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Nov 12

Adiós, Leonard Cohen.

Me he pasado diez minutos buscando título para este post. Algo que resultase ingenioso y transmitiese la pena que empaña este día. Algo de sus canciones, un título, algún verso. Pero me es difícil concentrarme.

Leonard Cohen, Edinburgh Castle

Este año hemos perdido a Bowie y a Prince y no me entendáis mal, no voy a decir que uno u otro sea mejor o peor, más grande o más pequeño. Los tres han marcado la música actual de una manera o de otra. Pero aquí no os voy a hablar del legado musical o literario, esto no va a ser una oda al a vida y obra. Si queréis leer de eso, tenéis muchos artículos sesudos y obituarios de esos que tienen los periódicos preparados y van actualizando cada mes para estar preparado en caso de muerte prematura de un personaje famoso.

Yo sólo puedo hablar de sentimientos. Y si bien Prince y en mayor medida Bowie, me dio pena la noticia de sus muertes, no puedo comparar, pero ni por asomo, lo que he vivido hoy. De Bowie me gustaba mucho su música, de echo muchos recuerdos asaltaron mi mente con su muerte (el salón de casa de mis padres escuchando “Lets Dance” a toa poya, o el salón de los padres de una de mis mejores amigas viendo un dvd de videoclips de Bowie, por ejemplo), pero nunca conectó conmigo a un nivel como el de la música de Cohen.

No sé exactamente cuando fue, y no os voy a engañar con historias de “recuerdo perfectamente la primera vez que lo escuche blablabla”, pero el primer tema que escuche de Leonard Cohen fue entre los dieciséis y los diecinueve años. Y fue “Suzanne”. No recuerdo como fue, ni como o quién me lo descubrió (puedo imaginarlo, porque en aquella época la gente que me descubría música era muy poca) pero si recuerdo que sentí algo especial. Y que aquella canción me acompañó en muchos momentos de mi vida. Joder, que en aquella época yo era un jevi de las cavernas y lo de las emociones en la música que no fueran violencia, ira y rabia, me pillaba de sorpresa.

No es ningún secreto que siempre me ha costado expresar todo tipo de emociones y que siempre he utilizado la música para intentar explicarlas (aunque casi siempre sea como gritar en una montaña y recibir tu eco) y de repente Cohen entró fuerte en ese repertorio que me permitía expresarme al viento aunque sólo fue para intentar entenderme un poquito más a mi mismo. Hay gente que para conocerse a si mismo se va a la India, otros a Londres y otros nos conformamos con escuchar toda la música que podemos.

Lamento haber podido sólo verle una vez en directo. Fue en el año dos mil doce, cuando contaba con setenta y ocho años y en fin, los que me conocéis seguro que me habéis oído hablar de aquel concierto en más de una ocasión como uno de los mejores conciertos que he visto jamás en mi vida. En aquel momento, cuando compre las entradas, estaba en paro. Las entradas me costaron casi la mitad de lo que estaba cobrando de prestación. No fueron unos meses fáciles económicamente. No me voy a hacer la víctima, estaba viviendo con mis padres en aquel momento, tampoco me quede sin comer por comprar las entradas, pero tampoco pude darme ningún otro capricho en bastante tiempo. Pero si tuviera que decidir ahora… si hiciera falta comer arroz blanco seis meses con tal de vivir aquel concierto, lo haría.

No puedo expresar la felicidad de aquel concierto. No puedo contar con palabras lo que sentí aquella noche. Leonard Cohen nos regaló una parte de su vida, esa era la sensación al salir.

Y bueno, no puedo decir nada más porque ya me está costando recordar aquello.

Gracias, Leonard, por todo lo que nos has dejado. Ve a casa, con tu traje negro y tu sombrero, y olvida el dolor.

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