me perdona y el vacío no se nota” canta, muy fuerte, este fin de semana es, como cada año, las vacaciones de su vida, donde nada que exista fuera de Aranda importa, donde recargar felicidad que dure para toda la temporada. El cantante empieza a gritar “Y entre los dos extremos sólo quedo yo, todos dicen conocerme y yo no sé quien soy, ¡Me divierte! ¡Me divierte!”

El final del cigarrillo trae el silencio. Silencio empapado de felicidad. Siente ese buen rollo que le ha invadido cada minuto de felicidad. Se concentra en él…


“What did you learn from your time in the solitary cell of your mind there was noises distractions”
No se ha acercado mucho, ha cogido cena y no baila. No es que le apasionen Belle and Sebastian pero un grupo como ese hay que verles. De nuevo, caras felices por doquier, se le contagia y en no más de un par de canciones sonríe hasta que le duelen los labios. La gente da palmas entusiasmada.

Se encuentra sonriendo de manera completamente estúpida. No tiene muchas más fotos en el móvil… y se le ocurre mirar los mensajes enviados y recibidos. Por un momento siente el miedo recordando las cosas que se le ocurre mandar a altas de madrugada, pero esta vez no ve nada incriminatorio. “Oye, seguimos donde antes”, un mensaje de alguien que pensaba que no estaba allí. No estaba entre la gente que pensaba ver allí.


“Cualquier día de estos me voy a alzar y voy a reventar”
“Si yo voy ahora” contesta el mensaje. Tocan Maga & The New Raemon y no le apetece demasiado. Acaba de vivir el concierto de su vida y necesita un poco de descanso y asimilación. Se dirige a por la cena pero por el camino empieza a escuchar temas que le recuerdan a él mismo. En cinco minutos, de nuevo frente al escenario gritando que se toquen un tema malo por favor, que nada más que se tocan temas buenos.

Las emociones comienzan a ser muy raras. Casi todas se acercan más a la felicidad que al infierno, pero aún así la falta de recuerdos le sigue pasando factura. Por fin decide ir al baño a echarse agua en la cara. Cuando termina se mira al espejo y apenas se reconoce…


“Ya sabes, feo, fuerte y formal”
Monstruo, vaya jodido monstruo. Esas son las palabras que escucha una y otra vez mientras Loquillo se está comiendo el escenario. Casi todas las personas allí han ido por ir, no es algo que les interese pero a esa hora de la noche no hay mucho más que hacer, pero puede sentir como minuto a minuto todos se van haciendo poco a poco fans. “Te lo dije” escucha decir un chico a otro justo delante de él.

Se agarra la cabeza sentado en el sofá. La explosión de todo lo pasado en los últimos cuatro días se apelotona en un circuito cerrado entre la cabeza, el corazón y el estómago. Se acerca a la ventana para coger un poco de aire fresco, pero no existe. La brisa es cálida y el sol se refleja en su frente…


Baila al sol, sudando, con la cara roja. Los ritmos playeros de Los Tiki Phantoms le hacen olvidar que está en Castilla. Sólo la falta de humedad le recuerda que no está encima de la arena ardiendo de una playa levantina. Hay mucha gente y el suelo se empapa de agua salada.

Siente la sal y el calor y se acerca a por un vaso de agua. La resaca, el calor y la melancolía le invaden y bebe mientras el agua le corre por las mejillas hasta el pecho. Siente un pequeño ahogo, como si se estuviese hundiendo en el fondo del mar…


“You’re driftwood floating underwater, Breaking into pieces pieces pieces, Just driftwood hollow and of no use”
La noche hace tiempo que lo envolvió todo. Una mezcla de sonrisa y vacío con las melodías de Travis. Es casi imposible llegar más adelante de la torre de sonido, pero le da igual. Pasa por delante suya un chico corriendo, nadando entre la gente, dispuesto a llegar a primera fila mientras sus amigos se despiden de él y le gritan que le esperaran cuando acabe. Parece que ellos quieren algo más relajado.

