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Oct 10

Retales de Japón

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30 de agosto,
Madrid.
Perdido (vuela),
un mar de piernas, shorts y faldas cortas (vuela),
demasiado aire acondicionado o demasiado poco (vuela),
las veo pasar; mirar pero no tocar (vuela),
Madrid, agosto, calor (vuela),
mira, todo lo que quieras, pero no toques (vuela).

11 o 12 de septiembre (Dependiendo de huso horario)
Boeing 777 Air France, sobrevolando Siberia.
Dos oportunidades que me demuestran lo que llevo meses diciendo. Acabaré convirtiéndome en la loca de los gatos.
Me atrevo a hacer un viaje a la otra puta punta del mundo y no soy capaz de articular más de un saludo para saber que me puede ofrecer mi ración individual de amistad. No soy capaz, pero mientras lo escribo. Ole yo. Quizá la solución a mi pavor a empezar una conversación, sería hacerme pasar por mudo. Así podría llevar siempre un cuadernito como este y hablar a la gente a base de notitas. La primera página diría algo así como “Soy mudo pero no entiendo lenguaje de signos”, no sea que nos llevemos una sorpresa desagradable.

12 de septiembre, 14:00.
Hikari Shinkansen entre Tokyo y Kyoto.

Shinkansen
“El hombre que no sabía dormir en los aviones”
El hombre que no sabía dormir en los aviones ahora estaba jodido. En los trenes sí que podía dormirse, y después de más de veinticuatro horas sin encontrar oniria, el sueño pega fuerte. El hombre que no sabía dormir en los aviones no se quiere dormir ahora porque seguro que se pasa la parada y esto no es el metro de Madrid.
El hombre que no sabía dormir en los aviones se siente un extraño y le gusta. Como dice Palahniuk, ser un hombre blanco de mediana edad te abre tantas puertas que aburre. Pero este no es su mundo de hombres blancos de mediana edad, es un extraño que destaca, un extraño que está muy perdido. Y le encanta.

13 de septiembre, 12:00
Santuario Heian, Kyoto.

Heian
Somos un setenta y cinco por ciento agua. Y quizá de ahí toda la fascinación, la atracción del ser humano por el agua. Queremos volver a lo que somos, al agua. La paz a la que se llega aquí, paseando entre y sobre el agua es parecida a la que siento cerca del mar, con las olas borrando las huellas. No sólo las mías.
Me parece fascinante la conexión con la naturaleza que se puede llegar a sentir en un entorno urbano. Aquí, hay algo, algo que no sé explicar por mucho que hable de aguas y mares. Así no voy a intentar explicarlo. Sólo vivirlo.

13 de septiembre, 22:00
Kabuki Guest House, Kyoto.
Creo que me estoy ajaponesando. Normalmente cuando, comiendo, alguien sorbe algo, en mi cabeza algo hace “click” y se me dispara una ira asesina desmesurada. Hoy he comido alrededor de decenas de japoneses sorbiendo como si lo fuesen a prohibir y oye, ni tan mal.

Ryoan

“A pedradas”
Ryōan-ji fue construido como una casa, para ser convertida años después en templo. Su mayor atracción es el jardín de rocas, que construyó el primer dueño de la casa. Se supone, se dice, que el jardín es como es y no de otra manera porque el dueño quería expresar algo, pero nadie sabe que es. La opinión más extendida es que es una representación de mar e islas. Demasiado sencillo ¿no? Pues bien, estando allí me he imaginado al tipo, rastrillando la arena de su jardín de rocas… y sólo con imaginar el sonido a mi cabeza ha venido la clara idea de olas chocando en orilla de una playa, ese suave sonido de fondo, casi ruido blanco… Me parece tan tan claro. Relacionado, por supuesto, con la idea que me rondaba esta mañana sobre la fascinación del ser humano con el agua.

14 de septiembre, 17:05
Fushimi Inari, Kyoto.

Fushimi Inari
Creo que me he pasado un poco. Me he hecho todo el monte Inari y ahora estoy chorreando sudor. La gente me mira raro. Bueno, más raro de lo normal aquí, que ya es. Antes de subir me ha pasado algo que podría calificar de lo mejor que llevo del viaje. Me ha asaltado un grupo de vejetes, que estaban practicando para su curso de inglés y que si podía perder un par de minutos para preguntarles algo. Así que, aprovechando que estábamos en Fushimi, he aprovechado para hacerles un par de preguntas sobre el sintoísmo que me han parecido curiosas estos dos días. Con la suerte de que los vejetes eran sintoístas y les ha hecho mucha ilusión.

“Turistas”
No soy turista,
soy viajero.
No hago fotos,
capturo momentos.
Vivo los viajes,
no los relatos.
No soy turista,
soy viajero.

15 de septiembre, 20:15
JR Terrace, Kyoto JR Station, Kyoto.

