«

»

Sep 21

Filofobia

Typing
Abre un ojo, si bien todavía no entra luz por la ventana. No puede dormir más, aunque la realidad sea que no ha dormido nada. Empieza a escribir, aunque sabe que así no se puede empezar un relato. Que se acabe de levantar sólo sería pertinente si fuese relevante para la historia. Pero no lo es porque ya nada lo es, porque no hay historia. Sigue escribiendo un flujo de conciencia sin ningún fin, sin pretender que sea un relato.
Porque ya no hay relatos, ya no sabe que contar. Se pone un café y con la única luz de la pantalla del portátil sigue tecleando. Dos líneas para luego borrarlas para siempre. Una y otra vez. Al menos, se dice, el tiempo ha empeorado y puede echarse una mantita por encima, por fin. O mejor, poner el calefactor, sentir el aire caliente por las piernas, ese ronroneo de ventilador que le relaja hasta que incluso se siente capaz de volver a la cama.
Sin embargo eso sería muy tópico, quiere transmitir sensaciones pero el calefactor queda muy manido, o al menos eso le parece. Es algo que tiene la sensación de haber leído decenas de veces.
Alguien llama a su teléfono, pero no suena. Es la vibración contra la madera de la mesa de escritorio lo que distrae su atención, no hay sonido. De nuevo lo dejará vibrar hasta que se apaguen los deseos de la persona que está al otro lado. Para siempre. Esto tampoco es creíble, porque ha creado un ambiente de madrugada y quien le va a llamar a esas horas. Es más, ¿quién llama hoy en día? Pero confía en que el lector lo pase por alto o lo achaque al pacto de ficción. El lector no tiene porque saber que ya nadie le llama. ¿Y cómo va a mostrar que hay algo raro con sus relaciones si no es de esta manera? No se le ocurre otra forma.
Igual, como tantas otras veces, debería de haber cogido el teléfono. Podía ser la felicidad del otro lado, o al menos algo que llene un poco el vacío que le hace estar escribiendo de madrugada en lugar de dormir, pero para qué. Ya ha probado otras veces y sólo consigue hacer daño o hacerse daño. Es mejor dejarlo sonar.
Sigue sin convencerle lo del teléfono y lo borra, quizá sea mejor contar lo que siente, o lo que cree que siente en lugar de mostrarlo. Saltarse las reglas otra vez. Un flujo de conciencia en perfecta soledad, sin ningún tipo de interrupción, sin banda sonora siquiera. No será un buen texto pero al menos plasmará cosas que no sabe muy bien que son.
Si entrase un rayo de luna por una rendija, sería perfecto. Eso es, perfecto. Un rayo de luna se cuela por una rendija imposible de cerrar en la persiana destartalada de piso alquilado. Persiana vintange sería la descripción que le darían en una web de anuncios de pisos.
Ya deben ser las siete de la mañana casi, los vecinos se despiertan mutuamente con un polvo mañanero, como siempre. Y como siempre, le pillan despierto. Sabe que arruinará el clima cálido de soledad que está intentando crear, aunque tampoco es que lo haya conseguido. Quizá esa pareja insaciable al otro lado de la pared pueda venirle bien para explicar, entre gemido y gemido, porque ya ni siquiera busca sexo, para explicar como la filofobia le hace salir huyendo de cualquier mínima expresión de cariño. O quizá sea mejor obviar todo eso en el texto, al fin y al cabo, a nadie le va a importar.
Toma un sorbo de café, amargo, que se ha quedado frío. Pero le da igual. Bebe otro trago, frío. Ese líquido que debería subir la temperatura de su cuerpo produce el efecto contrario. Da igual, el café le gusta templado pero si tiene que elegir entre extremos, prefiere el café helado a que le hierva la lengua. Esa reflexión sobre el café si le ha quedado bien. Piensa que quizá debiera de borrar todo y empezar por ahí. Y a partir de ahí, seguir las reglas y no empezar a fliparse.
Pero no puede.
No puede porque está en la cama, mirando al techo, o quizá delante del ordenador con los dedos congelados sin saber que escribir, completamente en blanco, o puede que sea un sueño. ¿Acaso va a en el metro y está imaginando como se lo cuenta al señor que tiene al lado? Puede que lo esté escribiendo en una libreta en el banco de un parque. O está grabando sus idea en un audio en el baño de un avión. Pudiera ser que no exista y sólo sea producto de una imaginación demasiado pobre ¿Acaso es él el personaje o el escritor? ¿O ninguno?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>