No se ha ahogado pero está a punto de hacerlo en emociones. Empieza a sentir que ha podido ser uno de los mejores fines de semana de su vida y ni siquiera lo recuerda. Vuelve a coger el teléfono para echar un vistazo a los mensajes enviados. “Joder, me da verguenza que no haya ni dios aquí”


“I got good feeling…”
Entre cien y doscientas personas han acudido a ver a Tokyo Sex Destruction. No se explica el porqué, posiblemente sea de los mejores grupos del fin de semana y los que más pegan para bailar sin descanso. Quizá la gente no les conozca, quizá no les entiendan… pero decide que pasa de la gente gilipollas y empieza a saltar hasta tocar el cielo. Hay gente que llega en una mezcla de carrera y baile, el problema de ser demasiado puntuales.

El teléfono vuelve a sonar. Mira la pantalla y ve el nombre de uno de sus colegas. Lo coge y entre risas le dice que vaya tela, que vaya fin de semana. No quiere decirle que no se acuerda de nada, le da vergüenza. Una frase le saca de nuevo de su cuerpo… “Menos mal que no te fuiste a dormir, ¡Después te viniste arriba cosa mala!


“Su caminar, su despertar, su forma de hablar, su mal humor, su estar mejor, su pelo y su voz…”
Está tan reventado y le está pareciendo tan coñazo el concierto de Supersubmarina, que está apunto de irse a dormir. A su lado la gente parece loca por el concierto, pero ya sea por el cansancio o que les ha visto ya tantas veces, que cada segundo que pasa le interesa menos. No quiere estar en ese lugar en ese momento, no al menos así. Pero aguanta, aguanta porque todavía queda noche para electroshocks.

“…y te pediste otro mini y de ahí, hasta que nos volvimos. Bueno, ¡Nos vemos!”. Parece ser que no había dormido nada hasta llegar a casa, según la información recién desvelada. La tercera guerra mundial se está librando en su cabeza. Le vienen flashes mientras el resto de la acampada recogían las tiendas. Él sentado en un columpio. Risas, muchas risas, pero no recuerda de qué. Recuerda barbas y surferos. La boca aún le sabe a alcohol.


“Beber hasta emborracharme, hasta caer rendido y levantarme…”
¡¡¡Vamooooos!!! Y un salto tras otro. Debería guardar fuerzas pero, coño, es que lo están haciendo muy bien Lori Meyers. No existen complejos, por mucho que le mire la gente. Da igual, ha ido ahí a pasarlo bien, no a otra cosa. Aunque se convierta en una ameba y en un antisocial…

Ya está, está casi todo, y siente que pronto desencadenará la chispa de todo lo que le queda dentro. Queda poco y sin embargo le parece que es lo más grande. Con un solo gesto sabe que todo irá rodado, pero no sabe cual es. Tiene hambre, se levanta y va a la nevera. Nada, cero. No tiene absolutamente nada que comer. En sustitución, enciende un cigarrillo…


“Lunes de ceniza, desayuno nicotina para arrancar está vieja maquinaria…”
Una carrera. Están a apunto de empezar, de abrir el festival, y no quiere perderse ese momento por nada del mundo. No puede resistir más sol así que se pone a la sombra de la torre de sonido. “No es lencería, es mi alma los domingos puesta a secar”. Cierra los ojos. La gente le mira muy raro. Posiblemente no hayan visto a nadie vivir algo con tantísima intensidad, no a las siete de la tarde. Una chica le pregunta que le pasa y él responde, “Si tengo que elegir entre un polvo y un concierto de Egon Soda, elijo Egon Soda”. La chica le mira extrañada y se va. A él le da igual, mira a su lado pero de repente siente un gran vacío.


“Puede que hoy tenga algo más de suerte, quizás hoy pueda volver a verte…”
“Joder tio, estoy llorando hostia” “Yo también” Se abrazan. Le es difícil imaginar un momento tan feliz. Un cúmulo de emociones, sensaciones, alegrías y melancolías. Todo a la vez. Salta y a la vez se quedaría tirado en el suelo. Un cóctel que explota en sus narices. Las lágrimas se mezclan con sudor y con alegría. Nunca Xoel López les ha decepcionado, y sigue sin hacerlo. Acaban el concierto tocando el cielo…


“Desde que me siento tan vivo y nada es imposible…”
Hay una catedral montada en el escenario. No puede pensar más que Standstill son unos genios. Si trata de explicar lo que está sintiendo, le es imposible. Les habrá visto unas quince veces y parece como si fuese la primera. No puede evitar un baile epiléptico, lágrimas y suspiros.
“¿Cuál es el precio de un beso que nunca nunca nunca te negaron?”
Pitidos y bombo repetitivo. Lo siente muy dentro del corazón. Baila como si estuviese en una discoteca de las que pagas veinte euros por entrar. Entra en éxtasis mientras baja a los infiernos envuelto de luz roja y humo. Es imposible que olvide nada de aquello en toda su vida. Se le está grabando a base de ondas en lo más hondo de su alma.


