El Equilibrio es Imposible

“Qué felices, qué caras más tristes”

El pasado jueves volví a ver a Iván Ferreiro. Es, posiblemente, el artista que más veces he visto en directo. Y volvió a tocar algunas canciones de Piratas, grupo del que era cantante. Esta vez recuperó Fecha Caducada, El Equilibrio es Imposible y Años 80. Y como siempre, he acabado una vez más, añorando a Los Piratas, con esa melancolía del que los descubrió tarde y los disfruto casi de manera “postuma”. Y como siempre, la melancolía no viene solo de las canciones de Los Piratas si no de lo que fueron en mi vida.

Siempre digo que el grupo que más me ha marcado en la vida ha sido Standstill. Y es cierto, porque me marcaron desde los veinte años que los descubrí. Pero entre los diecisiete y los veinte, mi vida la definieron Los Piratas. Y si no se hubieran separado, quizá Standstill hubiera quedado en un segundo plano.


“Tengo el corazón lleno / de moscas que se mueren / ardiendo en un cajón / con mi cabeza y un martillo.”

Pero esto está ya más que contado para cualquiera que me conozca. Hoy lo que os quiero contar es como ese disco con el que me enamoré de Iván Ferreiro y su troupe, Ultrasónica, me sigue definiendo casi veinte años después.

Tuve la inmensa suerte de que aparecieran unas fiestas de Fuenlabrada, mientras giraban con Ultrasónica. Había escuchado de ellos las típicas. Mi Matadero Clandestino y Años 80. Me gustaban, cuando salían en Canal 7 o Sol Música, siempre me quedaba escuchándoles, nada más. Y aquel concierto me explotó la cabeza. Algo que me ha pasado solo con ellos y con los ya comentados Standstill en aquel Festimad. Al día siguiente, gracias a la Tienda Tipo de Fuenlabrada, estaba escuchando en casa los CDs de Ultrasónica + Sesiones Perdidas y el de Fin De La Primera Parte. El Fin… era fascinante, sobretodo por algunas canciones que me siguen persiguiendo (ejem ejem, M, ejem ejem, Te Echaré De Menos), pero Ultrasónica me hablaba de una forma que jamás me había hablado un disco. Y el añadido de Sesiones Perdidas con las caras B… nunca, nunca jamás había escuchado algo parecido.


“que el equilibrio es imposible cuando vienes / y me hablas de nosotros dos / no te diré que no / yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo”

Las putas treinta y siete canciones hablaban sobre mi. ¡Todas! No me lo podía creer pero así era. Y dieciocho años después, el puto disco sigue hablando sobre mi. Es difícil de creer hasta para mi, pero es así. ¿Y esto qué quiere decir? La respuesta a esa pregunta igual me da un poco de miedo.


“¿Qué puedo hacer, si ya estoy muerto y sobra el tiempo?”

Y si has llegado leyendo hasta aquí, pues aquí es donde está la chicha de lo que quería decir. La primera y obvia respuesta es que las canciones de Ultrasónica son atemporales, ageneracionales y juegan dentro de los sentidos que tienen. No está muy lejos de la realidad. Cuando les escuchaba con mi reciente mayoría de edad ya lo pensaba. Sus canciones se pueden interpretar de tantas maneras, que es difícil que alguien no se sienta ni un poquito identificado con ellas. No son canciones fáciles y, quizá por eso, hace fácil que cualquiera las haga suyas siempre. Y seguramente mi interpretación de cada una de ellas dista de la interpretación que puede hacer cualquier otra persona.


“y las cosas que más me gustan / siempre me hacen llorar
Mi infancia ha sido tan larga / que nunca acaba de terminar
y sigo buscando algo / que me divierta de verdad”

También está la otra respuesta. La que da miedo. No he evolucionado desde que tenía dieciséis años. No me identifico por nostalgia, me identifico porque sigo siendo igual que en el año dos mil cuando era un adolescente gilipollas. ¿Qué miedo, no? Que hayan pasado veinte años y estar en el mismo sitio que entonces. Lo que más miedo me da es que, en el fondo, sé que esta es la respuesta correcta. Vale, sí, decir que soy el mismo es exagerar mucho. Ahora soy independiente. Aunque viva en un espacio poco más grande que el cuarto que ocupaba en casa de mis padres por aquel entonces. Pero me veo en las mismas situaciones y con las mismas mierdas que entonces, sigo cantando “Inevitable” a gritos en mi casa como lo hacía en aquel cuarto. Mientras, veo que a mi alrededor todo ha cambiado. Todo el mundo “se ha hecho mayor” y está lejos de donde estaba en el cambio de milenio. Todo el mundo menos esa persona que aparece en el espejo.


“y sigo convencido / y sé que es por ahora / que ya no es tarde / dime que no…”

Un tsunami ha barrido todo lo que tenía a mi alrededor y en la playa ya solo quedan los restos de algunas cosas, a las que me aferro, que agarro fuerte, tan fuerte que quizá a veces lo que quieren es huir. Y con los restos de los naufragios que trajo el tsunami, no sé qué hacer, no sé que son, no sé para qué sirven.


“No hagas que me arrepienta / Traicionaría lo que llevo dentro sin dudar”

Y sí, como siempre que escribo, esto es una exageración, es una forma de escupir las cosas que no se explicar cuando alguien pregunta ¿qué tal? y al plasmarlo siempre queda más grave que lo es en realidad. Da igual, no importa. Cerraré el procesador de textos, me iré a dormir, mañana será otro día normal en el que no me pasará nada malo, y tampoco nada bueno. Llegaré a casa y volveré a abrir otra hoja en blanco para vomitar lo que quiera que sea que me esté pasando por la cabeza, ¿qué será la chispa de la próxima diatriba? ¿Otro concierto? ¿Algo que veré por la tele? ¿Una película? ¿Una frase lapidaria del libro que me estoy leyendo? Da igual. Todo seguirá igual. Pero sigo convencido, que ya no es tarde. Dime que no.


“yo no insistiré / quizás esté asustado
creo que podría liberar este dolor / lamento / no entender…”

1 comentario

  1. Para empezar, no es tarde. Claro que no lo es. Y para continuar, cuando dices «Todo el mundo “se ha hecho mayor”» no es tan cierto. Cada uno tiene sus cosillas que solo uno sabe. Puede que siempre te sientas identificado con el disco y que no sea nada malo.

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