Sep 10

Instantáneas V: Madrid, otoño

Vuelvo a escribir un post de la serie instantáneas, de nuevo sobre Madrid. Podéis encontrar los anteriores en Llanes, Madrid, Sonorama y Home.

Este post tiene banda sonora, por si queréis:

Otoño colorido.

Diez de una noche de Otoño cualquiera. Javier corre por las pistas de Canal escuchando un podcast. Le hace sentirse menos solo cuando todos sus amigos tienen otros planes. Pilar sale de casa con falda corta y abrigo largo, en los garitos luego hace calor y aunque empiece a hacer frío no quiere renunciar a estrenar su regalo de cumpleaños. En un restaurante de Malasaña, Luis y Ana hablan sobre banalidades. Se acaban de conocer gracias a alguna aplicación de ligoteo y tratan de decidir si la noche acabará con un beso en la mejilla o en una cama. Xavi, un niño de diez años, salta sobre los charcos en la calle Fuencarral mientras sus padres tratan de llevarle a casa. Mario aparta las hojas naranjas con el pie mientras anda despacio por Plaza de España con su mirada fija en la oscuridad. Carla y Antonio observan la iluminación del Palacio Real, sentados en un banco de Madrid Río, mientras ella le dice que lo suyo no funciona y una lágrima recorre su mejilla. Pablo se resbala con las hojas caídas y mojadas en Alberto Aguilera y nadie se para a ayudarle. Laura espera al calor del puesto de castañas asadas de la Glorieta de Bilbao, apenas lleva un par de días abierto. No se ha podido resistir a bajar a por unas castañas, que le recuerdan a cuando su abuela las hacía en el pueblo. Gabriel y Edu se han dejado abierta la ventana, que da a la Plaza del Dos de Mayo. Javi y Luisa escuchan desde una de las terrazas, bajo una seta calefactora, el rechinar de los muelles de la cama y sus gritos mientras se toman una cerveza. Sandra sale de los cines Renoir y atraviesa la Plaza de los Cubos mientras suspira. María ve pasar la Plaza de Chamberí apoyada en el cristal del autobús 147 mientras escucha por sus cascos Los Días Fríos de Deluxe y recuerda las tardes de verano comiendo pipas allí con Néstor. Néstor espera en la Joy Eslava a que empiece el concierto de un grupo con nombre impronunciable, que lleva ya media hora de retraso, y se dice a si mismo lo que odia que los conciertos empiecen tarde cuando va solo. A su lado, a Henar y Julia parece no importarles, aprovechan para subir un “selfie” a la historias de Instagram. Sandra sale del baño por segunda vez rascandose la nariz. Pedro y María pasean de la mano por la Calle Arenal mientras se dirigen a Sol, donde se despedirán cuando cada uno coja su camino. Rubén sale de la estación de metro de Las Tablas y el viento casi le tira de espaldas. Saca su teléfono para orientarse hacia donde tiene que ir para encontrar la nueva casa de sus amigos, donde le esperan. Luis rompe a llorar en Gran Vía rodeado de gente que pasa por su lado sin inmutarse. Fabio está deseando terminar de recoger las mesas y sillas de la terraza de un bar de la Casa de Campo mientras se le hielan las manos cada vez que toca el metal de una de ellas. Tomás fuma un cigarrillo por la ventana viendo a las parejas que pasan por la Calle Génova, encongiendose de frío, mientras mira de reojo su teléfono esperando un mensaje que sabe que nunca va a llegar. Nico se bebe su primer cubata de whisky en el Parque del Oeste con sus nuevos compañeros de universidad. Julia y Rober desaparecieron del grupo unos minutos antes. Están cerca de allí, bajo un árbol que ya es marrón, con la luz del Templo de Debod llegando turbia, mientras se meten mano sin importarles la humedad que les rodea en el césped y les empapa la ropa. Carlos les observa desde detrás de unos arbustos.
Las hojas caen por toda la ciudad sin dar tregua a los turnos de limpieza a recogerlas. Caen, otro año más, otro otoño más, para que los románticos tengan de que hablar, para que los nostálgicos del verano puedan sentirse mal agusto, para que los escritores puedan volver a las manidas metáforas sobre el suelo cubierto de hojas antes vivas.

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