“Soy capaz de algo más… soy capaz de algo más…”

Y, de repente, todo se hace claro. Una furgoneta blanca, risas, too much, más risas y tiendas de campaña a oscuras. Wiskas y Golitres. Un minuto para hablar del silencio seguido de un minuto para echar las entrañas. On fire, bachata las imitaciones. A la policía que vas. Pero sin la melena de Chema. Eufeminismo en Casarrubuelos.

“Llevaré este coche con cuidado y os daré una sorpresa al llegar a un sitio nuevo que recordaremos siempre”

Agua helada, bikinis y almendras, mal olor, barro, mucho barro. Prisas, carreras, chorros de agua, cerveza, vino y morcilla. Plaza del Rollo. ¡Tú tú tú una piscina! Vete a Cuba en globo aerostático, sólo por una botella. Pulseras y caras nuevas, desinfectarse por dentro. Carreras a ritmo de vals. Sol, piel roja, gente, mucha gente. ¿Dónde estás? Puto monstruo, cuidado que nos arrancan la cabeza. Dale zapatilla hasta que ardan las suelas. Pues vaya mierda, yo si que me cabreo, eso lo hacemos mejor. ¿Un minuto para el silencio? Los Sonobonos están al alza. ¡Por tu madre no tires el vaso! Tss Tss, ¡Coge la merla!

“Por montañas planeamos en silencio y escuchamos las canciones que van a sonar el día que muramos”

Vino y piscina. Siesta y a correr. ¿Sólo cien personas? Vaya gilipollas. Nuevas caras nuevas. Bebercio y comercio. Cuñadismo. Pues yo no me los pierdo. ¡Joder, si yo hoy no he entrado!” Esto esta lleno de mierda. No me jodais que saco el toro. Pues yo salgo en la Rolling ¡Yo me voy para delante! Izaskun dos. Muro de contención. Venga, yo quiero seguir, aún queda suela. ¿Son ciruelas o ciruelos? Revisa la terla.

“Por montañas planeamos en silencio y escuchamos las canciones que van a sonar el día que muramos”

Buenos días, soy una indirecta, ¿Me coges? Nueva cara nueva, ¡Al final montamos un autobús! Ostia que atasco, a ver si no llegamos. Trigo, trigo, trigo ¡Qué bonito! Completamos el cupo de caras. ¡Eh chavales, como moláis! ¡Ocho escenario principal! Corre, corre que esto no me lo pierdo ¿Y el hielo? Dame diez. ¡No ves que hay cristales rotos! No bebas de broma. Venga vamos a ver que se toca. ¡Joder tio! Estoy llorando. Abrazos, sí sí, ¡Abrazos! Venga rápido que ahora viene lo mejor. Lo mejor de mi vida. ¿Y ahora? Ahora nada, que empiece el Sonorama 2014. Oye, pues al final no está nada mal. Joder que coñazo, me duermo. Me vengo abajo. ¡Oye! Pues al final me he venido arriba. Zapatilla. Charlas nocturnas cuasinecesarias. Más abrazos ¿Pero qué nos pasa? ¡Me da igual! ¡Me gusta! Unos columpios y a dormir. ¡Pero que dices! Las joyas se juntan con las ciruelas. ¡Joder pues venid a vernos! ¡CUIDAO! Duelo de ciruelas ¿Dónde está Poochie? Se ha quedado los cincuenta euros al final. Como alguien tenga una escopeta mañana La Razón nos titula Sonodrama. Joder, si ya amanece. ¿Nos vamos? ¿Ya? Porque no puede seguir esto un mes…

“Por montañas planeamos en silencio y escuchamos las canciones que van a sonar el día que muramos”

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