Kyoto Station
“Los depredadores de fotos”
Creo que soy el pionero en estudiar el comportamiento de esta peligrosa especie. Si bien hay documentación sobre ellos paralela a otros estudios, casi puedo asegurar que nadie ha hablado de ellos en profundidad. He pasado dos días rodeado, intentando pasar desapercibido, sintiendo una especie de miedo que nunca antes había sentido. Me es imposible describir el terror.
Da igual que sea con móvil, réflex, tablet. Cualquier intento de contemplar la belleza de algo durante más tiempo del necesario para tomar un par de fotos, les constará como una amenaza a su capacidad de pasarse un minuto pulsando un botón para irse corriendo a otro sitio y no dudan en aplicar estrategias de ataque pasivo como respirarte en el cuello o meter un poquito el codo para hacer sitio. La defensa es inútil, pero si se resiste los embistes durante un par de minutos, pronto se ponen nerviosos y corren a otro lugar donde dar más veces al botón de la cámara.
Es un comportamiento extraño pero no hay que olvidar que vivimos en una sociedad que lo que no quede reflejado en una imagen no ha existido. Por suerte aún quedan sitios como Sanjūsangen-dō o el castillo Mijo donde no aparecen. Está prohibido hacer fotos y eso les ahuyenta.

16 de septiembre, 11:10
Hiroshima Street Car, Hiroshima.
En los viajes siempre hay cosas que se cuentan y cosas que no. Los sentimientos en Hiroshima son de las que no.

16 de septiembre, 19:33
Shinkansen Hiroshima – Kyoto.

Miyajima
Ahí está en el pico de la segunda montaña más alta de la isla de Miyajima. El hombre que no sabía dormir en los aviones mira al mar, al olvido, a la distancia infinita, cuando de repente nota un golpecito en el hombro.
“¡Eh, tú!” Y el que habla es él.
– Así que subiendo en teleférico, ¿eh? ¿No sabes que eso es trampa?
– No tengo tiempo, ya sabes. Y aunque lo tuviese, sabes que ahora no sería capaz.
– Vaya excusa mierder.
– Es lo que hay.
– Es lo que hay y mira de lo que te ha servido. Ahora estas como una foca y sigues suspenso.
– Callate gilipollas.
– ¡Eh! ¡Eh! ¡No te insultes! ¿A qué vienen esas formas?
– Que te calles.
– En fin, haz lo que quieras, pero deja de aparentar que las cosas se te imponen cuando las eliges tú.

18 de septiembre, 11:43
Hikari shinkansen, Kyoto-Tokyo.

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No tengo muy claro que es, pero que en Kyoto en general y en los templos y monasterios sintoístas hay algo de espiritual y sagrado es irrebatible (sin ser yo nada de eso). Quizá por eso de que Sinto sea la propia naturaleza a la que hay que despertar antes de rezarle, de que todo lo sagrado esté completamente integrado con normalidad en la naturaleza.
Desde luego, esa “espiritualidad” o como queramos llamarlo no la he encontrado en los templos budistas. Ni anteriormente en ninguna catedral, mezquita o iglesia. Si bien los budistas son más impresionantes (como puede serlo una catedral), por contar casi todos con grandes y valiosas imágenes de las que carece el sintoísmo.

19 de septiembre, 23:26
Juyoh Hotel, Tokyo
No eres todo lo que dices
la fuerza no sólo se pierde por la boca.
Tienes el valor hasta que lo enturbia la realidad.
Deja de imaginar,
de pensar,
de contar historias que nunca vivirás.
Déjalo ya.
Para.

26 de septiembre, 20:53
Terminal internacional, aeropuerto Haneda, Tokyo.
Me encanta ver aviones despegar y aterrizar. Tan pesados y a la vez tan frágiles. Como una metáfora de… no sé. Sé que es una metáfora de algo peor aún no he encontrado el objeto.
Y aquí, a punto de despegar antes de lo esperado, la busco. Pero no se me va a ocurrir porque sólo puedo pensar en que cualquier viaje nos cambia hasta puntos que no sabremos hasta años después. Es lo único que me puede ocupar la cabeza. Tan cierto es que sé que viajes de hace mucho tiempo me cambiaron y me doy cuenta ahora. En este preciso instante.

Y el hombre que no sabía dormir en los aviones volvió a casa. Aunque quizá, el concepto de hogar cada vez sea más difuso.

2 comentarios

  1. lnaxiii

    Joder. Leí esto (varias veces) y no te comenté que me pareció brutal. De verdad, muy mágico sentirse cuaderno de viaje durante un rato. Genial, Hombre que no sabía dormir en los aviones 😉

    1. Santi

      ^^¡Gracias! Podían haber salido más cosas pero normalmente me quedaba dormido antes de poder plasmar nada. Excepto en el avión. El puto avión jajaja.

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