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Ene 18

El movimiento infinito (pongamos que ando por Madrid)

Hace frío, mucho frío, pero aún así las luces anaranjadas de las farolas se reflejan en el brillo de mi frente. Hace una hora que he salido de trabajar, y me queda casi otra hora y media para llegar a casa. Y me da igual. Cuando sientes que has perdido todo (enfatizo el “sientes”, que no quiere decir que lo haya perdido de verdad) y que el tiempo no es más que otra variable que hay que dejar pasar hasta que en algún momento llegue a una vía cerrada, ocuparlo en moverse de un lado a otro, de la forma más lenta posible, no es tan mala idea.

No tengo nada mejor que hacer, ninguna prisa en llegar a casa para encontrarme otra noche más con mi devota soledad. Llegar a un lugar que por alguna razón ya no puedo llamar hogar.
Andar desde el punto X hasta el punto Y durante casi tres horas, escuchando un programa de radio o algún disco, tampoco es que vaya a llenar ese vacío, pero desde luego que hace que olvide que me espera acechante en las sábanas heladas. Andar se está convirtiendo, poco a poco, en mi única casa.

Madrid

Es bonito andar por el Madrid en el que no pasean los curiosos con cámaras de fotos, en el que aún no ha llegado la burbuja de los apartamentos turísticos. El Madrid que aparece en las plazas con viejos sentados apoyados sobre su bastón, al lado de las bolsas de la compra hecha en el mercado del barrio, el Madrid de niños volando en columpios, ese Madrid en el que la gente se conoce y se saluda cuando se encuentra por la calle, ese en el que las cafeterías no son gastrobares y las barbas se ven sólo en la gente que le da pereza afeitarse. Ese Madrid que parece que ya no existe cuando te mueves por el centro, el Madrid agazapado intentando que no le veamos los que no somos autóctonos, para que no le pervirtamos la esencia.

Aún hay gente que ríe, que va de la mano, niños que juegan despreocupados, padres que van a un mercado donde no hay ningún puesto de cerveza artesanal ni de sushi.
La gente parece feliz en ese Madrid guardado de los ritmos infernales del centro. Y mientras, yo sigo andando para regresar a mi estudio de soltero en el centro, a mi nevera con media lechuga y una lata abierta de maíz, a los libros que ya no caben en la estantería repartidos por todos lados, al termo de agua caliente que no permite más de cinco minutos de ducha, al congelador atestado de sobras, al desorden que no soy capaz de adecentar.

Sólo unos pasos más y podré regresar a mi vida de cómodas raciones individuales, donde podré cenar solo una vez más, viendo la última serie de moda, donde recordaré que no necesito a nadie, que ya no necesito nada. Y me olvidaré de Madrid, mas nunca me olvidaré de andar, para poder descubrirlo cada día.

4 comentarios

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  1. Vértigo

    Me gusta esa visión de madrid, quizás de la ciudad auténtica en la que viven los “madrileños” venidos de cualquier parte. Me gusta esa visión de los paseos.

    1. Santi

      Es una visión que a veces se nos escapa con la obsesión de llegar siempre en el menos tiempo posible a todos sitios.
      ¡Gracias por pasar a comentar! 🙂

  2. ÓscarSejas

    Después de 7 años viviendo solo creo que puedo entenderte bastante bien. También te digo que todo va por rachas…hay rachas que la casa es solo eso, una casa y no un hogar y otras que lo sientes más hogar que nunca…al menos a mí me pasa así. También he tenido rachas de andar mucho, horas cada día, coger varios autobuses, a cada cuál que me dejaba más lejos, por retrasar al máximo posible mi llegada al nido, supongo que en el fondo sólo escapaba de ese momento solitario en que se apaga la música y uno debe enfrentarse a sus pensamientos.

    Y me pasa un poco como a ti en cuanto paso por zonas que no son el Madrid de revista, veo historias en cada persona que me encuentro, historias que no encuentro en otros lugares. Mi barrio es un sitio lleno de historias, por eso aunque pierdo media vida en transporte público en el fondo no me muevo, porque aquí puedo seguir lleno de lo que necesito para escribir, que a fin de cuentas, es algo que me mantiene vivo.

    ¡Abrazos!

    1. Santi

      Es lo bueno y lo malo de vivir solo, porque a pesar de todo esto, no creo que pudiera aguantar ahora mismo vivir con nadie, me acabaría desesperando. ¡Qué difícil todo! Jajaja.

      Y sí, viendo esto de Madrid, por eso siempre que viajo intento perderme un poco saliendo de los circuitos turísticos, siempre supongo que esto no pasa solo en Madrid, y siempre se descubren cosas muy chulis 🙂

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