Abr 02

La terraza

Iñaki abrió la puerta y salió a la terraza. Allí estaba Emma, apoyada en la barandilla, mirando el cielo de Madrid desde un décimo piso.

— Guau, vaya vistas que tiene Nico. Si lo sé salgo a fumar antes.

— Sí ¿eh? — respondió Emma sin desviar la mirada.
Tejados de Madrid

Iñaki se acercó a la barandilla mientras se liaba un cigarro. Cuando terminó y se lo acercó a los labios, Emma le miró ofreciéndole un mechero. Iñaki acercó la cara mientras ella lo encendía. Por un momento la luz del mechero iluminó sus miradas. Iñaki sonrió un momento y Emma volvió su mirada al infinito del cielo sin estrellas de Madrid.

— No has avisado a nadie cuando has salido a fumar. — El tono de Iñaki era claramente interrogatorio, como si quisiera saber algo pero sin atreverse a preguntar mientras miraba, igual que Emma, a un punto indeterminado de los tejados de la ciudad.

— Ya…

A Emma sólo le quedaban un par de caladas. Cogió una lata de cerveza que había posada en la mesa en la terraza y echó el resto del cigarro dentro.

— ¿Te importa que me haga uno de los tuyos?

Iñaki giró la cabeza hacía Emma, que ahora le estaba mirando. “Claro que no”, le dijo, y mientras con una mano sujetaba su cigarrillo, con la otra buscaba en sus bolsillos el tabaco de liar, el papel y las boquillas.

— La verdad es que me gusta más ese que los cigarros hechos — Emma le observaba mientras él sacaba el material.

— ¿Y cómo es que tienes de los normales? — Iñaki preguntaba mientras le acercaba con la mano a Emma el tabaco.

— No suelo fumar, pero hoy me apetecía y sólo he podido encontrar en una puta máquina de bar.

— Vaya…

Iñaki se volvió a apoyar en la barandilla mientras Emma se hacía el cigarro.

— Puedo… ¿puedo preguntarte una cosa?

— Claro — La voz de Emma se distorsionaba con la boquilla que tenía sujeta entre los labios mientras liaba el cigarro.

— Cuando hablamos y te dije que si querías que nos viéramos algún día a solas… ¿Por qué no me dijiste que no directamente?

— Toma — Emma le devolvió el tabaco y mientras se encendía el cigarrillo, volvió a mirar al infinito, suspirando.

Emma exhaló esa primera calada muy despacio. El silencio duró dos caladas más.

— Mira, es que no se que quieres que te diga… — por fin arrancó Emma.

— No sé…

Volvió el silencio. Iñaki parecía que iba a decir algo pero en su lugar volvía a llevarse el cigarrillo a los labios. Durante un par de caladas ambos parecían sincronizados.

— Es que… a ver — comenzó de nuevo a hablar Iñaki — pensé que igual podía surgir algo, no es que quisiera quedar solo por eso, me caes muy bien y tal… pero si no querías me lo podías haber dicho… — Emma cerró los ojos y suspiró — que si hubiéramos quedado solo como amigos, pues guay también, no es que quisiera quedar exclusivamente si fuese a pasar algo, no soy de esos, solo que me pareció…

— Te pareció — le interrumpió — como siempre a todos, te pareció. Joder, tío…

— ¿Qu… qué?

— Ese es tu problema, tu puto problema y el de todos joder. Te pareció, te pareció, creías que, pensaste que.

— No… no te entiendo.

— Que me caías bien joder, pero siempre lo puto mismo, una tía es maja con vosotros y ya os creéis que está flipando con vuestra mierda de cara.

Iñaki fumó un par de veces. Su mano temblaba ligeramente. Su pié empezó a repiquetear en el suelo. Su mirada seguía dirigida al infinito de los tejados de Madrid.

— Pero… pero… — de nuevo Iñaki empezó a hablar, con la voz entrecortada — no es eso, yo… no… ya te digo… no era solo… no era eso… ya te digo que como amigos…

— Como amigos pollas, Iñaki. Como amigos hoy me hubieses saludado al entrar en la fiesta y habríamos estado de risas. Como amigos no hubieras esperado a que estuviera sola para asaltarme con esta mierda, como amigos — la voz de Emma comenzó a quebrarse — te darías cuenta que si no te dije nada es porque me resulta violento e incómodo rechazarte y esperaba que, como amigos, resultando evidente esto, no vinieras a joderme con el tema. Como amigos pollas en vinagre, Iñaki. Quieres lo que quieres y ahora vienes a intentar hacerme sentir culpable a ver si así cae algo. Sois todos puto igual. Amigos y una mierda.

Emma tiró el cigarro al suelo, consumido solo a la mitad, y lo pisó mientras entraba de nuevo en el piso de Nico.

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